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31 agosto 2009
Un payaso en el aparcamiento de un motel
5 agosto, Bar Harbor, Maine, Estados Unidos: A las 11 de una noche cerrada aparece un payaso en el aparcamiento del motel a la entrada de Bar Harbor, un pequeño pueblo en la costa de Maine. Aparece solo, en silencio y en medio de una oscuridad sólida, sin luna ni farolas; anda con movimientos lentos y con un rumbo indiferente; se limita a vagar por el aparcamiento con una sonrisa tan enigmática como su presencia en ese lugar.

Bar Harbor está situado en el parque nacional de Acadia, a los pies del monte Cadillac, orgullo de los paisanos y cuyos modestos 466 metros lo hacen el pico más alto de la costa Este de Estados Unidos. De la costa en sentido estricto, puesto que está sobre la misma orilla del mar. A cambio de su escasa altura ofrece una vista panorámica de 360 grados del bosque y las desnudas rocas calizas a sus pies, del océano y sus -pues fueron de su propiedad- islas colindantes, ya que está en el centro de una pequeña península de origen glaciar, como sus habitantes. La puesta de sol sobre la Bahía de los Franceses es el momento álgido del programa de vacaciones en que los turistas se dirigen en tropel a la cima. Es un turismo organizado espontáneamente, familiar y respetuoso con los protocolos propios del visitante de la naturaleza, sin más ambición que olvidar durante un rato su orfandad de lo natural. Hay un centro de información que cobra la entrada e informa de senderos, vistas panorámicas y atracciones, pero no interpreta el parque, más por costumbre de austeridad protestante que por falta de modernidad. Un voluntario solícito, vestido y con aspiraciones de ranger, ofrece una larga encuesta para medir la satisfacción del visitante. El cuestionario comprende respuestas tasadas, sobre y sello para evacuarlo. Cumplido el atardecer por el sol con puntualidad lacónica, la turba se retira disciplinadamente a cenar la célebre langosta del lugar y pasear por las cuatro calles del pueblo y el puerto de postal. El guión se repite sometido sólo a los cambios de las estaciones.

El motel está en la carretera de acceso al pueblo, a la derecha y a dos manzanas de la iglesia, lo suficientemente cerca para formar parte de él y lo suficientemente apartado para ser motel. Es un motel modesto, limpio, con habitaciones amplias y mal iluminadas, con un aparcamiento despejado, sombrío y útil, y una falta de personalidad que permite disfrutar del anonimato y resolver con eficacia el expediente de pasar la noche, las dos cosas más buscadas por los usuarios de este tipo de alojamiento.

Sólo cuando la procesión turística se ha congregado en el pueblo, devolviendo la desolación a los alrededores, es el momento en el que aparece el payaso, escondiéndose más que exhibiéndose, con una remota vergüenza por mostrar un aspecto tan excéntrico en un lugar sometido a un orden tan previsible. Al cabo de un rato desaparece el payaso y encuentro el disfraz sobre el mostrador de la minúscula oficina de recepción. El motel lo llevan un hombre y una mujer jóvenes, más cerca del matrimonio que de la pareja. El marido tiene aspecto de patán pacífico y educado por el trato con el turismo; no es de los que pegan a su mujer cuando pierde su equipo de béisbol. Es la mujer quien justifica, más que explica, que es ella quien se ha vestido de payaso para ensayar ante la próxima fiesta de cumpleaños de su hijo. Habla del acontecimiento con una devoción tranquila, sin resignación ni propósito de utilizarlo como refugio de su inevitable y querida soledad, con una mezcla de seguridad y conocimiento que lo hace exclusivamente propio, imposible de descifrar por cualquiera que no sea ella. Mientras habla mantiene la misma sonrisa ausente que tenía el payaso. Una breve cicatriz en forma de humilde cordillera recorre su lado izquierdo de la cara, junto a la comisura de los labios, convirtiendo su frecuente sonrisa en una cálida mueca de complicidad involuntaria con el interlocutor. La historia que cuenta con tanta amabilidad como certeza de no ser comprendida va aclarando el enigma del principio: hace tiempo que el pueblo, donde nació y de dónde no ha salido, no es su jurisdicción. Sigue viviendo ausente en él, sin intención alguna de salir, porque la mera pretensión de hacerlo pondría en evidencia reproches que no siente ni quiere hacer y le haría insoportable su autismo, obligado a reproducirse en otro decorado. Al fin y al cabo, la tranquila seguridad que transmite esta mujer sólo puede darse en un medio tan ajeno a ella como es su pueblo. Su cordialidad es una invitación cómplice al forastero a estar de paso, como vive ella misma. Como en una indeterminación matemática, su figura es sólo un concepto, para delimitar resultados incomprensibles. Sólo pretende que no se la interprete.

(Escrito por Bartleby)

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30 agosto 2009
Lengua




Quim Monzó me parece un estupendo escritor de artículos periodísticos. Soy más crítico con sus libros de cuentos, aunque suelan ser siempre un éxito en Cataluña. Es harto conocido su pesimismo sobre la salud de la lengua catalana del que suele lamentarse a la menor oportunidad. Este artículo es un buen ejemplo:

Mirando el 'Telenoticies' (pdf)

Me serviré de sus reflexiones para exponer las mías y sostener que sí existe conflicto lingüístico en Cataluña (aunque no me atreva a apuntar su grado de intensidad en la escala de Pompeu i Fabra). Puede que sean los políticos entre ellos quienes más aviven las llamas de esa contienda, pero en cuanto se abre la veda de las opiniones las posturas de los ciudadanos de a pie son tan antagónicas que no hay manera de acercarlas.


“Joan Solà, Premi d'Honor de les Lletres Catalanes…//… Tuve el gusto de conocerlo hace unos años, para preparar un acto que se celebró en la Universitat de Barcelona y en el que, desde su saber y mi observación callejera, hablamos de la repugnante situación de la lengua catalana.“


(Calificar la situación de la lengua catalana de repugnante me parece una desmesura que supera incluso la aseveración de que “el castellano corre peligro en Cataluña”.)

“Antes, compartimos una paella en El Racó de l'Agüir y quedé enamorado de su educación, de su inteligencia, de su naturalidad, de su falta de afectación….//…. Ayer, en las entrevistas, Joan Solà –antítesis de todo radicalismo– hablaba del odio secular hacia el catalán, del uso y de la dignidad de la lengua, del fracaso de las políticas lingüísticas de los diferentes gobiernos de la Generalitat.“

(Por aquellas fechas Joan Solà intervino en la Junta de Portavoces del Parlament de Catalunya y dejó una muestra imperecedera de esa mesura que mencionaba Monzó. Dijo el buenazo de Solà: ““El pueblo, el individuo y la lengua es lo mismo. La lengua es espiritualmente tan fuerte como la sangre”. En una reciente entrevista, el moderado Premio de Honor de las Letras Catalanas opinaba que las comunidades humanas eran esencialmente rivales y por tanto concluía que “aquí hay una rivalidad entre Cataluña y España que hace la convivencia muy difícil porque España es una entidad fundamentalmente militar, totalitaria, intransigente con la diversidad y no queremos estar sometidos.”)

“Todos esos a los que ya les va bien que el catalán agonice dirán: “Ya están otra vez los catalanufos con sus rollos...”. La prueba de que el análisis pesimista del optimista Solà es exacto es que, en ese mismo Telenotícies en el que anunciaban su Premi, pasaron un reportaje sobre las pruebas de selectividad que se habían celebrado por la mañana. Como cada año, nos explicaron que a los alumnos la prueba de catalán les pareció dificilííííísima. Tengo para mí que sólo les parecerá aceptable el día en el que no exista. Fíjense, si no: de los tres estudiantes que en ese Telenotícies entrevistaron apropósito de la prueba, sólo uno contestó en catalán. Los otros dos hablaron en castellano, quejándose de que les hubiesen puesto un poema de Yusep Carner. “¡No habíamos hecho ningún comentario literario así, en catalán...!”, se quejó una de las entrevistadas, sin inmutarse. He ahí, en una imagen y unas cuantas palabras, el resumen de la tan cacareada política de Normalització Lingüística: gente a la que aprueban de catalán sin que sean capaces de expresarse en ese idioma. ¿Me darían a mí el Proficiency si no fuese capaz de expresarme en inglés? Vaya mierda de Govern y de oposición, francamente.”

(En Cataluña emiten un programa en TV3 que se llama “Els Matins”. Lo dirige el excelente periodista Josep Cuní. Si alguien lo conoce habrá comprobado que cuando entrevistan o charlan con alguien suelen hacerlo en catalán. Pero nunca he visto que exijan a los entrevistados que contesten en esa lengua. Ellos preguntan en catalán y las respuestas son en castellano o catalán dependiendo del libre albedrio del interlocutor. Josep Cuní suele cambiar con naturalidad al castellano cuando comprueba que la otra persona no le entiende. Monzó considera que el catalán ha de ser la lengua de uso obligatorio en Cataluña para contestar a las preguntas que alguien te haga por la calle. No debe existir el libre albedrio. Y ya puestos, ¿por qué no sacar conclusiones que apuntalen su pesimismo sobre la repugnante situación de la lengua catalana? Dice Monzó: “gente a la que aprueban de catalán sin que sean capaces de expresarse en ese idioma”. Es justo lo que les comentaba sobre la imposibilidad de argumentar con un mínimo de rigor cuando entra en liza el asunto de la lengua. Veamos la conclusión del cuentista: si en Cataluña una entrevistadora te hace una pregunta en catalán y tú le contestas en castellano es que no sabes catalán… ergo fracaso total de la política de normalización lingüística. Tremendo. Ya ven que no he tenido que recurrir a ejemplos de políticos para sostener mi teoría del conflicto latente.)

(Escrito por Goslum)

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29 agosto 2009
MacRory's, Great Horton, BD7 1DP


Ray (de Raymond) Quick-hand MacRory es un escocés de algo más de cincuenta años, bajito y pelirrojo, que antes de pub-owner fue guitarrista en un grupo de escasísimo éxito llamado The Sesquipedalians. Cuando le pregunté la razón de tan curioso nombre –el término se aplica a una palabra larguísima o a algo muy coñazo–, me contestó sin inmutarse: “I was the tallest of the band…” y siguió tirando la pinta de “Directors” que, poco después, descansaría en mi estómago tras hacer una ligera parada en el paladar. Su pub se llama, curiosamente, MacRory’s y ocupa el sótano del minúsculo Beechfield Hotel. Si logras bajar sin mayores tropiezos los escasamente iluminados doce escalones de arenisca desgastada, toparás súbitamente con algunas espaldas y una vaharada de humos diversos. En no más de cincuenta metros cuadrados, casi a escala con el propietario y sin otra iluminación natural que la de dos pequeños tragaluces con unos cristales casi opacados por una mugre arqueológica, coexisten pacíficamente la barra en L, con una casi impenetrable entrada a los servicios a su derecha, ocho toscas mesas de madera oscura con bancos corridos y un pequeño escenario donde las noches de jueves, viernes y sábados se toca “live music”. El local está muy cerca de la Universidad por lo que es frecuentado, a más de por ex-hippies y rockeros coetáneos de Ray, por múltiples alumnos continentales que pasan en Bradford su año Erasmus. Ray es particularmente atento con los españoles y, de vez en cuando, les pide un Ducados que es el único tabaco hispano que parece conocer. En el verano del 77, The sesquipedalians recorrieron on tour algunas localidades de la Costra Brava más turística, tocando en los hoteles tomados por los british; desde entonces, Ray ama el Ducados, el Rioja y el chocolate marroquí. Conserva, además, dos viejas casettes de Triana (El Patio e Hijos del Agobio) que, si se siente bien y hay poca gente, puede ponerte a media tarde cuando la luz amarillenta de las farolas de Great Horton comienza a adivinarse detrás de los tragaluces con cataratas.

(Escrito por Protactínio)

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28 agosto 2009
Cuando era más fácil morir

Dios está sordo hoy y no se digna escucharnos
y las oraciones no tienen poder sobre la plaga
(Piers Plowman, Langland, ca. 1360–1387)


Si usted tuviera la oportunidad de ser otro yanqui en la corte del rey Arturo...

-¿Y por qué yanqui, y para qué quiero yo ser transportado allí, y cómo se podría hacer eso, y por cuánto tiempo, y en qué condiciones...?
-Bueno, digamos que es usted un panocho en la corte de algún rey medieval...
-¿La corte? ¿Por qué la corte? ¿No sería más cómodo un poderoso monasterio o una casa de ricoshombres? ¿Tendría que aguantarme con lo que hubiera o podría llevar equipaje? ¿Me suscribirían un seguro de churrasco por brujo o un plan vacunal completo de plagas y guarraditas varias?
-Oiga, cállese un poco, encima que le mandamos de crononauta a experimentar sensaciones fuertes... si es que algunos nunca están contentos...

… bien, corrijamos, es usted teletransportado a un punto determinado en el tiempo Y SÍ: SERÁ VACUNADO Y ASEGURADO Y PUEDE LLEVARSE SU JODIDO IPOD A DONDE LE SALGA DE LAS NARICES PERO DEJE DE DARME PATADAS EN LA ESPINILLA entre la jubilación forzosa de Rómulo Augusto y los saqueos de Bizancio y Granada.

-Pero así de largo para elegir... que no es lo mismo la Alta que la Baja Edad Media... eso sí, violencia “aleatoria, salvaje y catastrófica” había en abundancia y exceso; entre guerras, represiones, ataques contra las minorías, conflictos inter pares y asaltos varios y tal y tal... mire, lea lea: “la gente en la Edad Media vivía en un estado de perpetua inseguridad y constantes actos de violencia de todos tipo”, y lo dice Marc Bloch...
-Desde luego no es que reinara la Pax Augusta...Bien claro lo tenía aquel monje de Rávena, que a la destrucción del Imperio Carolingio murmuró que “cada hombre a partir de ahora solo confiará en su espada”. La violencia era parte de la economía: la aplicaban los caballeros para extorsionar a los pobres y a los débiles, la usaba el forajido para vivir a expensas de sus víctimas, la empleaba cualquiera que creyera poder salirse con la suya para conseguir lo que le apeteciera en ese momento -fuera un plato de comida, un virgo infantil o una zamarra de piel- y la empleaban los vengadores de los crímenes y los dirigentes locales, que no dudaban en importar ajusticiados para sus fiestas señaladas a modo de público espectáculo. Las masas de gente estaban tan insensibilizadas ante la exhibición diaria que presenciaban o sufrían que mostraban un desprecio casi animal ante el dolor y el sufrimiento propio o ajeno, presumían de su encallecimiento y aun de sus autorías en los asesinatos de inocentes. Cuanta más embrutecida la masa, más brutales los castigos, y si a un ajusticiado se le sacaban los pulmones rompiéndole las costillas y se le colocaban en la espalda a modo de alas (el “castigo del águila”) en castigo a un crimen atroz (como un parricidio) tal vez se consiguiera estremecer a los espectadores, pero los habituales cortes de miembros varios, despellejamientos, destripamientos y castraciones por delitos menudos no pasaban de provocar la burla y el desprecio, y de proporcionar a los chavales material para jugar a la pelota o embromar a las chicas tirando a sus haldas los despojos de la carnicería, sobre todo si había sido capado.
-No sólo me preocupa que en mi viaje temporal acabe en medio de una bronca, sino aparecer en medio de una de las oleadas de la peste que cruzaban Europa una y otra vez a partir de 1347. Porque por mucho que me asegure que estaré vacunado, no puedo obviar que ciertos epidemiólogos aseguran que las cepas originales de Yersinia Pestis mutaron y se hicieron menos virulentas con en tiempo, o sea que puede que mi inmunidad con las variantes actuales no sirviera de mucho con unos bacilos recién desembarcados en Mesina
-Pues fíjese, iba precisamente a proponerle que viajara usted a esa franja temporal para apreciar cómo se hundía todo un concepto del mundo. Porque si algo distingue a la Alta y la Baja Edad Media es la crisis demográfica y productiva que se empieza a gestar en el s XII y es resuelta radicalmente por la Muerte Negra.


Tras la caída del Imperio Romano, la desbandada desde las ciudades desabastecidas hacia el campo y la recuperación de la población, junto con una climatología de bonanza (Periodo Templado Medieval) y la dieta basada en el cereal panificable, conlleva que para finales del XI casi toda Europa esté roturada y cultivada, quedando libres solo algunas zonas boscosas en las montañas alpinas y el corazón de Germania. Se cultiva cualquier parcela por lejana y mezquina que resulte, y se cultiva trigo, mucho trigo y cebada, aunque no rindan nada y apenas se cosechen dos granos por cada uno sembrado. Esta época es llamada también la Edad Dorada de la Agricultura. Pero hacia el s XII el modelo agrícola no da más de sí, la población excede a la producción (a pesar de las tasas de mortalidad), se acaba el periodo templado y empieza una pequeña era glaciar de apresurado debut: las ocasionales hambrunas se vuelven cotidianas y generales, el sistema cerealista monopolista entra en crisis, y justo cuando empiezan a sentirse los signos generales del desastre (por ejemplo la insurrección del litoral flamenco de 1323 a 1328) llega el jinete amarillo sobre la pulga de la rata que huye del hambre y el frío. Cuando veinte años más tarde los supervivientes miren a su alrededor entre las ruinas y escriban el Libro del Día del Fin del Mundo, muchas cosas habrán cambiado: ya no se conformarán con lo que venga, ya no serán mansos rebaños. Los vivos querrán disfrutar de la vida, tener lujos, finos tafetanes y hermosas sedas, y comer y beber hasta hartarse, y basta ya de tanta gacha que hay dinero en la bolsa. Los sueldos agrícolas subirán por la falta de mano de obra y muchos dejarán el ingrato campo para trabajar en los talleres recién abiertos y se harán artesanos para vender a los ansiosos compradores; las ciudades deberán buscar nuevas fuentes de financiación (producciones) y competir en mercados muy agresivos y globalizados; los terrenos más pobres se destinarán a pastos o serán abandonados, se cultivarán otros vegetales más adecuados a cada trozo de tierra y se inventarán nuevas técnicas. La dieta será más variada y los productos animales más accesibles (el porcentaje de proteínas en la dieta se duplicará tras la peste). Cuando los religiosos prediquen la castidad, la moderación y la abstinencia, el pueblo llano se reirá en sus narices y les recordará que Dios no les protegió de los bubones, y que ellos y los obispos y los nobles y los reyes morían de forma espantosa igual que los seglares pecadores. Se rezará menos y se buscarán más soluciones prácticas, y aunque en nuestros días nos parezcan risibles las mascaras de pájaro de los médicos de la peste y los horóscopos de las miasmas, en aquella época ese era el estado más avanzado de un paradigma científico que pataleaba en la Sorbona y en Salerno, y a cuyas cátedras escuchaban con atención los regidores de las ciudades, responsables de la salud pública. El ascendiente que podía tener la Iglesia para invocar una Pax Ecclesie o una Treuga Dei se esfuma y todo vale, puesto que lo mismo da ser bueno o malo, Dios está ausente y el Infierno abre las puertas para todos. La violencia comunitaria que fermentaba en las hambrunas previas se extiende por todas partes, y la ignorancia sobre la verdadera causa de las epidemias hace que se busquen culpables por todas partes. El extranjero, el raro, el distinto, son acusados de provocar la ira divina con su sola presencia contaminante o directamente como envenenadores de pozos y comida. Los tolerados son ahora exterminados, sean judíos, moriscos, supuestas brujas o probados paganos. Las ambigüedades en la identidad son demoníacas, la originalidad maligna, la divergencia execrable y cualquier escape del arquetipo una disonancia que atraía la Ira de Dios sobre toda la comunidad. No es extraño que uno de los libros más dañinos de la historia (junto con los aborrecible protocolos), el Malleus Maleficarum, sea escrito en 1486 en una Alemania que convulsiona en fiebre y estallará en revuelta de Münzer de 1524. La élite dirigente, una vez más, había venteado el peligro de terremoto, y sus intelectuales orgánicos intentan poner el mundo en vereda y que todo siga igual (o sea, ellos en el machito y los demas a agachar la cerviz). Y fueron tan eficaces en el empeño que hasta el s XIX no se volvieron a mencionar los derechos de los campesinos, atornillados a la voluntad de los príncipes por la consigna dada por Lutero de “pasiva sumisión a la autoridad” que justificaba cualquier represión

Scriptorium

Un espejo lejano. El calamitoso siglo XIV. Bárbara W. Tuchman. Círculo de Lectores, 2001 (ed. original 1978)

Chivalry and Violence in Medieval Europe. Richard W. Kaeuper. Oxford University Press, 2001

Feudal Society, Volume 2: Social Classes and Political Organization. Marc Bloch, L. A. Manyon. University Of Chicago Press, 1964

Las crisis de la Edad Media

Piers Plowman

Revueltas Campesinas

(Escrito por Mandarin Goose)

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27 agosto 2009
Cuatro estampas
I

A José le avergonzaba hablar de todo aquello. Una fotografía con tres quintos sonrientes, mosquetón en mano, uniforme raído y unas pobres alpargatas era la única imagen que toleraba. El trío de la pólvora. Al final de su vida se atrevió a contar algo. En una ocasión, tras una larga caminata, el oficial al mando dio el alto. Pernoctarían allí mismo. Estaban todos tan cansados que no pudieron más que echarse al suelo. A lo lejos, unas voces que no entendieron y, poco después, un intenso centelleo. Alguien cayó. Respondieron entre insultos y juramentos, a ciegas. Al amanecer, descubrieron que el enemigo pertenecía a la misma compañía.

II

María, por el contrario, desgranaba entre lágrimas lo ocurrido durante aquellos años. La ciudad se había convertido en un infierno a pesar de que aún contemplaba con agrado las puestas de sol entre los naranjos. Bastó con que un par de milicianos hiciese algún comentario al verla tan joven y lozana para que su familia la escondiese. De poco servía que su hermano Vicente tuviese un buen cargo en el sindicato: las inspecciones se repetían con frecuencia y apenas dejaban nada en la casa. Escondida tras el armario, escuchaba una y otra vez las mismas preguntas y respuestas. Su padre negaba, esgrimía alguna excusa, nunca alzaba la voz. Después, cuando la puerta se cerraba, oía sus sollozos. En más de una ocasión, al salir, vio cómo guardaba el hacha.

III

Antes de que Yuki pasara a llamarse Hsue-Tzu, su familia decidió enviarla al sur. Tras la toma de Manila, los aliados no tardarían en bombardear Taipei. Apenas quedaba tiempo. El hermano de su padre estaba al tanto y se ocuparía de todo. Viajarían a pie, a lo largo de la carretera que atravesaba la isla. Con un poco de suerte, en una semana se encontrarían a salvo. La peripecia apenas ha dejado algún recuerdo: sed, cansancio, el aliento de una criatura que cargó a la espalda, una mano apuntando al cielo, gritos de alarma, el temblor del suelo bajo los aviones, las risas de los pilotos en vuelo rasante y el crepitar de las cigarras.

IV

Las noticias eran cada vez más preocupantes: no habían venido a liberarlos. Quienes aguardaban en el muelle la llegada de un ejército victorioso tan sólo pudieron contemplar una turbamulta de soldados harapientos dispuestos a todo a cambio de un puñado de arroz. Yenpo, aún con su uniforme de cadete imperial, aguardaba con sus compañeros en el aula. No hubo discursos ni arengas ni tampoco una mala consigna: abrieron fuego de inmediato, con desgana. El joven se parapetó tras un cuerpo. El oficial ni siquiera pensó en rematarlos. Horas después, ya de noche, a tientas, dio con un amigo que también se había salvado y se encaminaron desnudos hasta sus casas, campo a traviesa. Al cabo de unos días, Yenpo mudó en Yuanfang.


 
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26 agosto 2009
Nunca revises los neumáticos si sales de vacaciones…salvo que quieras convertirlas en un parque temático (y II)
Resumen de lo publicado anteayer: Acuciado por una especie de débito conyugal hacia el Nickjournal, un sujeto cuenta sus dudosas e inesperadas vacaciones con no menos dudoso estilo y en dos entregas, buscando tanto la intriga como la economía, que el verano y las obligaciones no dan más de sí. Ésta es la última, en la que el final suple al desenlace.



El bar, curiosamente, no estaba despoblado. Una corta y variopinta fauna, reunida allí por el mismo descarnado azar que si les hubiera llevado a mejor sitio lo hubieran confundido con buena suerte, ocupaba sin entusiasmo pero con bebidas y tapas rancias buena parte de las mesas. En una de ellas, con las esquinas del tablero de raylite levantadas dejando el aglomerado y su fe a la vista, estaban sentadas un par de monjas negras y jóvenes acompañadas de un tipo de mirada decidida y pinta de cura de paisano. Tenía el aspecto implacable de los que no te ayudan a subir la maleta al altillo del autobús de línea porque creen tener un destino manifiesto al que servir de inmediato con una metódica compulsión que les salve del riesgo de toda duda. Estaban los tres tiesos como palos ante sus tazas de café con leche ya agotadas y guardaban un silencio más aburrido que contemplativo, desprovisto de toda intriga. De todo ese montón de datos y como el día había sido espeso no pude deducir más que las monjas no eran irlandesas. Aparqué mi perspicacia en otra mesa con la intención de saciarla con una copiosa y típica cena mientras falcaba la pata de la silla con una servilleta de papel doblada en ocho para evitar que el balanceo pudiera parecer obsceno. Al levantar la vista me topé con un sujeto muy pulcro que ocupaba la mesa vecina y leía con devoción un libro encuadernado con pastas antiguas que se titulaba Manual para aprender a escribir a máquina en 3 semanas. No llevaba gafas de concha ni tenía pinta de oficinista psicópata ni se sometía a ningún otro guión previsible, pero resultaba tan ajeno a todo lugar que dejaba a este bar más anacrónico de lo que ya era. Con gestos secos y rápidos y un pulgar bañado en saliva pasaba las páginas del manual con una familiaridad que demostraba llevar más de tres semanas dedicado a tan noble empeño. Lo hacía con la misma fruición con que pasamos los días de vacaciones.

La víspera de esa página había empezado yo las susodichas con una visita a una supuestamente exclusiva playa de Levante sitiada por un campo de golf, un parador nacional y la suciedad ácida del mar procedente de los desagües de los barcos que llegaban al cercano puerto. Habían pasado los tres días de riguroso y sofocante poniente que ofrece todo verano que se precie y era el primero en que el viento giraba hacia el piadoso y habitual levante, con tanta decisión que se había transformado en una marejada disuasoria del baño. Las olas habían arrojado montada en su espuma verde a una dorada de buen tamaño cuyas escamas ya estaban grises y opacas al quedar varada en la orilla. La indolencia de los escasos paseantes al pasar a su lado remató su débil esperanza de ser devuelta al agua y sólo las gaviotas que planeaban sobre el festín daban señales de vida en un paisaje que parecía detenido bruscamente por una vieja y terminante orden de rutina. En ese solar en el que los bañistas se habían petrificado como postes indicadores de la desgana vacacional, una gaviota empezó a picotear el pez con vergüenza, mirando nerviosamente de reojo a ambos lados como si temiera ser detenida por comportamiento indecoroso. Y algo de indecente había en la saña con que empezó a aplicarse sobre la cabeza del cadáver, primero alrededor del ojo, después con una ambición no exenta de elegancia desde su torso rígido y el cuello como martillo neumático. Fue en ese preciso momento cuando decidí salir en busca de parajes menos carnívoros, sin saber que la mecánica del automóvil moderno me llevaría a conocer otros comensales no menos voraces.

(Escrito por Bartleby)

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25 agosto 2009
Esto marcha

En algunos sitios raros, como Europa, se prohíbe la publicidad -que no la venta- de bebidas alcohólicas con un contenido etílico superior a 20 grados, y de tabaco del que se expende legalmente en el estanco y en los bares. En algunos sitios todavía más recónditos, como Noruega, también prohíben la publicidad de casas de apuestas. De casas de apuestas legales.

A mí, la verdad, me parece bien. Aunque poco. No sé por qué se permite la publicidad de cerveza, por ejemplo. ¿Acaso es buena para la salud, la cerveza? ¿Es recomendable el consumo de cerveza? ¿Sugeriría Vd. a su hijo de ocho años ponerse tieso con tres litritos de Mahou el viernes por la tarde, que no hay como nada que hacer? Pues a tomar por culo, hombre; que está el niño viendo la tele y llegan los ácratas estos a meterle malas ideas en la cabeza.

Y los champús, champúes o champuses, ¿se van a ir de rositas? Todos sabemos lo que hacen los fabricantes de cosmética con los monos, los hámster y los conejitos. Fuera los champuses. Fuera la pasta de dientes. Fuera las tangagirls. Y las lentillas desechables, los microenemas y el Hemoal, que las farmacéuticas son el demoño.

¿Qué me dicen de los coches? Hombre, no vamos a prohibirlos. Pero tampoco prohibimos el DyC ni las quinielas. Lo que hacemos es fomentar la disuasión, o disuadir del fomento. O como se diga. A la mierda la publicidad de coches y motos.

Promocionar agencias de viajes, hoteles, resorts y casas rurales ofende a nuestros conciudadanos más desfavorecidos por la crisis y el capitalismo neocon globalizante. Y no me extraña: ofertón, viaje a Cancún por un pastón. Y Vd. ahorrando para comprarse una piscina hinchable que quepa en la salita. Fuera, fuera.

Los productos financieros han demostrado sobradamente, y hace bien poco, su toxicidad. Por si acaso, nada de salir en la tele. Los bancos, cajas y otros amigos de lo ajeno ya tienen las mejores esquinas. ¿Qué más quieren?

La variada oferta de dulces y golosinas tienta a los diabéticos, distrae a los escolares y confunde a los daltónicos; la promoción de carne y embutidos molesta a los vegetarianos, y con razón; anunciar peces lleva a esquilmar los siete mares. La comida, en fin, no da más que trastornos alimentarios. Pronto se vetará tan malsana propaganda.

Ya ven, queridos contertulios, cómo lo políticamente correcto, después de treintaitantos años de jodernos la vida, al final va a servir para que podamos vernos una película del tirón, sin interrupciones. En cuanto a qué películas podremos ver, no se me amontonen; que todavía está el capador encima de la gocha.

(Escrito por Mercutio)

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24 agosto 2009
Nunca revises los neumáticos si sales de vacaciones (I)
… porque no tendrás sorpresas en ese programa anual de organización del tedio. Un pinchazo indignante, aunque sin filtraciones periodísticas, me dejó tirado en la Nacional 320. La carretera había conocido mejores tiempos, de un esplendor provinciano pero orgulloso de sus largas rectas, con sus cambios traicioneros de rasante y su cupo de accidentes exigido puntualmente como tributo silencioso a los forasteros, al que los lugareños se sentían secretamente acreedores. La antigua ruta empezó a morir con la inauguración de una autovía sólo deseada por las autoridades de la ciudad y por la epidemia de seguridad vial que aquejaba a todo el país y había convertido a sus conductores en coleccionistas avaros de miedo tasado en puntos.

El caso es que pinché a la altura del Km. 170 y de una tarde de domingo en caída libre, sin posibilidad de recurrir a una grúa que me sacara del exotismo improvisado y me devolviera al preciso programa vacacional que había trazado. Había elegido la carretera como atajo y no como pretensión de exclusividad perdida, así que, descartadas la nostalgia y la paciencia como motivos de aventura, recalé en un tugurio tras un torpe y largo cambio de rueda digno de peor causa. El lugar tenía un solo y desvencijado rótulo de coca-cola que lo distinguiera de una funeraria o un taller. Al menos tenía la decencia de no llamarse “El Frenazo” o “Curva peligrosa”. Exhibía unas gigantescas letras negras sobre las ventanas de su fachada lateral que componían el triste y original título de “HABITACIONES”. Anunciada la amenaza con honestidad por parte de la dirección del local cometí la tan inevitable como cortés pregunta de si tenían dónde dormir. Al cabo de un buen rato, cuatro desganados pases de bayeta por la barra y con desidia de quien se sabe una ruina tan lenta que los demás no podrán nunca advertirle de su inexorable descomposición, una mujer entrada en carnes me acompañó a una de las avisadas habitaciones. Bajo una luz mortecina de 40 vatios que pretendía alargar en vano el tiempo de cierre, se adivinaba un mobiliario familiar en desuso al que muebles nuevos habían arrumbado en un tímido intento de diseño e inútil de renovación en alguna tienda de algún cercano y anónimo polígono industrial, que hoy debían adornar la no menos triste vivienda de los dueños del bar. Destacaba como pieza principal una cómoda de color indefinido con cajones labrados y huérfanos de toda historia, en los que era imposible rastrear cualquier drama personal al haber sido despojados de todo rastro humano precisamente por el trasiego continuo de humanidad indiferente por aquellos cuartos. Completaba el esperanzador espectáculo una misántropa mesilla de noche con su orinal desvencijado pero limpio en su tétrico interior y un espejo de un rococó vencido por el paso del tiempo y avergonzado por la pintura desconchada de su marco. La impresión que producía el cuarto era la de un combate en permanentes tablas entre la apatía y la angustia sin huésped que hiciera de árbitro y se atreviera a sacarlo de su estancamiento. Al panorama no cabía oponerle más que literatura de ocasión, de la que ya había recorrido un trecho, o un par de copas como antídoto hacia las que me dirigí con urgencia al bar de abajo.

(Continuará)

(Escrito por Bartleby)

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23 agosto 2009
Libros viejos
De los libros te encargarás tú, dijeron. Casi una sugerencia, casi una pregunta, que no necesitó mayor respuesta que un gesto.

No esperaba encontrar gran cosa, esa es la verdad, mayormente porque hacía ya cuatro años, que, so pretexto de restaurarlo, me había apoderado de la auténtica joya, un ejemplar de El liberalismo es pecado, del Padre Sardá y Salvany, editado en 1891 por la Academia de la Juventud Católica de Barcelona en ocho idiomas, (edición políglota monumental, dice), en el establecimiento tipográfico La hormiga de oro, Rambla de Santa Mónica, 16.

Las páginas de la izquierda , de arriba abajo y de izquierda a derecha, en castellano, catalán, euskera y gallego. Las de la derecha, en latín, italiano, francés y alemán.


Una joya, ya digo, digna de mayor estudio, de la que me hace siempre sonreír una estadística, que cifra los españoles ateos (según el último censo, asegura) en 104, contra, entre otros, 358 indiferentes, 452 librepensadores declarados y 4 creyentes de Confucio.


Dejo otra perla, hablando de los católicos liberales: “ ... encuéntranse los tales con que el diablo les ha sustituído arteramente el principio sobrenatural de la fe por el principio naturalista del libre exámen.”


Pero he encontrado alguna curiosidad: una buena colección de Premios Nadal de finales de los 40 y 50 (no conozco apenas ninguno). Sólo he leído las solapas, algunas realmente enternecedoras. Así, Luisa Forrellad, ganadora del 53, con Siempre en Capilla, de la que se nos informa que la trama apasiona al lector sin recurrir al tremendismo y que la novela se distingue por su belleza “entre la oleada de invenciones truculentas”.


Unos cuantos libros de Díaz Plaja, de quien supongo no se acordará ya nadie (a mí me gustaba), Khalil Gibran, casi todo Valle Inclán (que nunca me gustó), y unos libritos de Editorial Juventud, particularmente de James Oliver Curwood, de la onda de Jack London, podríamos decir.


Se nos informa de las obras del autor, separándolas por precios: a 1 peseta, a 1,50, a 2, a 3,50, a 4 e incluso a 5 pesetas. Ya se podrán imaginar que uno se echa a llorar leyendo estas cosas. Estamos hablando de 1926. Se leen muy bien y en este caluroso Bilbao, escondido de las fiestas, se agradecen los paisajes de Alaska.


Hay también varias de Ediciones Edita. Todas las editoriales son catalanas, al parecer. Me ha llamado la atención un título, La filosofía del amor, de Elinor Glyn, 1928. Puede ser el libro más divertido que haya leído en toda mi vida.


“Casi todos los matrimonios por amor comienzan con demasiado apasionamiento y muy poco dominio de las propias pasiones, y así llegan a naufragar sobre las rocas de la saciedad y la indiferencia”.


“La esposa de temperamento frío es verdaderamente una maldición porque expone al hombre a todas las tentaciones”


“Las que sean frías por naturaleza que se unan al cada día creciente batallón de mujeres a las que no interesan los hombres, ni el matrimonio, ni los hijos, sino más bien las carreras, empleos y otras cosas”.


“La muchacha que se casa con un hombre que de verdad lo es, no deberá olvidar tres cosas: que el hombre es más fuerte que ella, que el hombre es más libre que ella y que el hombre es más susceptible a la lisonja que ella”.


Hagan la prueba, mis queridos amigos nickjournalistas de sexo masculino, a leer estas máximas a sus esposas, pero tengan más precaución que yo, si no quieren salir mal parados.

A las pocas damas que por desgracia transitan por aquí, por favor, no me lo tengan en cuenta.

(Escrito por Schultz)

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22 agosto 2009
Ostras en Blackpool

Las ostras del mar de Irlanda, un mar extraño de color marrón y playas de chinatos, son algo bastas pero de un tamaño importante y un decente sabor. Acompañadas por una pinta de Ale de Newcastle se dejan comer sin excesivos problemas. En un pais como Inglaterra, donde el personal no come sino que, simplemente, se alimenta, las ostras ponen una nota de cierta sofisticación práctica (eso sí) y afrancesada. Desde aquí les prevengo contra ciertos chigres british donde "cocinan" las ostras; cocinar las ostras, para un inglés, es cubrirlas de mantequilla, rociarlas de menta finamente cortada y meterlas al horno hasta conseguir una especie de bola caliente de fibra flotando inane en un pequeño lago de aceite animal: lo más parecido a un emético de urgencia y, en el improbable caso de que consiga que el comistrajo alcance las profundidades de su estómago, un infalibre diarreico.

(Escrito por Protactínio)

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21 agosto 2009
ZULMA LOBATO: Intimación a los administradores del Nickjournal
Creo que ha sido evidente para todos que a partir de mi anterior post dejé de escribir con asiduidad en este nickjournal. Se debió al hecho de que me ofendió profundamente que se haya despreciado a Zulma Lobato, la nueva vedette del teatro de revistas nacional.

Cuando escribí ese post hice constar que había 70.000 páginas web que hablaban de ella. Ahora ya son más de 230.000. Hace unos días le entregaron una plaqueta en homenaje a sus cuatro meses de trayectoria profesional entre otros tantos reconocimientos que ha recibido.

Y cada vez obtiene más atención por parte de los medios: La revista Maxim, una especie de Play Boy nacional, dedicó su número aniversario a publicar fotos en las que Zulma despliega todo su erotismo.

Sin embargo los integrantes de este nickjournal demostraron una anticuada moralina y una visión desactualizada del hecho artístico. Pareciera que sus valores provienen del sermón del viejo cura de aldea que asimila las puertas de un teatro con los portones del infierno.

Creo que la causa de esa actitud está en el hecho de que en España siguen sufriendo el desfasaje cultural que les provocó el franquismo. Recuerdo que en las reuniones que teníamos los intelectuales en ese tiempo nos dolía saber que en España no tuvieran la más mínima idea de las doctrinas freudianas mientras que en Buenos Aires había todo un barrio dedicado a analizar el inconsciente, el yo, el ello y el superello de los porteños.

Esa situación determinó una enorme brecha, tanto en profundidad como en extensión, entre los intelectuales argentinos y quienes pretendían serlo en España.
Por ese motivo estuve bregando en este nickjournal para conseguir que se superen esos desfasajes. Fue la razón por la cual publiqué un post en el cual traté de explicar a los lectores españoles que en el arte podía válidamente representarse la fealdad.
Y Zulma es fea, no sabe actuar, ni cantar ni bailar. Sin embargo la suma de todos esos elementos es positiva en el deletéreo mundo del hecho artístico y así lo entiende el público argentino, que llena a reventar los locales donde ella despliega su rutina artística. Se ha llegado al punto de que está de moda bailar a los saltitos y sin contoneo, tal como hace ella.

Los ataques que Zulma ha recibido por quienes no pueden soportar su éxito me ha hecho recordar a la “insumergible Molly Brown”. Zulma ha sobrevivido a la pelea en cámara con un psicólogo que la trató de “señor”, siendo que ella es una señora, al hecho de que se le cayera un moco que le colgaba de la nariz cuando la entrevistaban o a su última caída de bruces mientras desfilaba exhibiendo su figura en una discoteca.

Mientras tanto, ¿qué ha ocurrido en España? ¿Han olvidado que hubo tiempos en los cuales había artistas como Zulma que divertían a la corte de los reyes de España? Veamos dos preclaros ejemplos ilustrados por Velásquez.



Ya sé que algunos estarán pronunciando despreciativamente la palabra “bufón”. Los imagino envarados, tiesos en la silla pero con aire superior. ¡Pobres nickjournalistas!

Por ese motivo he tomado con seriedad esta cuestión. Para saber si mi presencia sirve para elevar o no el nivel intelectual y moral de este nickjournal intimo a los administradores a fin de que incorporen una franja permanente en apoyo de Zulma, tal como se ha hecho en multiplicidad de blogs del mundo:

En caso de que no se haga lugar a esta intimación sabré qué actitud tomar en lo sucesivo.

(Escrito por Hércor)

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20 agosto 2009
Notas de la quincena
Aproada al levante, una gaviota detiene sus alabeadas alas y planea sin casi moverse. Gira ligerísimamente su cabeza a babor y se aquieta con una elegancia ingrávida, biológica. Cerca, muere un hombre. Lo vemos, cubierto por una sábana, mientras damos el paseo mañanero. Ni una cinta policial siquiera. Pasamos por la orilla, literalmente a su lado. A pocos metros de él, la gente se remoja o se sienta bajo su sombrilla sin comentar, pretendiendo que lo que yace bajo la sábana blanca fuese, qué sé yo, un montón de arena o, como mucho, un delfín varado. Al día siguiente, nos enteramos de que murió tras un ataque cardiaco.



Cuando éramos jóvenes, intentamos desterrar la palabra novio/a. Nadie la empleaba. Sólo nuestras abuelas nos preguntaban al vernos: ¿Qué? ¿Y ya tienes novia?. Pero nada más. Para nosotros, lo pronunciable era compañera, ligue, amiga. Y para ellas, lo mismo: compañero, ligue, amigo. Pero, como todo vuelve y sic transit gloria mundi, ahora cada divorciado/separado/roto que se precie ha de tener una novia. O un novio, claro. A. tiene un novio…. A. lo que tiene son cincuenta y siete tacos, una viudez, un divorcio y una larga historia con un casado que nunca quiso descasarse. Pero a estas alturas, ya ven, tiene un novio. Y está feliz, oye. Lo mismo que P. que, con dos divorcios a sus espaldas, ha recobrado la alegría y una deslumbrante gana de beber gin&tonics gracias a una novia.



Era una hermosa reunión de despedida. Allí estaba la tercera mujer de J., un auténtico apóstol del matrimonio, simpatiquísima exmodelo que tuvo una larga relación con un famoso periodista-entrevistador calvo y muy de derechas; o el diseñador y realizador del plan para tomar la isla de Perejil, ahora general en la OTAN/NATO, que es el feliz marido de mi primera noviecilla veraniega; o mi amigo J.M., el urólogo. Si quien tiene un amigo tiene un tesoro, quien tiene un amigo urólogo, tiene dos. Dos tesoros, digo. Dada la importancia de la situación, decidió vestirse a tono. Y se compró la camiseta que ven ustedes más abajo. Diez leuros le costó. Yo quería haberme comprado otra, pero no la tenían en talla XXL. Una lástima.




Por cierto, y para terminar: a los amigos de Mercado Calabajío, blog que les recomendé un sábado gastronómico sin receta, también parece haberles gustado La Mata. Y, qué casualidad, la tercera foto que ofrecen (gran playa con un edificio alto muy al fondo) está tomada casi exactamente desde el punto donde yacía el cadáver cubierto con la sábana blanca.

(Escrito por Protactínio)

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19 agosto 2009
Southern Culture on the Skids, hogar de vacaciones
Llega siempre ese momento de duda metódica cuando se decide salir de vacaciones. Propongo una solución definitiva para pasarlas, aún no descubierta por las agencias:

Se llena la bañera hasta media asta, con la temperatura del agua a gusto del veraneante, se atiborra la nevera de platos preparados a fin de tener que salir del estado de remojo sólo dos veces al día, comida y cena, se compran dos libros con un máximo de 70 páginas cada uno (importa la disciplina), letra caballera (o sea, tirando a gorda) y tamaño misal, y se completa el escenario con un radiocasete modelo negro de playa pero que quepa en el cuarto de baño. Una vez armados de esa guisa se pone la siguiente música (pinchando sobre la imagen):



Como esto puede enganchar, aquí van más cosas de esta magnífica banda. Que la disfruten.

(Actuación en el Paradise Rock Club, Boston,
20 de mayo de los corrientes)


(Sugerido por Bartleby)

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18 agosto 2009
Selección musical nickjournalera
Top 12 veraniego:

1.- Mercutio- Que no

2.- Qtyop- Jo, robot

3.- Montano- Never can say goodbye


4.- Neguev & Crítico Constante- War


5.- Protactínio- Laboratorio mágico


6.- Tsevanrabtan- All apologies


7.- El Marqués- El imperio contrataca


8.- Goslum- Let’s just laugh


9.- Lacónico: 4’33’’


10.- bose-einstein- Einstein on the beach


11.- Adrede- Granada


12.- Sarónico- Ay, qué pesado



(Escrito por Desierto Polaco)

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17 agosto 2009
Juicio, valor y ley

No cabe duda que el verano es estación propicia a lecturas escogidas y Montaigne un tipo meticuloso que sometió sus experiencias, impresiones y opiniones a un método que las sacudiera tanto de moral impuesta como de azar en su formación, impugnando a la vez la utilización de la opinión como moral cambiante que pueda imponerse a todos, ya que sería perversa por polivalente e inútil por indeterminada. Despejó esas variables de moral y azar que podían haberle reducido a la condición de un nuevo moralista o, en la versión progresivamente laica del Renacimiento, arbitrista. Y anticipó el imperio del prestigio o desprestigio que la opinión personal supone para la posición social o grupal, anulando cuando así se forma el valor y carácter particular del juicio. Es útil leerlo ahora que prima la marca social que nuestro juicio nos asigna en los mercados de valores, habilitándonos o desacreditándonos para ser reconocidos e integrarnos, pero impidiendo el conocimiento –por oposición al reconocimiento ajeno- y la independencia de criterio. Sin duda previó que sería fuente inagotable de citas y comentarios, aunque su clarividencia no llegó a intuir que sería inspiración de entradas para el Nickjournal. No es la primera vez que se le utiliza ni será la última.

A propósito de la moral y su fuerza como corsé sobre la opinión, frente a su capacidad como sistema para ordenar el pensamiento y el tráfico social de juicios, escribe en el capítulo XL del Libro I de los Ensayos toda una talla y declaración de principios en su título: Que la experiencia de los bienes y los males depende en buena parte de nuestra opinión. Y dice lo siguiente:
«A los hombres», dice una antigua sentencia griega, «les atormentan sus opiniones sobre las cosas, no las cosas mismas». Si pudiera establecerse la plena verdad de esta proposición, se ganaría un punto importante para el alivio de nuestra miserable condición humana. Porque si los males han penetrado en nosotros tan sólo a través de nuestro juicio, parece que está en nuestro poder despreciarlos o trocarlos en bienes. Si las cosas se rinden a nuestra merced, ¿por qué no disponer de ellas o acomodarlas a nuestra conveniencia? Si lo que llamamos mal y tormento no es mal ni tormento de suyo, y únicamente nuestra fantasía le confiere esa calidad, cambiarla está en nuestras manos. Y, si podemos elegir, si nada nos fuerza, es una extrema insensatez decantarnos por el partido que nos resulta más fastidioso, y dar a las enfermedades, a la indigencia y al menosprecio un sabor agrio y molesto, pudiendo dárselo bueno y siendo así que la fortuna nos brinda simplemente la materia y a nosotros nos atañe darle forma. Ahora bien, veamos si puede sostenerse que lo que llamamos mal no lo es de suyo (…)

Separados de las cosas, deambulamos sin juicio por el reinado de las opiniones. Centrado el problema en si la condición natural de las cosas determina nuestro criterio sin posibilidad de apelación que las modifique, a continuación impugna toda moral natural y religión como norma universal e intemporal en la formación unívoca del juicio:
Si el ser original de las cosas que tememos tuviese el poder de alojarse en nosotros por su propia autoridad, lo haría de manera parecida y semejante en todos. En efecto, los hombres son todos de la misma especie y, salvo diferencias de más o menos, están provistos de útiles e instrumentos similares para entender y juzgar. Pero la variedad de opiniones sobre las cosas muestra claramente que éstas sólo penetran en nosotros con una transacción. Quizá alguno las cobije en su interior en su verdadero ser, pero otros mil les confieren un ser nuevo y contrario en ellos.

La clave está en esa transacción entre naturaleza de la cosa y opinión y en los mecanismos que determinan esa transacción. El distinto parecer con que los hombres afrontan un mismo hecho al que se atribuye en su origen una cualidad negativa, indica no sólo distintos valores y utilidad para distintas culturas y épocas sino también la dificultad de asignar valor y ordenar esos pareceres sin que prevalezca sobre ellos un interés y criterio común. Es decir, la ley.

Aplíquese lo anterior a casos como la muerte, la pena de muerte, la pobreza, la tortura o al mismo manejo de los caudales públicos por parte de nuestros gobernantes.

(Comentado por Bartleby)

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16 agosto 2009
Jefe de Escuadrón Stewart
Ramson Sttodard no llevaba armas, y salvó su vida gracias a Tom Doniphon. Su certero disparo, desde atrás, oculto, mientras fijamos nuestra atención en el duelo entre el abogado y Liberty Valance, evita la segura muerte del apocado leguleyo.




Así que el gradullón Marion Morrison, alias John Wayne, marioneta de la industria, sigue cultivando su leyenda de duro y justiciero, y James Stewart la de pacífico, justo y bondadoso ciudadano. Y no fue así. John Wayne lamentó toda su vida su ausencia del frente, mientras que Jimmy Stewart la buscó con denuedo. Wayne le prometía una y otra vez a John Ford, movilizado en el Pacífico, que acudiría al finalizar la película que tenía entre manos, mientras Stewart ideaba tretas para ser admitido a filas.

Stewart tenía abuelos y padre con hoja de servicios impoluta en el
US Army, en la Guerra Civil los primeros y en la de Cuba y en la Gran Guerra el segundo, así que el larguirucho no quiso ser menos, aunque para decepción suya fue rechazado por falta de peso cuando fue llamado en 1940 para prestar servicio. Venía con buen bagaje, de esos que no era menester desperdiciar, puesto que reunía una considerable experiencia de vuelo desde 1935, año en que obtuvo su licencia de piloto y más desde 1938 en que ganó el título de piloto de líneas aéreas. Además, a la vista de lo que se cocía en Europa, había invertido en una pequeña empresa de formación de pilotos, la Thunderbild Field, que con el tiempo sería incorporada a la estructura de la US Air Force.

Pero no daba el peso, así que a base de gimnasio y de contravenir los días previos a la física de los intestinos, logró pasar los exámenes médicos para incorporarse a la Fuerza Aérea en marzo de 1941. El ataque japonés de diciembre de 1941 le sorprendió en plena instrucción, que la entrada de los EE.UU en la guerra debió acelerar, pues en enero de 1942 obtiene el despacho de segundo teniente y contra su parecer, pero muy del agrado de los accionistas de la
Metro Goldwyn Mayer, es destinado a las bases de Moffet y Mather Field en California, cerca de los estudios, para aprovechar la imagen del flamante oficial, como instructor de vuelo de futuros pilotos. Como era de esperar, las lumbreras de Washington se empeñaron en explotar el filón propagandístico y se dice que su parición en los noticiarios de propaganda militar y documentales del Ejército atrajeron al arma aérea a no menos de 150.000 aspirantes. Y como el actor temía, su perfil le hacía candidato a ver la guerra pasar entre bambalinas, adscrito como quedó en la base de Kirtland en Alburquerque, como instructor esta vez de pilotos del bombardero B-17.

Con 36 años cumplidos su futuro parecía claro: promover la venta de bonos de guerra al servicio del Departamento del Tesoro, así que removió contactos y finalmente consiguió destino en el frente, y no en el Pacífico, sino en Inglaterra, con el 445º Grupo de Bombardeo, en diciembre de 1943 y con el grado de capitán. Así que el prudente Sttodard comenzó a volar sobre la Europa ocupada con la VIII Fuerza Aérea de los EE.UU, desde marzo de 1944 en el 453º Grupo de Bombardeo, que participó en acciones sobre Tours, Gotha, Paderborn, Leverkusen, Bremen, Brunswick, Frankfurt, Berlín, Cherburgo, El Havre y St. Lô, estas últimas durante la batalla por Normandía. Más de veinte misiones sobre territorio enemigo, frente al
flak y a la Luftwaffe, especialmente la de Brunswick, en el transcurso de la conocida como Big Week del 20 al 25 de febrero de 1944, durante el desafío definitivo de los aliados a los cazas alemanes y a su industria. Terminó sus misiones de combate como Jefe de Escuadrón y dicen que era un líder cabal, capaz de suspender una misión ya en el aire y con 9.000 aviadores implicados por las desfavorables condiciones meteorológicas y sin consentimiento previo de sus superiores e igualmente de llevar su B-24 al límite de sus posibilidades frente a los Messersmichtt alemanes para dejar su carga fatal en el objetivo previsto. Y eso que en los cielos de Alemania había más probabilidades de morir para los aviadores de bombadeo aliados y para los pilotos de caza alemanes que en las más brutales batallas del frente ruso, así que el ya mayor Stewart debía tener además de capacidad, unas buenas dosis de suerte para no encontrarse entre el tercio de bajas que cada mes sufría su unidad.


Al terminar la guerra en Europa nos encontramos a Stoddard/Stewart presidiendo un tribunal militar, ya con el grado de coronel, encargado de enjuiciar el bombardeo de Zürich por unos B-26 perdidos que creían estar castigando Friburgo, y emitiendo un fallo exculpatorio, a pesar de las decenas de muertos suizos.

Aunque se decidió trasladar a su eficaz escuadrón al Pacífico, no hubo tiempo, después de lo de Hiroshima y Nagasaki, así que la ya muy condecorada estrella de Hollywood pasa la reserva, pues no abandonó los galones militares hasta 1968, cuando ya era general de brigada y, entre otras muchas acciones de menos relumbrón, que la paz no sirve para esas cosas, había volado sobre Vietman en los temidos B-52.


Ya saben que fue un republicano militante, todo lo contrario que su gran amigo Henry Fonda (que tampoco quiso vender bonos de guerra y combatió en el Pacífico a bordo del destructor
USS Satterlee) y que en eso coincidía con su compañero de arma aérea Reth Butler, perdón, el mayor Cark Gable, otro que voló sobre Alemania en los B-17, aunque sólo cinco veces, pues parece que la MGM le tenía en mayor valía que al jefe de escuadrón Stewart.

Nadie reprochó nunca a Wayne su ausencia de los frentes. Sólo el mismo y por eso su fervor patriótico era del tipo exaltado y desabrido. Carecía de la virtud de la moderación y contención aprendida de la mejor Roma republicana y que sí adornaba a los Fonda, Gable o Stewart. Pero de las virtudes humanas de nuestro general encontrarán más acertadas palabras en un reconocido apeadero de la Red, al que les remito.

(Escrito por Phil Blakeway)

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15 agosto 2009
Esto no es un fotoblog (Múnich/München)










(Camarita: Protactínio)

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14 agosto 2009
Hommage a none, nicknone
Escribí una primera entrada azarosa tal día de febrero del 2007 y gracias a la paciencia de los operarios y del respetable, fui un freelance escribidor hasta el verano del 2008, cuando desaparecí guadianamente. Mis celebradas perpetraciones quedaron archivadas en un trozo de disco, allá en el cloud.

Arrastré mis heridas, tal la pared de los operarios llena ya de grafitis y tachaduras… más mi alma (1) cansada vuelve a la estación de Perpignan. Mis delirios paranoicos de escaparme del centro del mundo, que no otra cosa es este NJ, han sido anulados y en cuanto se ha abierto un slot de tiempo disponible (2) vengo a descargar unos cuantos bits más en La Máquina.


Y es una celebración lo que propongo. Una celebración por estar aquí, ser nuestro Restaurante del Fin del Mundo, siempre abierto, siempre disponible, tolerante, casposo, cosmopolita, carcuse, buenas cervezas y algún papafrita…hebras y hebras de vidas condensándose cada día por esta vecindad electrónica, un ningún sitio lleno de ningunas personas, o mejor, de nicknones. Esta pequeña patria que se proclamó huérfana de padre putativo y lo envió, con sumo respeto eso sí, a pastar fango (3).

Bebo en mi extraña y mercurial brevedad agradeciéndoles a todos la pasta que me he ahorrado en psicoanalistas:

So long! And thank for all the fishes!!

Momento íntimo (skip if your IQ>130):

O Me! O life!... of the questions of these recurring;
Of the endless trains of the faithless—of cities fill’d with the foolish;
Of myself forever reproaching myself, (for who more foolish than I, and who more faithless?)
Of eyes that vainly crave the light—of the objects mean—of the struggle ever renew’d;
Of the poor results of all—of the plodding and sordid crowds I see around me;
Of the empty and useless years of the rest—with the rest me intertwined;
The question, O me! so sad, recurring—What good amid these, O me, O life?

Answer.

That you are here—that life exists, and identity;
That the powerful play goes on, and you will contribute a verse.


_______
(1) (o cierto conjunto plásticamente ignoto de proteínas y conexiones neuronales)
(2) que gozosamente dura sólo hoy
(3) ‘a pastar fang’… expressió delincuent en català referit als chaves i pixapins

(Escrito por Bose-Einstein)

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13 agosto 2009
Telmo Zarra
(A Schultz. Aunque se mosquée un poco si escribo "el Bilbao" en lugar de "el Athletic". Es que soy un antiguo.)


Eran otros tiempos: no se decía “saque de esquina” ni “fuera de juego” sino corner y off-side; los futbolistas eran, aún, gentlemen en calzoncillos hasta la rodilla, con el pelo siempre peinado hacia atrás y, en muchos casos, generosas entradas frontales; a los muy grandes, las ganancias de la vida deportiva les eran suficientes como para poner un negocio y poco más. No existía la dictadura de las televisiones ni las marcas deportivas sobre equipos y jugadores y el Athletic Club de Bilbao tenía muchas más peñas fuera, a lo largo del toda España, que en las Vascongadas. Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza eran, para emoción del mismo Generalísimo, los arquetipos de la furia: española, claro. Es un mítico tópico que cada vez que el Bilbao venía a jugar a Madrid, las alegres señoritas de Chicote o El Abra se ponían bragas rojiblancas para exacerbar la libido de los señores vizcainos que, chapela en mano (educación ante todo) y puro en boca, andaban presurosos a requerir, previo pago, sus encantos al acabar el partido: si perdía el Bilbao, ¡qué mas da!, se cumplía; pero si ganaba… De todos es sabido que “la mejor cabeza de Europa después de Churchill”, frase que –por cierto– se dijo primero, y con más razón, del gran cabeceador Sandor Kocsis que, junto a Ladislao Kubala, Ferenk Puskas y Josef Bozik formaba parte de la gran Hungría de 1954, marcó su mítico gol a Inglaterra con la pierna y a bocajarro.

El segundo apellido de Zarra era Montoya, poco euskaldún a primera vista y, como muchas otras cosas, síntoma claro de que, diga lo que diga el PNV, detrás de casi todos sus héroes se esconde un maketo. En sus doce o trece años de carrera con el Bilbao, marcó en liga trece goles al Atleti, que no es mal resultado para nosotros. Particularmente recordado es, todavía, el empate a seis goles en el Metropolitano de la temporada 49-50. El Bilbao, con la delantera antes mencionada al completo, y el Atleti con otra no menos temible: Estruch, Ben Barek, Calsita, Carlsson y Juncosa. A pesar de tan abultado marcador, Zarra metió un solo gol: me malicio que algo de cariño tenía a sus colores hermanos. Prueba de ello es, a mi juicio, que Zarra participó –vestido de rojiblanco madrileño– en dos partidos amistosos cuando ya casi no contaba para el Athletic Club. Tres semanas antes del espectacular empate antes mencionado, el 8 de enero de 1950, y formando en la delantera atlética en lugar de Calsita, ayudó a ganar al Racing de Buenos Aires, allá, por 1-2. Posteriormente, en 1953, volvió a jugar con el Atleti contra el Atlético Independiente de Avellaneda; aunque perdimos 3-5, Zarra participó en los tres goles: marcó uno, dio el pase del segundo y, fruto de un penalti que le hicieron, marcó Escudero. Al gol marcado por Telmo en ese partido corresponde la foto que encabeza todo esto: no se hace raro verle con la camisola rayada, aunque los pantalones son más claros que los negros del Bilbao.

(Escrito por Protactínio)

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12 agosto 2009
Mis ascensos al Monte Ventoux
Cuando uds. estén leyendo esto, lo más probable es que yo me encuentre a varios cientos de kilómetros de distancia, sin posibilidad de conexión a internet. Por entonces me dedicaré a algunas de mis actividades favoritas: leer, pasear por las ciudades o caminar ladera arriba de alguna pequeña cumbre.Justificar a ambos lados

El primero del que tengo noticia que hiciera algo así es Francesco Petrarca, con su subida al Monte Ventoux (tan conocido por estos lugares gracias a quien ya sabemos) y su posterior narración de la aventura. Yo no les contaré mis caminatas, aunque sí les diré que cuando estoy en una ciudad y no puedo dejarme llevar por la pasión de la montaña, me busco algún campanario, o algún castillo, que hagan de sustituto.

Con la subida Petrarca inicia, o al menos eso se tiene por moneda corriente, el Humanismo y retoma la costumbre de mover las piernas para eso del meditar, actividad que será luego culminada por Nietzsche (o al menos, también es eso lo que nos cuentan, y en Humanidades tan importante es la realidad como lo que nos cuentan que es la realidad).

También podríamos llevar esto a un nivel metafórico y pensar en cuáles han sido nuestros ascensos al Monte Ventoux en el plano de la lectura. (Digo lectura pero podría referirme a la pintura, al cine, o a cualquier actividad, aunque es cierto que la lectura requiere de un esfuerzo, una concentración y en tiempo mayores que otras actividades, y de ahí que permita la comparación con la ascensión).

En mi caso he de reconocer que ha habido algunas lecturas lo han sido, no solo por el tiempo y el esfuerzo, también por lo que me han revelado. Entre las novelas he de mencionar Volverás a Región o Absalom, Abasalom! Y en poesía la de Paul Celan, aunque también la de Garcilaso o la de Juan de la Cruz, pero también la de John Keats y la de Valente. Otro libro que me abrió un mundo nuevo fue Paradiso de José Lezama Lima, lectura de un verano prodigioso en que se reunieron también alguna novela de Juan Carlos Onetti, Henry James y Julio Cortázar. Y digo que fueron mis ascensos porque antes de leerlas yo tenía una idea de lo que podía ser la literatura, sus ámbitos, sus alcances, sus objetivos, etc., etc., pero al finalizarlas, aquellas ideas habían cambiado, y algunas las había desterrado para siempre. A pesar de llevar ya leídos por entonces un buen puñado de libros, estos me hicieron replantearme lo que podía ser la literatura.

Otras novelas ha habido que, a pesar de ser muy alabadas por la crítica, y llevar ya varias décadas en primera fila, más que una subida al Monte Ventoux me han parecido un ascenso al Himalaya sin equipo de oxígeno. Entre ellas recuerdo Saúl ante Samuel de Juan Benet (qué diferencia entre Volverás a Región y esta otra). Llegué al final sin aliento, sin ganas de coronar la cima de una novela tan ingrata que parecía rechazar sus posibles lectores. Otras novelas que también me han parecido Everests (escalados por la cara agreste) han sido Israel Potter y The Confidence Man, las dos de Herman Melville, escritas cuando ya había perdido la confianza en encontrar un lector que las comprendiera (no hace mucho Harold Bloom las calificó de ilegibles), el Ulises de James Joyce, tan famosa, tan fecunda, tan llena de recovecos, minucias, alusiones privadas y recuerdos de un Dublín pacato, reprimido, y que goza con una carnalidad abyecta, guarrilla (el ejemplo que siempre me viene a la cabeza es el episodio de los riñones fritos). Qué diferencia con Dublineses y con El retrato del artista adolescente. Juntacadaveres tampoco se queda atrás en esos esfuerzos a veces ímprobos para coronar cimas agrestes, solitarias, retadoras. En el caso de esta última el esfuerzo mereció la pena, pero en otros más me valdría haberme dedicado las ganas a otras lecturas.

Por el contrario, algunas son un paseo, o un sprint. Es lo que he sentido con las novelas de don Pío. Son novelas interesantísimas, que piden una lectura veloz y apasionada, que la permiten por ser tan antirretórico, y no bien has acabado una, ya te está pidiendo el cuerpo otra, sentimiento que además se refuerza por su costumbre de escribir trilogías. Baroja es una incitación a la lectura; lo que R.L. Stevenson logró con sus novelas, años después lo volvería a lograr don Pío el misántropo.

Podría continuar indefinidamente, reteniéndoles ante la pantalla. (Los que a estas alturas continúen debe de ser porque les debe de parecer un poco interesante). Aunque antes de acabar les confesaré que la novela británica de la segunda mitad del XIX me recuerda a los paseos que daba en bicicleta por los caminos suavemente ondulados entre los pueblos del sur.

Esto que he referido a la lectura, repito, puede hacerse con la pintura: cuántos pintores no logran conmovernos o nos producen rechazo, con el cine: piensen en A. Tarkovsky, o con cualquier otra actividad.

Esto solo se pretende una pequeña distracción veraniega, entre vermú y vermú, o entre chapuzones en la piscina o en el mar. De todas formas, para que la lectura no resulte totalmente vana, les dejo una cita de J. Lezama Lima: “Analizo una vez más esta conclusión de raíz pascaliana: la verdadera creencia está entre la superstición y el libertinaje”.

(Escrito por Garven)

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