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31 mayo 2009
Los patriarcas no tienen otoño
(Dedico esta entrada con mucho sentimiento al nick Adredinga
porque, malgré lui, me está leyendo: va por ti soberbio ejemplar)


Lo expresó Cioran con una de sus reflexiones iluminadoras: “se pueden perdonar todos los crímenes, excepto el de ser padre”. Sus antepasados ignoraban que serían llamados criminales por un descendiente y fueron cayendo, ignorantes, en el crimen imperdonable, del cual se vale la naturaleza para perpetuar una especie que, según supo después, está formada por criminales al cincuenta por ciento.

Él, Cioran, recuerda vagamente la adusta figura de su padre, aquel ser extraño, amante de una exactitud casi kantiana, que, al irrumpir metódicamente en el mundo entrañable que fue tejiendo con su madre, dejaba en suspenso la compartida alegría natural, la cual se cortaba como la leche con el formiento cada vez que irrumpía el intruso indeseado.

Había que hacer sitio al forastero que, sin embargo, sabía imponer con su presencia sentimientos de sumisión no querida pero que la costumbre iba haciendo cada vez más llevadera. Menos mal. Desde lo rechazable asumido llegó a darse cuenta de que las apariciones de su padre en escena podían oscilar entre lo invivible a secas y el surgimiento de tensiones previas a un golpe de la venganza ciega, irrefrenable, aunque catártica y liberadora. Nunca se sintió con las agallas necesarias para dar el paso decisivo: su dubitable acción descansaba sobre bases harto movedizas y soterradas en las que sólo tenuemente podía distinguir el miedo al dominador y el paulatino despertar de sus propias apetencias de dominio.

Años más tarde comprendió que, al fin y al cabo, su padre no pudo actuar más que como lo hizo. El amor entrañable que durante sus largos siglos de infancia y de adolescencia sintió por su madre fue desentrañándose a medida que alcanzaba la plenitud y se hizo cada vez más consciente de ser depositario de una herencia sagrada: formaba parte, ahora lo veía con claridad, de ese cincuenta por ciento de la humanidad cuya misión es enseñorearse y dominar sobre el resto. Hizo un acto de introspección semiinconsciente respondiendo a las órdenes que, pregrabadas, tenía en los microcircuitos de sus genes, de los genes que marcan la conducta propia de su dinastía, y vio que estaba ya maduro para añadir un eslabón más a la imponderable cadena de los únicos crímenes que no se perdonan.

(Escrito por Desdeluego)

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30 mayo 2009
Dos tintos del Priorato

Lo decía Rubén Blades y, versionándolo, La Platería: La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… Hace unas semanas, les comenté que había catado en FENAVIN el Galena, un espectacular vino del Priorato del que, junto a su hermano Clos Galena, tenía referencias gracias al Wine Spectator y, desde luego, al gurú Robert Parker. La semana pasada, un compañero de trabajo nada vinculado al mundo del vino me invitó a catar “unos vinillos” (eso dijo) que le había regalado un antiguo profesor de Enología de nuestra Escuela y que, según me explicó, hacía en su propia bodega. Este hombre, Doctor en Farmacia y al que desde luego yo recordaba, abandonó la Universidad porque su padre le ordenó hacerse cargo del negocio familiar. Desgraciadamente para su fervor por la docencia y la investigación, dicho negocio consistía en una botica en Reus. Fuese por esa razón o por cualquiera otra de más natural cariz, lo cierto y verdad es que mi atribulado compañero sufrió, nada más llegar a Reus, de una gravísima enfermedad renal que casi se lo lleva por delante. Esa era la última noticia que, más de quince años ha, había yo tenido de mi antiguo colega. El hecho sustancial es que cuando este compañero, más amigo del golf y de la botánica básica que de la alcohólica melancolía, abrió la caja en la que llevaba las dos regaladas botellas de vino, yo casi me caí de culo. El portentoso mandado estaba constituido por una botella de Galena y otra de Clos Galena, ambos del 2005. Ante mis alaridos de –casi– orgásmico frenesí, el paciente golfista me preguntó: Ah, pero... ¿conoces estos vinos?. Acto seguido, llamó a su amigo (y antiguo compañero mío) y me puso con él. Miguel, que así se llama el enólogo y propietario del Domini de la Cartoixa, me reconoció rápidamente. No en vano tuve algo que ver con su contratación por parte la de Universidad de Castilla-La Mancha. Charlamos un buen rato y quedé comprometido en dos cosas: dar noticia de sus vinos y visitar su bodega. A causa de mi primer compromiso escribo hoy esto para todos ustedes.

Lo primero que sorprende en estos vinos, en los dos, es el color. La convivencia de tonos violetas y cereza es llamativa tratándose de tintos con un año de barrica. Son vinos que, por su brillante paleta, transmiten juventud, frescura, uva, campo en primavera. Al llevártelos a la nariz, empiezas a entender el porqué de esta curiosa particularidad cromática: una carga alcohólica potente y, amigos míos, la garnacha fina. Una uva como no hay otra. Con una sorprendente capacidad para potenciar los antocianos de otros varietales con los que se mezcla aquí (Cabernet Sauvignon y, sobre todo, Cariñena) y resistir la madera sin apenas cambios de tono. No es, claro está, que el vino haya pasado por la barrica pero la barrica no haya pasado por él, como se predica de algunos universitarios cafres que, sí, han pasado por la Universidad… pero la Universidad no ha pasado por ellos (o, en moderno, “ha pasado de ellos”). La barrica ha pasado, en efecto, por el vino como lo prueba su boca suave, llena de taninos maduros (los que da la buena, madura madera, en cambio de los rasposos y juveniles taninos verdes propios de las pepitas de la uva), su sabor larguísimo y su persistente lágrima glicérica. Pero no estorba. No resalta. Se adivina en vez de mostrarse. Es una madera erótica, no pornográfica. De ahí la buena puntuación de Parker, siempre atento a rechazar vinos aquejados de maderitis, patología –según él– muy común en los crianzas españoles. Cuando has dado el primer trago, es conveniente parar y respirar por la nariz. Esperar un poco. No hacer nada. Porque, en seguida, el vino vuelve. Empieza arriba de la garganta, asciende hasta parecer que quisiera colarse en la boca por la puerta trasera y acaba aposentándose, cómodamente, en la nariz. Viene de dentro hacia fuera. Y si inspiras fuerte, te responde con una nueva vaharada. Y aparece la pizarra. El esquisto. La tierra. Lo material. Casi como en medio de un rastrojo antes de una tormenta de verano. Este recuerdo térreo, común en vinos borgoñones y de la parte más alta del valle de Napa, no es propio de viñas cultivadas en zonas llanas y fuertemente calizas. Necesita silicio. Y, probablemente, magnesio. Cómo se transfiere semejante sensación a tu nariz y tu boca, es un misterio. Por eso, los vinos que lo consiguen son misteriosos. Como los Galena de los que, hoy, doy noticia.

(Escrito por Protactínio)

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29 mayo 2009
Zoofilia y bestialismo (II)
Muy comúnmente vemos que se dice que alguien se porta como un animal cuando comete actos depravados. Pero también debiera reconocerse que hay animales que también se comportan como animales. Así como en la primer parte de este ensayo expuse la existencia en Dinamarca de granjas-burdeles en donde sus dueños explotan animales debo exponer recíprocamente casos donde los animales tienen conductas absolutamente repudiables, en los cuales las víctimas son tanto seres humanos como otros animales de su misma o distinta especie. Hay un video muy desagradable en Youtube en el cual un grupo de patos varones acosa y termina violando en grupo a una pobre pata hembra.

En contraposición también se encuentran documentados casos de verdadera zoofilia entre animales de distinta especie, donde no hay violencia ni intimidación, como en esta foto en la que un ciervo le hace el amor a un perro:


O esta fotografía donde un conejo le hace el amor a una gallina y con la que pretenden distorsionar el significado usándola como presunto origen del huevo de Pascua:


Expuse esos casos tanto de bestialismo como de zoofilia entre animales porque me parece importante esclarecer un malentendido en el cual caen los defensores fanáticos de los animales. Veamos esta fotografía:


Desde ya debo decir que no es cierto que un perro (u otro animal) no sea capaz de violar a otro animal o a un ser humano si tiene la ocasión. Existe en Internet la página web de una mujer que tiene el penoso recuerdo de haber sido violada por un perro en su niñez. Ese perro era una verdadera bestia porque hizo lo mismo con su hermana. Vean:


También hay una página web que trata de dar ayuda a “women who have experienced non-consensual sexual contact from an animal”, es decir “mujeres que experimentaron el contacto sexual con un animal sin haberlo consentido”.

En la web antes citada, también muestran comprensión ante quienes sienten vergüenza por haber sido violados por animales: “!If you suffered from animal rape as a child, you are not alone. Many other people know the same pain and shame. You do not deserve any of the shame that you are feeling. That shame belongs squarely on the shoulders of your abusers. You did nothing wrong.!” Tal como dice allí: “la vergüenza no debe recaer en la persona violada sino en los lomos del animal que cometió la violación”. Sin embargo he comprobado muchas veces que esas verdaderas bestias no sienten el menor remordimiento por lo que han hecho.

Hay muchos otros casos de bestialismo, como el de un perro que no se limitó a defender la casa, sino que se excedió, violando al ladrón. En otro lamentable caso, un hombre que estaba haciendo sus necesidades en un campo fue violado por un burro, excitado al ver las blancas posaderas del campesino. Lo lastimoso es que el video fue presentado como una anécdota cómica, burlándose de los sentimientos del hombre abusado. Un tercer video muestra también cómo un toro intenta violar a un granjero, que se salvó gracias al hecho de llevar bien puestos los pantalones. No sé cuántos nickjournalistas han sufrido abusos similares pero es evidente que son varios habida cuenta de que fueron muchos los que recurrieron a las defensas neuróticas de la proyección o de la negación burlesca. Cuenten, sin embargo, con toda mi solidaridad.

Algunos de esos hechos pueden parecer risibles a algún inconsciente, pero un caso espantoso ocurrió en julio de 2005 en Seattle, estado de Washington, donde un destacado ingeniero de Boeing, Kenneth Pinyan (aka Mr. Hands), fue sodomizado por un caballo y murió por la hemorragia masiva que se le produjo. Se hizo una película, “Zoo”, sobre el caso, comentada en el New York Times. He aquí un fotograma del film:


Se evidencia en la foto el trato considerado que Mr. Hands le daba al caballo. Sin embargo el caballo no le correspondió de la misma manera tal como se puede apreciar en el video real que fue filmado en el acto mismo del atentado.

Tal como se podrá apreciar pretendo en esta serie de artículos ser equidistante y no tomar partido ni por los seres humanos ni por los animales. Cuando ocurre un malentendido o un cortocircuito en sus relaciones las culpas pueden estar repartidas. Ya que expuse casos de bestialismo por parte de animales quiero traer a colación un caso en el cual el animal involucrado tuvo un comportamiento muy considerado. Se trata del caso del gorila King Kong. Aunque se trate de una ficción sirve como ejemplo. El gorila estaba sumamente enamorado de Jessica Lange, como se puede apreciar en un fotograma del film:


Sin embargo el gorila mantuvo siempre su amor a nivel platónico y nunca intentó concretarlo, lo que hubiera sido letal para la delicada fémina.

Pero hay que reconocer que cuando las cosas no resultan bien, no toda la culpa puede atribuírsela al animal. Tanto hombres como mujeres con sus comportamientos provocadores excitan a los animales, tal como se puede ver en esta fotografía:


Si luego ocurre un hecho grave nos haría recordar los casos de aquellas mujeres que van provocando por la calle con minifaldas ultracortas y luego protestan si son violadas. Debemos siempre ser responsables y tener presente las consecuencias de nuestros actos.

(continuará)

(Escrito por Hércor)

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28 mayo 2009
Qibla




Recientemente un spin-off del NJA (¿o era al revés?) disertó sobre la qibla. La qibla o dirección se refiere a la dirección local de la Meca. Es decir al punto por donde ser vería la Meca desde la posición del observador. Es decir, al punto hacia el que hay que orientar una mezquita para cumplir con la ley: 144. Vemos cómo vuelves tu rostro al cielo. Haremos, pues, que te vuelvas hacia una dirección que te satisfaga. Vuelve tu rostro hacia la Mezquita Sagrada. Dondequiera que estéis, volved vuestro rostro hacia ella. Aquéllos que han recibido la Escritura saben bien que es la Verdad que viene de su Señor. Alá está atento a lo que hacen.

La solución a este problema es aparentemente fácil si uno dispone de un mapa de la tierra colgado de la pared. Una regla, un transportador de ángulos y una brújula darían con la solución. Pero si dispusiera de un globo terráqueo no se vería tan claro: la trigonometría esférica, es lo que tiene.

Geométricamente el problema está relacionado con los círculos máximos o geodésicas: el camino más corto que une dos puntos de la superficie de la tierra. Y el camino no es una recta porque la tierra no es plana. Salvo que los puntos sean antipodales, el camino es único y concide con el círculo centrado en el centro de la tierra y que pasa por los dos puntos considerados. Los sabios interpretadores del Corán decidieron bien pronto que la qibla local tenía que ser la geodésica que une la localización considerada con la Meca.

No les aburriremos con sencillas fórmulas de trigonometría esférica que permiten deducir en un plis plas el rumbo de dicha geodésica. En cambio, les mostraremos dos propiedades muy interesantes de estos circulos máximos.

¿Recuerdan el barquito ese que se aleja y cuya última parte visible es el mástil más alto? ¿Lo recuerdan? Sí, el baquito que demostraba que la tierra es redonda (mejor dicho, que no es plana): ese barquito pequeñito se deja de ver justamente por el círculo máximo que une al observador con el barco. Esto es realmente intuitivo: a pequeña escala (en el campo de visión humano) la tierra es plana y el barquito se aleja por la recta que nos une con él. Pero como la tierra no es plana, la recta no es recta: es un círculo máximo.

Imagínense ahora que desde Barcelona una colla de castellers empieza a construir una torre perfectamente vertical. Cada vez más y más grande. Al principio sólo se ve en Canaletas pero, al poco, la ven desde el Tibidabo. Sigue creciendo y la ven desde Badalona, y desde Mataró, y desde Tarragona. La torre crece y crece. Están locos estos catalanes, dicen en Zaragoza mientras ven llegar a Iniesta a todo lo alto y con tres copas al costado... también lo ven en Soria y hasta en Madrid: Todos empiezan a ver la torre por el círculo máximo que une al observador con Canaletas. Alternativemente, pueden considerar a Gallardón que, habiendo terminado de cavar todos los hoyos del mundo, acabe erigiendo un monumento fálico más y más alto.

Afortunadamente, la torre más alta no es ninguna de éstas. Si vives entre los dos trópicos dos veces al año (en una determinada fecha y a una determinada hora) el Sol pasará exactamente sobre tu cabeza. Y el Sol, en ese caso será el final de una inmensa torre que parte desde esa localización y por ciento cincuenta millones de kilómetros. Y además, el Sol convierte a la torre en una especie de gigantesco faro que proyecta su luz, a veces de forma brutal, golpeando a fieles e infieles contra su yunque.



La Meca (21.4225N,39.8261E) está en zona tropical, dos veces al año pasa el Sol sobre su cabeza. Hoy es uno de esos días. Hoy (y mañana) aproximadamente a las 0918UTC (12h18mUTC+3, hora local; o, también 11h18mCEST, que es lo que nos importa), si se mira al Sol estará mirando a la Meca. Hoy el creyente que se descalza a las puertas de Masjid al-Haram a las 12h18m (hora local), según su estupendo reloj suizo, comprueba que no tiene sombra.



Así que hoy podemos orientar nuestra mezquita. ¿Hacia dónde? Hacia el lugar en el que esté el Sol a la hora en que pasa sobre La Meca. La figura trae cuatro casos diferentes con cuatro qiblas diferentes. En la península, digamos en Trujillo, donde el Sol hace tiempo que nació y ya transita desde el levante hacia el meridiano local por el sureste: el constructor local de mezquitas verá el Sol con rumbo 101; menos hacia el sur de lo que habría imaginado. Por las islas afortunadas, digamos Santa Cruz de Tenerife, la situación difiere algo. El Sol nació algo más tarde y su recorrido ha sido menor: el constructor local de mequitas aún lo verá con rumbo 84; prácticamente este, ligeramente al norte. Y hacia allá la construirá: a pesar de que la Meca esté más al sur.

Cruzando el charco, el Sol está recién naciendo en el extremo noreste de la costa este americana. En Boston tal que en ese instante. El constructor de mezquitas bostoniano verá este amanecer por el noreste (rumbo 60) y, también, por ahí, La Meca: a pesar de que la intuición le diga que está "más" al sur.

Plus ultra está el lejano Yukon donde la noche ya nunca es cerrada después de un largo invierno oscuro. Ni siquiera en el preciso momento en que el Sol pasa por La Meca: medianoche en Forty Mile. Entonces el Sol sólo estará cuatro grados por debajo del horizonte y su resplandor, visible. El fazedor de mezquitas lo verá y reconocerá un rumbo redondo: 360. Norte, nortísimo.

Como ven el resultado es algo diferente de lo que la intuición sugiere.


Aún debemos pensar en el constructor de mezquitas bonaerense o angelino o mexicano. Para ellos será noche cerrada sin orientación posible. Pas de problème. Esperarán a una fecha simétrica: seis meses después, el 28 de noviembre, aproximadamente, y doce horas después, a las 21h18mUTC, aproximadamente; el Sol pasará —siempre que así lo quiera el Clemente— por el nadir de la Meca: su antípoda, en medio del Océano Pacífico. El constructor pondrá en ese momento proa al Sol. Y la Meca quedará a popa.

Agradecimientos: xplanet, stellarium, The correct qibla

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27 mayo 2009
Volverás a Región
Ya es hora de dedicar una portada al mayor escritor en español del último medio siglo, y uno de los dos mejores de la literatura universal de ese periodo, con Cormac McCarthy. No es casual que ambos hayan sabido recoger la influencia del maestro de maestros que les precedió, William Faulkner, y la hayan asumido y resuelto de muy distinta manera. Benet con un lenguaje profundo de escritura precisa y frase nítida, redonda y amplia, en el que nada falta ni sobra, escrito con un estilo soberbio y consciente de su independencia, orgulloso de una elegancia tan barroca como despojada de adornos y aliños; sumergirse en sus novelas es salir desnudo y vestido de pontifical a la vez. McCarthy, cuya ausencia del Nobel deja a ese premio comercial y político en mantillas literarias, es de frase concisa y rotunda, una escritura sin concesiones basada en diálogos quirúrgicos, descripciones y silencios sobrecogedores que revisten a sus historias de una forma poética depurada al máximo, un lenguaje podado hasta la raíz de la impresión que crea. Ambos, como Faulkner, simbólicos y creadores de mundos tácitos y opresivos pero abiertos a ser liberados por el poder de evocación que transmiten al lector. Si se completa el panorama con el mejor filósofo europeo del momento, el maestro Agustín, nuestras letras salen muy bien paradas. Para la primera mitad del siglo sangriento se podría dejar a Baroja, incluyendo sus hachazos a falangistas y beatos, tan liberadores de miserias.

El altísimo vuelo de Benet planeó sobre un momento literario de buenos escritores en un país aislado y pobre, con el espíritu refugiado alternativamente en la tradición y en la rebelión en lugar de servirse de ellas. Por capacidad y ambición Benet no se quedó en el realismo social ni se instaló en una ficción gratuita que se esconde en imágenes gratificantes por reconocibles; de ahí que despreciará el cine. Después, la educación nacional redujo el espíritu y hoy su talla supone una feliz cima respecto a los escritores de taller que componen una novela como si fuera un mecano inestable, combinando palabras y temerosos de hacerlo mal como apocados que son. La belleza de Volverás a Región, su sensación de obra acabada y perfecta, es estremecedora. El territorio imaginario que crea reúne todos los elementos necesarios para superar lo verosímil y la asociación con lo familiar como jueces literarios que dictarían sentencia tan favorable como caduca:

- los personajes, sin más destino que deambular como fantasmas por una historia que ni rehúyen ni reconocen como propia, de conciencia esquiva “que no recuerda el odio pero atesora el rencor”, cuyas derrotas calladas son la derrota que emprende la novela y cuyos diálogos se saben intercambio estéril de soledades enfrentadas y sus monólogos signo de una vida estancada y sin voluntad alguna de redención:
De forma que tantas veces como pretendí ponerme en viaje (…) me vi finalmente sentada en la cuneta de una carretera desierta o en el andén de una estación del absurdo,

Lo que sí le puedo asegurar es que nunca me permití la menor licencia y que a mí misma me impuse la disciplina del silencio desde que acabó la guerra. Si algo había comprendido era que a partir de entonces existían dos mujeres diferentes que no debían confundirse si es que yo quería conservar la integridad de la reclusa;
- descripciones de paisajes hechas con un simbolismo que rompe el espacio físico y lo une con el personal del narrador, haciéndolos comunes a los lectores y transformándose en un lugar mítico. Trasciende una geografía tortuosa para ascender a una armonía quebrada por la ruina del viajero y el lugar:
Un momento u otro [el viajero] conocerá el desaliento al sentir que cada paso hacia adelante no hace sino alejarlo un poco más de aquellas desconocidas montañas. Y un día tendrá que abandonar el propósito y demorar aquella remota decisión de escalar su cima más alta, ese pico calizo con forma de mascarilla que conserva imperturbable su leyenda romántica y su penacho de ventisca.
- juego de tiempos verbales con elipsis en su evocación a través de imágenes que se querrían borrosas y que los hacen indefinidos y por tanto continuos y universales:
Ningún resto de esperanza, en esta tierra de los desengaños, ha prevalecido desde que el tiempo fue sellado con el clic del picaporte o con el disparo de Mantua; para nuestra salud nada mejor podía haber ocurrido; ni prevalecerá -se lo puedo asegurar- mientras quede una postal, una fotografía amarillenta como ésa que usted trae, un recuerdo de cualquier índole con el que sondear el abismo de un hoy que no es sino un fue, un algo que no ha existido nunca porque lo que existe fue y lo que fue no ha sido.
- la historia, no como cuento explícito o fin de la narración sino como trama que subyace constante y emerge como universo que recorre la novela:
La gente de Región ha optado por olvidar su propia historia: muy pocos deben conservar una idea veraz de sus padres, de sus primeros pasos, de una edad dorada y adolescente que terminó de súbito en un momento de estupor y abandono. Tal vez la decadencia empieza una mañana de las postrimerías del verano con una reunión de militares, jinetes y rastreadores dispuestos a batir el monte en busca de un jugador de fortuna, el donjuán extranjero que una noche de casino se levantó con su honor y su dinero; la decadencia no es más que eso, la memoria y la polvareda de aquella cabalgata por el camino del Torce, el frenesí de una sociedad agotada y dispuesta a creer que iba a recobrar el honor ausente en una barranca de la Sierra, un montón de piezas de nácar y una venganza de sangre.

Adrede
se ha desgañitado con justicia para que la concurrencia reconozca la inmensa grandeza de Benet. No estaría de más que se prodigara sin reparos sobre su obra.

(Escrito por Bartleby)

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26 mayo 2009
La Copa de Europa
“¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de sus vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era impresionante!”

(ROBERTO FONTANARROSA- 19 de diciembre de 1971)


Mi primer recuerdo de una final de la Copa de Europa es la que jugó el Madrid contra el Liverpool a principios de los ochenta. No creo que tenga imágenes concretas del partido, pero gracias a un truco de la memoria diría que me acuerdo con claridad del gol del Liverpool y de la ligera sensación de alegría que había en casa por la derrota del Madrid. De esa época también tengo vagos recuerdos, aunque más fiables, de una final que le ganó el Aston Villa al Bayern de Rumenigge y de la que le ganó el Hamburgo a la Juve de Dino Zoff.


No fue hasta lo de Heysel que tengo imágenes precisas. Cuando encendí la tele para ver el partido parecía que aún estaban en los prolegómenos. Algo raro pasaba porque el partido ya debía haber empezado. Aunque las informaciones eran algo confusas, se hablaba de que decenas de italianos habían muerto asfixiados. Debo reconocer que, a pesar de lo que había pasado, pude ver el partido con cierto interés y que me alegré de la victoria de la Juve. En esa época yo ya era idiota. Creo que murieron treinta y ocho italianos. Se cuenta que al día siguiente, en Turín, apareció una pintada de los hinchas del Torino que decía Liverpool 38- Juve 1.

Tras la catástrofe de Heysel, vino la humillación de Sevilla (para los que no sepan lo que pasó: en 1986, el Barça perdió la final de la Copa de Europa contra el imbatible Steaua de Bucarest, en Sevilla, con el estadio lleno de barcelonistas, incapaz de marcar un puto gol tras 120 minutos y la tanda de penaltis, en que fallamos los cuatro que tiramos), mi primer gran trauma futbolístico. Luego he tenido muchos más.


De los años posteriores a Sevilla lo mejor fue el asombroso gol de Madjer de tacón contra el Bayern. Los días siguientes a esta final, en el patio del cole todos nos dedicábamos a emular, sin éxito, el gol del argelino; eso sí, conseguimos que los partidos del patio se convirtieran en una performance surrealista. Y de ahí pasamos al estupendo Milan de Sacchi, y al regocijo que me causaron los pertinaces e infructuosos intentos del Madrid de la Quinta.


Hasta que llegó la final de 92. Ese día (20 de mayo de 1992), del que recuerdo todos los detalles (acabé mis exámenes de COU, ensayamos con el grupo para el concierto que daríamos en la fiesta de fin de curso, etc), vi el partido con mi padre, que sospecho que no iba con el Barça. Después de lo de Sevilla, y tal y como estaba discurriendo la cosa, lo único que quería era evitar la tanda de penaltis. Incluso prefería que marcara la Sampdoria antes que sufrir la agonía penaltística otra vez. La historia es conocida: en el minuto 108 de partido falta a favor del Barça; tocó Stoichkov, paró Bakero y chutó Koeman para marcar y darnos, por fin, nuestra primera Copa de Europa. Es difícil encontrar la analogía correcta de un momento así. En este asunto estoy totalmente de acuerdo con el gran Nick Hornby: “el símil sexual se entiende bastante bien, pero no acaba de encajar. Un orgasmo, por muy obviamente placentero que sea, es algo familiar, que se puede incluso repetir y que es previsible, al menos en el caso de un hombre. Ninguno de los momentos que la gente suele describir como los mejores momentos de sus vidas son en modo alguno análogos. Dar a luz debe de ser algo extraordinariamente conmovedor, pero carece del elemento de sorpresa, que es crucial, y además es algo de dura demasiado. Ver cumplida una ambición personal –un ascenso, un premio, lo que sea– no entraña ese factor muy de última hora (…). Puede que ganar un premio enorme en la lotería, pero es que ganar una fortuna es algo que afecta a una parte de la psique radicalmente distinta, y carece del éxtasis comunitario que se tiene en el fútbol. Hay que llegar a la conclusión de que no hay literalmente nada que lo describa. He agotado todas las opciones disponibles. No recuerdo ninguna otra cosa que haya podido codiciar durante veinte años, ¿hay algo que se puede codiciar razonablemente durante tantísimo tiempo?...”


Yo llevaba quince años codiciando eso. Es evidente que no fue el momento más importante de mi vida, pero no encuentro ninguna otra situación que me haya dado un placer tan concreto e intenso, que me haya hecho tan feliz.


Los cuatro goles que nos enchufó el Milan de Capello, dos años después, aniquilaron al Dream Team y fueron el inicio de una larga temporada para el Barça sin oler nada en Europa. Hay que reconocer que en esos años el trofeo se devaluó bastante pues, además de que para participar en él ya no era necesario ser campeón de Liga, ganaron el título equipos horribles como el Borussia de Dortmud o el Madrid de Karembeau, el tipo con más suerte del mundo: un auténtico paquete que ha ganado la Copa de Europa, la Eurocopa y el Mundial, jugando de titular en todas las finales. Eso sin contar que está casado con una top model. He de reconocer que cuando el Madrid ganó la Séptima, con el gol de Mijatovic en clarísimo fuera de juego, me quedé atónito. Después de regodearme ante los infinitos batacazos europeos del Madrid, llegué a pensar que los merengues no volverían a ganar la Copa de Europa. Me equivocaba.


Pues sí, el Madrid ganó tres trofeos en esa época, de la que también debo recordar una siniestra final entre el Milan y la Juve (que acabó 0-0 y se resolvió por penaltis) y la sensacional remontada del Liverpool ante el Milan, perdiendo 3-0 en el descanso. Nosotros estábamos sufriendo la negra etapa del Barça de Gaspart.


De ahí pasamos a la final de París (2006), en que le ganamos al Arsenal gracias a un gol de Belletti. La emoción no fue la misma que en el 92, pero estuvo francamente bien. Habían pasado ya catorce años por lo que no se puede decir que los barcelonistas estuviésemos acostumbrados a ganar la Copa de Europa.


En fin, mañana jugaremos nuestra sexta final. Como siempre, seré incapaz de disfrutar del partido, a no ser que vayamos ganando cuatro a cero en el minuto quince, lo que no parece muy probable. Eso sí, yo con el 2-6 ya he amortizado la temporada.







(Escrito por Desierto Polaco)

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25 mayo 2009
Putas y puteros
A los malnacidos que persiguiendo a los puteros
condenan a las putas a la miseria

Ishtar es hombre y mujer a la vez y sexualmente insaciable en ambas formas. A ella está dedicada la puerta más importante de entrada a Babilonia, la que lleva directamente al corazón de la ciudad, donde se encuentran los templos, palacios y tesoros, entre éstos tanto los legendarios como alguno real. Uno de los más fabulosos se atribuía a la primera reina del mundo, Nitocris, que quiso reinar porque pretendía ser hombre, inaugurando una saga egipcia de mujeres faraones y acogiéndose a la dualidad de Ishtar, según contaban los babilonios con más orgullo que crítica. Nitocris, estadista previsora, dejó una inscripción en una de las puertas de su templo: “Si un futuro gobernante necesita oro, que abra mi tumba”. Darío, el rey persa bajo cuyos dominios estaba entonces Babilonia, ordenó abrir el sepulcro pero sólo encontró el cuerpo de la reina conservado en miel y un ladrillo con una inscripción que condenaba su avaricia al ostracismo: “Si hubieses sido menos porfiado y codicioso, no te habrías convertido en ladrón de tumbas”. Darío arrojó el cuerpo de la reina al Éufrates y con él su propia codicia.

Siguiendo una antigua ley del país, en el templo de Ishtar se prostituyen las mujeres. Toda mujer babilonia debe ir una vez en su vida al templo y esperar al primer hombre que le ofrezca una moneda de plata. En otros templos de la diosa se prostituyen también muchachos con homosexuales, que así ganan una bendición particular de la diosa, pero sólo a las mujeres está reservado el honor supremo de servir a Ishtar. De los confines del mundo entonces conocido llegan extranjeros a someterse con placer a esa ley, pues los babilonios se retraen al ver a sus esposas e hijas sirviendo carnalmente a la diosa. Cuando Jerjes, hijo y sucesor de Darío, visita la ciudad se dirige al templo donde encuentra más de mil mujeres dispuestas al placer en el atrio, con los eunucos ordenando el tráfico sexual. Zopiro, sátrapa de la ciudad, advierte a Jerjes y sus amigos que aquellas mujeres que daban la impresión de disfrutar eran verdaderas prostitutas que simulaban servir a Ishtar. Las más codiciadas eran las ocasionales y a ellas se entrega Jerjes: “Son preferibles las mujeres a las que se ve graves y turbadas, como si de algún modo estuvieran apartadas del cuerpo que ofrendan a la deidad” (Gore Vidal, Creación). Zopiro, oficial del ejército persa, se había desfigurado adrede la cara durante el interminable y estéril asedio de sus tropas a Babilonia para simular una deserción y ganarse la confianza de sus habitantes y el favor de Darío al entregarle la ciudad. Paralelo al ambivalente sentido de Ishtar, en su doble ambición de persa y babilonio, de soldado y gobernante, Zopiro se queda sin cara pero con el trono de la lujuriosa Babilonia.

De la puta legal y el puterío público a la puta íntima y festiva a la vez que melancólica como arquetipo literario: Ilona llega con la melancolía y supera esa trampa para hacerse real. Se nos hace verosímil a fuerza de perder la inocencia y la maldad como su inversa automática en algún recodo oculto de la historia, a fuerza de sernos familiar por identificación más que por experiencia: “Gaviero loco, Maqroll jodido… y así hasta que, entrelazados y jadeantes, hicimos el amor entre risas; como los niños que han pasado por un grave peligro del que acaban de salvarse milagrosamente. Con el sudor, su piel adquiría un sabor almendrado y vertiginoso. La noche llegó de repente y los grillos iniciaron sus señales nocturnas.” (Alvaro Mutis, Ilona llega con la lluvia)

La noche ya se ha echado encima y los grillos mandan: varias Ilonas más tarde y cuando la asepsia ha desbordado el siglo más sangriento, triunfa el puritanismo de la mano de nuevos eunucos. Estos castrados mentales han vuelto y no para proteger legalmente el derecho de ejercicio de las putas sino para perseguir a los puteros y condenarlas así a la clandestinidad y a la explotación de traficantes y chulos, los nuevos bárbaros oficiales. Ya no son beatas de sacristía sino meritorias con despacho de una vieja virtud que se dedican a vestir nuevos santos. Son meritorias de pesebre porque si hay algo que determina más que la cuna es el ansia por salir del arroyo de algunos descastados. Niegan a las putas el derecho al propio cuerpo que tanto pregonan para asuntos más fúnebres. La persecución del putero impide a las putas ejercer en las mismas condiciones de libertad, seguridad y salud que cualquier otro trabajador. En el país que no se entiende sin el puritanismo y donde se asocia publicidad con libertad les prohíben anunciarse bajo amenaza de denunciar a sus clientes. Si hay algo que odian estas nuevas monjas es el espectáculo de la carne que montan las putas, un escenario que contrasta con la vergüenza íntima e inconfesable de las desoladas vidas de sus nuevas guardianas. Es la vieja batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma, una querencia de género que han preferido a la dualidad de Ishtar. Se han quedado con el trono pero sin cara.

Francesca Woodman: Autorretrato, Roma, 1977-78

(Escrito por Bartleby)

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24 mayo 2009
Domingo


Se abre la puerta de una casa y una niña de unos tres o cuatro años sale disparada en línea recta. Luego aparece la madre que la observa. Los que caminamos por la calle peatonal la esquivamos. La criatura luce una sonrisa de oreja a oreja. Espero que su urgencia sea justificada. Y en efecto, así es. Observo cómo alcanza su objetivo: una coloreada tienda de chuches. Entra.

***

Corre una teoría puesta en marcha por el crítico de cine Eduard de Vicente en la que sostiene que el Barça ganará la Champions. Tiene que ver con Dan Brown y su prosa. En 2006 se estrenó en Paris la película “El código Da Vinci”. El Barça ganó la Champions jugada en París. “Ángeles y Demonios”, película también basada en una novela de Dan Brown, se acaba de estrenar en Roma, donde el Barça jugará la final de la Champions…

***

“Si se suprimiera el fuera de juego en el fútbol cada equipo colocaría un jugador dentro del área rival”. ¿Les suena? De hecho es el único argumento que se ha expuesto para defender la existencia de esa regla. ¿Cómo podemos saber que pasaría eso si nunca se ha jugado un partido sin orsai? En realidad no tenemos ni idea de cómo se desarrollaría un partido de fútbol si no hubiera fuera de juego. Se me ocurre pensar que quizá los jugadores tendrían que prepararse mejor físicamente para recorrer espacios anteriormente acotados por la estrategia defensiva de los equipos. Que quizá desaparecerían las jirafas defensivas lentas y solo aptas para el despeje del balón. Qué quizá primarÍa la técnica y la velocidad en detrimento de la dureza, la destrucción y el mediocuentismo. Qué quizá brotaría el gol de tal manera que se conseguirían tanteos parecidos a los que se producen en balonmano. Que quizá… Pero jamás lo sabremos. Porque estamos orgullosos de ser unos putos conservadores.

***

Muchos efectos especiales, mucha técnica actoral, pero todavía siguen sin evitar los pestañeos y muecas defensivas que preceden a la bofetada. La última la tienen a su disposición en la peli “300” cuando la reina Gorgo (Lena Heady) le da un guantazo a Theron (Dominic West).

***

Ya nos hemos habituado a contemplar cómo la gente que transita por la calle y va fumando lanza la colilla al suelo. No sería bueno que no acostumbrásemos también a ver a dueños y empleados de tiendas salir de esos locales a tirar las puntas de cigarrillo al suelo de la calle. Y parece que la costumbre arraiga.

***

A menudo, los futbolistas notan que la presión del balón no es la correcta y se lo comunican al árbitro. Jugador y colegiado, evidentemente, sólo tienen una manera de comprobarlo: apretando la pelota con ambas manos. La última palabra la tiene el de amarillo que decidirá si se cambia o no de balón. Por eso me asombra contemplar a los tenistas, después de que los recogepelotas les hayan entregado las bolas, cómo las descartan con una simple ojeada. Aunque quizá no sea la presión lo que les preocupa. ¿Entonces?

(Escrito por Goslum)

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23 mayo 2009
Pinot Gris/Pinot Grigio

La inviolable lógica con la que el hombre ha puesto nombre a las distintas variedades de uva, ya ha sido objeto de (admirada) noticia en este blog. Por ejemplo, el tempranillo: varietal que madura más temprano que los demás tintos de su zona. Por ejemplo, Cabernet-Sauvignon: variedad que procede del Cabernet Franc y el Sauvignon Blanc. ¿Y qué podría decirse de una uva que está entre el negro (Pinot Noir) y el blanco (Pinot Blanc)? Pues que es gris. Es decir: Pinot Gris. En efecto, la Pinot Gris es una mutación de la Pinot Noir que ha perdido gran parte de la capacidad para sintetizar antocianos en su hollejo (poéticamente: piel). Si observan la fotografía, parece una uva negra. Pero no lo es. Los blancos clásicos (cualquiera: Airen, Macabeo, Godello, Viura…), van amarronándose progresivamente al madurar; la Pinot Gris, se oscurece. Casi como si fuese una tinta. Pero no. Y ahí radica su particularidad.

Aunque procedente, supuestamente, de Borgoña (uno a veces duda de estas procedencias: todo en el vino parece ser borgoñón en origen), es Italia el país que más y mejor ha trabajado esta variedad de uva. De hecho, el nombre reconocido en el mundo entero es Pinot Grigio. En italiano. No crean ustedes que se trata de un varietal-mindundi: es el blanco que más se importa en Estados Unidos. Y el que ha experimentado allí, en los últimos diez años, un auge de plantación más importante. Dentro de Italia, el Vèneto es la región con mejor producción de Grigio. Del Vèneto, además del Prosecco y el Valpolicella, eran, como ustedes saben, Marco Polo, Romeo, Julieta y San Antonio de Padua/Padova, santo patrón de novios y novias. O, por mejor decirlo, de aquéllos que se encomiendan a su amparo para que les salga pareja.


Y ahí, en Venezia –antigua república serenísima y capital del Vèneto– nos hemos dedicado a probar vinos blancos. También, claro, a perdernos por puentes, campos y sotoportegos. A montar en vaporetto y a pasear. A ver minúsculas tiendas con todo tipo de mercancías. A extasiarnos en el “Mercato del pesce al minuto”. A no escuchar más ruido que el de la vida que fluye. Elegir el blanco ha sido obvio: calor y pescado. Y pasta. Y pizza también. En todo caso, nada incompatible con unos vinos fermentados en barrica de madera y con su miajita de crianza. Pero blancos. Y, entre ellos, un par de Grigi admirables. La evolución en la copa de estos vinos, por decirlo en expresión de Juanito el del Corregidor, es para ponerte sentimental. Cómo el primer aroma térreo, metálico, seco hasta la sed, va transformándose con la oxigenación en un ataque mucho más complejo, matizado, frutal, meloso incluso. Se trata de unos vinos limpios, hermosos, esféricos como un mapamundi. De una lágrima glicérica de mucha calidad, que adorna la copa desde el primer movimiento. Si los encuentran, pruébenlos. Y si no, son la excusa perfecta para viajar a Venezia. Cualquiera entendería el gasto.

(Escrito por Protactínio)

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22 mayo 2009
Vacaciones en la Taiga

Hace ya bastantes entradas (y un buen puñado de comentarios) que hablábamos de la visión musulmana del estado de Israel y sus antecedentes en el movimiento sionista. Contábamos cómo algunos autores hablaban del “complot sionista-marxista-capitalista” (un oxímoron casi tan bueno como el del complot judeo-masónico) y señalaban como implicados, por la parte soviética, a los judíos de la cúpula bolchevique (Kamenev, Zimoviev… y por la occidental a la English Zionist Federation y al Sionismo Francés, que tanto había maniobrado para convencer a todo el stablishment de las ventajas económicas y políticas de establecer una cabeza de puente para acosar al Enfermo Turco en la próxima guerra que ya se esperaba. Centrándonos en los tipos del vodka, se dudaba en el Inner Circle de que todos esos leninistas circuncidados fueran practicantes y asiduos a la sinagoga, o si mas bien habrían abandonado a su grupo familiar para quedar como estrictos y neonatos revolucionarios, o al menos un laicismo estilo Bund. Según los partidarios de la teoría de la Internacional Sionista, estaba claro: su condición de judíos (y por definición sionistas migratorios apuntando a Palestina) se impondría siempre sobre la de revolucionarios, y era e-vi-den-tí-si-mo que habían colaborado con sus camaradas/compadres ingleses y franceses en la creación de un estado sionista, incitándoles a la traición o la seducción de los políticos exteriores de ambos países en Oriente Medio. El lobby sionista (que no judío) habría actuado entre Moscú y el Canal de la Mancha con el objetivo de segregar a un grupo y formar un estado independiente con la suma de todos los judíos del mundo, organizado desde bambalinas por un Hijo de los cañones del Potemkin. Esto chocaba de frente con la política de agregación y disolución que se aplicaba desde el Kremlin.¿De donde habían pues sacado semejante idea?

Con la proclama feliciana de “la República de los Pueblos” los hilvanadores de discursos les contaban a sus nacionalidades que el paraíso proletario sería un mosaico de pueblos y razas, tierra y cielos. Luego la supuesta diferencia enriquecedora no pasaba de las exhibiciones folklóricas el día del Primero de Mayo y el Cumpleaños del Amado Líder, pero en el fragor de los despachos y las campañas de buena propaganda hacia el exterior la URSS, tan igualitaria ella, se llegó a crear una Provincia Autónoma Hebrea. Incluso se editaron folletos dirigidos a los judíos animándoles a emigrar a la Sión Soviética. Hemos atrapado al vuelo uno de ellos dedicado a los de habla inglesa (obviamente no eslavos): la fraseología se parece sospechosamente a la utilizada para vender apartamentos en Marina d’Or, con el aditamento de un recuerdo (como si hiciera falta…) de las represiones antisemitas de la época zarista (que los extranjeros podían comparar con las sufridas en sus propios países). Las ideas-gancho están claramente expuestas: un lugar propio para los que siempre están tolerados, nunca aceptados; un territorio donde nunca mas serían minoría. Un terreno “en el idílico entorno del bosque” donde hasta los esfuerzos y penurias de los “colonos” (llevados allí en vagones y soltados a la ventura como trigo sembrado a voleo) se cuentan con un tonillo de aventura propio de las historias de Grizzly Adams o de Heidi (solo falta que las enfermitas se levanten de las sillas de ruedas y anden hasta el retrato de Koba entonando himnos de los jóvenes pioneros). ¡Oh si, un trocito de República “sembrado de encantadoras ruinas”! (¿cómo que ruinas? ¿qué les pasó a sus habitantes? ¿no creen que estamos demasiado cerca de China?) y “tierras vírgenes” (y pantanosas y boscosas, con sus mosquitos y sus lobos, y sus osos, y sus extraños tipos alucinados, tramperos y contrabandistas, sus Chuchunas pululando por ahí, y sus ancianitas viviendo en chozas sobre patas de gallina…)


Aunque los cantos de sirena kalinka atrajeron a bastantes judíos de fuera de Rusia, pocos fueron los soviéticos que se instalaron allí de forma voluntaria (bastante menos de lo esperado), y con el paso del tiempo levantaron el petate y se largaron a otras zonas aunque no fueran tan “kosher”. Será que no les convenció lo que estaba pasando con las repúblicas musulmanas, las cuales eran usadas como colonias para el sustento de la Rusia Blanca y despojadas paulatinamente de sus religiosidad para imponer la dictadura del ateísmo (que no del laicismo). Y si la excusa era que la mentalidad religiosa (léase supersticiosa) y patriarcal de los musulmanes era “un atraso incompatible con el marxismo-leninismo”, el judaísmo no tenía mejores referencias para convencer a los estalinistas de las ventajas de respetar el Sabbath. También es posible que la maniobra les pareciera demasiado similar a los interesados a las veteranas expulsiones de los viejos creyentes y los propios judíos al exilio interior para “darles libertad” (si claro, ancha es Siberia…).

Quizás Stalin ya le daba vueltas a la idea de ir separando a los grupos caracterizados por algún rasgo identitario por razones muy distintas a las de sus colaboradores (mas bien a los supervivientes de las purgas). Tal vez, mientras los aterrados camaradas esperaban conseguir seguridad para los suyos en una frontera lejana “living the great life of the country”, o escribían largos informes elogiando la maniobra como la mas eficaz defensa frente al judaico como religión y el sionismo político de Herzl y Dov Ber Borojov (rival ideológico del marxismo entre la izquierda de la época), el Padrecito se peinaba el mostacho y meditaba cómo hacer mas eficaz el Pogrom Final. Tras las matanzas de la Conspiración de los Médicos, el siguiente movimiento, en la lógica del terror, era ir exterminando a los amigos, parientes y allegados de los “implicados”, y puesto que algunos de los acusados eran judíos tocaba volver a soplar en el clarín de la “conspiración judía”, ir preparando la hoguera y afilando las hachas. Menos mal que al ex-seminarista se lo llevó por delante una apoplejía antes de que tuviera la oportunidad de despachar los planes de “erradicación de los contrarrevolucionarios y saboteadores” que tenía sobre su mesa (por poco, se libraron por poquito), porque si no los judíos rusos, bolcheviques o no, serían ahora tan raros de ver como un lince boreal… o estarían tan extintos comos los aborígenes de Madagascar.

Ahora les ruego encarecidamente que pasen a ver la exposición online sobre el tema que organiza el Colegio Swarthmore.

PD: actualmente sólo el 1,22% del censo de la Provincia Autónoma Hebrea es judío. No parece que el Sión Soviético fuera una idea tan brillante…

(Escrito por Mandarin Goose)

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21 mayo 2009
Zoofilia y bestialismo: les liaisons dangereuses
Los huecos que deja la ignorancia nunca permanecen vacíos. Siempre terminan rellenados de soberbia o de basura ideológica. Es lo que ha ocurrido en este nickjournal con el Crítico Constante y el Atleta Sexual. Afortunadamente sus prejuicios y sarcasmos suenan a destiempo porque han sido dejados de lado por el avance de la humanidad.

Conocer es amar, dice un viejo apotegma. Por eso quiero transmitir aquí algunos conceptos que tal vez permita que esos personajes se abran a nuevas expresiones vitales.

Desde ya he comprobado que el CC y el AS ni siquiera saben distinguir entre la zoofilia y el bestialismo. La zoofilia es, tal como indica su etimología, “amor hacia los animales”. El bestialismo es lo opuesto: el abuso sexual de un animal al que no se le otorgó la mínima posibilidad de expresar su consentimiento. El bestialismo además tiene fuertes componentes sádicos que deben ser objeto de enérgica repulsa. Una imagen equivale a mil palabras. Veamos:


El perro que aparece llorando en la imagen es explotado en una “granja burdel” (Farm Bordelios) de Dinamarca. Eso es bestialismo, crudamente. La ilustración corresponde a una campaña hecha en Europa para que cese la violación de animales y se cierren esos inmundos prostíbulos, habiéndosele remitido una carta abierta al Presidente del Parlamento Europeo en tal sentido.

En contraposición veamos la gran diferencia de expresión en el animal implicado en este hermoso vintage, obra de José Roy, un ilustrador francés de principios del siglo pasado:


La cabra está sonriendo y se muestra complacida con el beso que recibe. Su amante evidenció con un lazo y un moño el amor que se tienen mutuamente. El dibujo de Roy podría ilustrar la obra de teatro “La cabra o quién es Silvia”, que escribió Edward Albee (“Quién teme a Virgina Wolf”), en la que se desarrolla el drama de un hombre casado y con hijos que se enamora perdidamente de una cabra llamada Silvia, quien le retribuye tiernamente. Sin embargo ese amor es rechazado tanto por su esposa como por su hijo homosexual y pese a que su padre siempre lo había aceptado como tal. Porque es mucho más difícil “salir del armario” en relación a la zoofilia que de la homosexualidad. En la revista “SORTIM” dijo así el crítico teatral cuando la obra fue estrenada en Barcelona: LA CABRA no tracta del bestialisme sinó d'una cosa encara molt més difícil d'entendre: la irracional i poderosa naturalesa de l'amor. Aquesta és una comèdia que parla de tolerància i comprensió. Tolerancia y comprensión, conceptos tan difíciles de asimilar por el CC y el AS, que recurren a la condena y el sarcasmo de todo lo que es ajeno a su limitado mundillo.

Otro gran creador, Woody Allen, en su film “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar” mostró una encantadora relación entre un psiquiatra, Gene Wilder, y una oveja:


En el film se puede apreciar mejor cuán atractiva era la oveja y qué enamorados estaban ambos:


Sin embargo quiero dejar constancia que no justifico lo que hizo el psiquiatra porque por una parte no cumplió con el juramento de fidelidad con su esposa pero fundamentalmente no respetó el juramento hipocrático al envolverse en una relación sentimental con su paciente, la oveja, que le había sido entregada por su dueño, un pastor, para que le hiciera un tratamiento debido a que ya no le correspondía afectivamente como antes. El psiquiatra en lugar de tratar de ayudar a reconstruir el vínculo sustituyó al pastor en la relación. No es posible que con el amor pretendamos justificar cualquier cosa.

Por el contrario de los repudiables, en cierta forma, casos de adulterio con animales representados en las obras de Woody Allen y de Edward Albee hay casos en los que una pareja humana se eleva espiritualmente al aceptar que un animal se incorpore a la relación, como se representó en el film “Amor sin barreras” en el cual la mujer no muestra celos hacia la gallina, Cocó Chanel, sino que, por el contrario, colabora con su esposo para que el acto pueda ser consumado sin daños para el animal.


Tal vez alguien se pregunte cómo puede un animal expresar su consentimiento si no puede hablar, tal como de mala fe y con sarcasmo me objetó el CC. Le respondo como abogado: por señas y otras muestras claras de aceptación, tal como lo hacen los mudos o cualquier persona que no puede hablar. Puedo poner muchos ejemplos. Uno de ellos es esta cabra que se muestra complacida con el velo de novia que lleva puesto:


O esta fotografía de una yegua sonriente:


Tal como dice en el artículo correspondiente a la imagen y publicado en el diario El Siglo de Panamá: Hay quienes cogen esto en serio y prefieren a una yegua que a una mujer. Es más fácil convencer con un sombrero lleno de maíz a una yegua que a una mujer que lo que quiere es plata. Porque a eso lleva muchas veces las ambiciones desmedidas de algunas mujeres. Vale la pena reproducir una broma muy sarcástica en tal sentido pero que ubica las cosas en su lugar:


Hay muchos casos donde podemos constatar que hay verdadera consideración hacia los sentimientos del animal, como en un foro donde una mujer evidencia conocimientos profundos al explicar cómo debe encararse sanamente la relación con un perro.

(Continuará)

(Escrito por Hércor)

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20 mayo 2009
La hora del lobo


Representar pesadillas e interioridades subsuelíticas no es una tarea fácil, y lo que se ha hecho al respecto en el mundillo del cine representa una buena prueba de esa dificultad. La realidad de los sueños y de los padecimientos internos suele retratarse de forma banal y enfáticamente torpe. Incluso grandes cineastas como Kubrick han naufragado, en El resplandor, parcialmente en esta tarea. No así Ingmar Bergman. Una prueba de la pericia del cineasta sueco en estos terrenos la podemos encontrar en la fascinante y poco conocida La hora del lobo (1966), que Bergman rodó justo después de Persona. Animado por los resultados de ésta última, decidió persistir en esa misma línea de exploración interior al margen del naturalismo.


Se conoce como 'la hora del lobo' el momento de la noche previo al amanecer, en el que se dice que se producen más muertes y nacimientos que en cualquier otro momento del día. Ese es precisamente el momento de las angustias más profundas que experimenta el personaje interpretado por Max von Sydow, el pintor Johan, que vive en una pequeña isla junto a su mujer, Liv Ullman (Alma). Varios y curiosos personajes irrumpen en la solitaria vida de la pareja y la frecuentación que Sydow lleva a cabo de éstos, en el territorio misterioso del palacio del barón von Merkens (interpretado por el soberbio e insuperable Erland Josephson), desencadena los momentos finales de la narración.

Los demonios acechan, pero lo hacen a la luz del día, envueltos en un aire de representación galante que progresivamente se va haciendo más chocante y mortífera. Johan es un condenado que, sin capacidad de oponer ninguna resistencia, se sumerge en el fragor de la escenificación de su delirio. Los momentos abisales que rodean al protagonista, esos que avanzan en un terreno que va más allá de lo consciente, se escenifican con una sutileza fascinante. Al final del proceso el espejo se rompe: “El espejo está roto, pero ¿qué reflejan los trozos?” (dice un cariacontecido Johan ante la mirada expectante de los demonios).


Arriba dejo una escena decisiva en el transcurso de la película, cuando von Sydow es maquillado para asistir a su ‘cita de amor’ con un antiguo amor, Verónica Vogler (Inglid Thulin). Más abajo, el momento en el que Von Sydow es atacado por un niño demoníaco, y otras escenas destacables de la película (junto con algunas de otra gran obra bergmaniana, El rostro), como la de la cena en el castillo de von Merkens o la de la vieja que se arranca la piel del rostro.

(Escrito por Horrach)

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19 mayo 2009
México/Barcelona
Sólo le faltaba parir a la abuela con permiso de Bibiana (híbrido entre Bíblia y Ana) para que los sufridos españoles de aquí y de allende el Atlántico se pusieran en boca de todos. Desde los rusos sólo tolerantes con “heteros” o etéreos, que mientras organizan el pastiche kitch de Eurovisión reprimen a las Priscilas, hasta los mass media, insistiendo día sí y el otro también, que de México viene la última plaga; esa que mata menos que un modelo de la Toyota. Mientras ideamos como eliminar las responsabilidades bajo la excusa de un derecho a decidir, y el Estado promete una emancipación paterna “prêt-à-porter” para las mujeres de la piel de toro, archipiélagos, Ceuta y Melilla. La falta de ideas me las suple Paula, que me cede para su exposición cinco creaciones que en una homónima sobre mexicanos en Barcelona concluyó entre el 2007 y el 2008. Yo las disfruté.










(Escrito por Cateto de Pacifistán)

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18 mayo 2009
Serpientes
Otros habrá
que te quieran
más tarde,
guardia nutrida
de tu cadáver.

Yo te querré
corazón del instante,
nunca perfecta,
sierpe mudable.

(A este lado del espejo)


Hay muchas serpientes. Cumpliendo una deuda, les hablo hoy de las imaginadas: un animal bueno para pensar y amedrentarse.

En las creencias griegas, la serpiente acompaña a menudo a la diosa infernal Hécate: se enreda, llameante, en su pelo o cubre de escamas su cuerpo. Con tanta guarnición, a veces es difícil precisar dónde acaban una y otra: la diosa misma acaba siendo drákon, una mirada fija y traicionera.

Si logran despegarse de sus curvas, las sierpes pueden ser correo y agencia secreta de su Señora. Según el mito, un mortal, Admeto, se casó sin hacer los debidos sacrificios a Ártemis. Como recompensa, al abrir su lecho de bodas lo encontró lleno de serpientes.

Estas serpientes auxiliares, emanaciones o auxiliares de la diosa, pueden tomar forma humana. De Apolonio de Tiana, filósofo y hombre santo, se cuenta que acudió a visitar a uno de sus discípulos, Menipo, un muchacho de buen ver. Según nos cuenta Filóstrato, Apolonio miró a Menipo desde varios ángulos, como un escultor que guardara en su cabeza el modelo, y al fin dijo: por cierto que tú, hermoso y acechado por las mujeres hermosas, acaricias a una serpiente, y la serpiente a ti.

Menipo se había dejado seducir por una dama de acento extranjero que salió a su encuentro mientras paseaba, ofreciéndole vino y amor fiel. Cuando el cuento avanza, averiguamos que, en efecto, la dama es una serpiente: una mujer de pega en cuyo interior se esconde una sierpe que devora a sus novios. El cuento de Filóstrato es, por lo demás, un cuento chino, que se cuenta por toda Asia, y que en el libro de viajes de John Mandeville aparece convertido en apunte etnográfico:

los de este país tienen a la mujer por algo tan grande y peligroso que les parece que quienes las desvirgan se ponen en peligro de muerte... Y preguntamos la causa de esta costumbre. Y dijeron que antiguamente muchos habían muerto al desvirgar a las mujeres, las cuales tienen serpientes en su cuerpo, y por ello tienen esta costum¬bre, y hacen que otro les abra el camino antes que ponerse en peligro tal.

Apolonio de Tiana, bujarrón casto, no abre camino a su discípulo. Para él, como para otros puritanos, la serpiente encarna la inmundicia femenina, un detritus viviente, y sin embargo (o por eso mismo) sagrado, intocable. En las tumbas antiguas es habitual encontrarlas como espantajo: serpientes de piedra, feroces guardianas de la tumba. A veces, surgen de dentro: se creía que la espina dorsal de un hombre muerto se convertía en serpiente al pudrirse el tuétano, y la aparición de una serpiente en la tumba de un muerto confirmaba que éste era un difunto divino, un héroe. Las almas sin descanso tomaban a menudo esta forma: a Orestes, asesino de su madre, le persigue la imagen fiel de una serpiente del Hades, que sólo él distingue.


La sierpe soñada no sólo se resuelve en mujer, sino que nace de sus aguas. Un libro atribuido a Alberto Magno propone:

Tómense los pelos de una mujer que menstrúa y colóquense bajo un estercolero o tierra abonada, o incluso allí donde el estiércol haya estado en invierno o en verano, y por la fuerza del sol se engendrará una serpiente larga y fuerte.

La creencia, algo dulcificada, persiste en el folklore extremeño: para crear una culebra bastaba con meter un pelo de mujer en una botella de agua clara y mantenerla a la luz de luna los siete días del plenilunio. En otros sitios es más brutal: según ciertos aborígenes australianos, las brujas cortan su vello púbico y hacen con él una larga cuerda. La untan con sangre menstrual, y se trasforma así en una serpiente que envían contra sus víctimas.

Otro fragmento de la literatura médica medieval enlaza así útero y serpiente:

Puesto que la calidad fría busca su contrario, la matriz se alegra con la recepción del esperma cálido... como las serpientes que, al buscar el calor, penetran en el interior de la boca del durmiente.

El arte juega también con estos fantasmas. En un libro muy recomendable sobre prodigios medievales, Claude Kappler reproduce un grabado del siglo XIV que representa a la Mujer Pecadora. Entre las piernas, en lugar de sexo, aparece una cabeza de perro con la lengua fuera, con la leyenda gula. La cabeza se prolonga en un cuerpo de serpiente, provisto en su extremo de otra cabeza que muerde la única pata de la Pecadora. Velahila:


En el arte moderno, Fernand Khnopff pinta así a Ishtar (1888):



Los psicoanalistas, reductores de fantasmas, quisieron ver en estas cabezas de Medusa un miedo a la castración: el coño como herida sangrante, con un falo-serpentina de pega. Sin embargo, más que castrada, la serpiente de estos sueños misóginos es castrante: una vagina dentada, devoradora, con una pepitilla astuta que se alza a verlas venir. Como avisa la copla,

Si el coño tuviera dientes,
comiera pan y cebolla,
pero como no los tiene
come cabezas de polla.

(Escrito por Al59)

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17 mayo 2009
Malaparte
Cambió su nombre en un vano intento de hacerse italiano, pero fue una burla. Otra más en una vida plena de bandazos, peligro, despropósitos y disidencia. Su madre era lombarda y su padre sajón. Como Kurt-Erich Suckert figuraba el voluntario garibaldino en la Legión Extranjera francesa en el Somme. Italia neutral los primeros meses de la Gran Guerra y el sujeto, con 16 años, se alista, en un primer quiebro insólito para el estudiante del Liceo Cicognini mantenido por los modestos campesinos que se hicieron cargo del abandonado medio alemán. A los boches tanto les daba el origen del sujeto, así que los gases del frente no le perdonaron y parece que se acaba esa guerra para el joven Suckert, aunque aún volvió al frente, pero en el Regio Esercito luciendo sus bien merecidas condecoraciones francesas, en un regimiento alpino, para matar austríacos. De ello no habla mucho. Prefiere, quizás para obviar la narración de sucesos poco afortunados para su tropa y de duelos y lances de juego poco convenientes, llevarnos a sus andanzas diplomáticas: en la Polonia de Pilsudsky y Haller y Witos y la invasión roja, en la Varsovia de octubre de 1920 cuando sólo la misión italiana y la pontificia evitan la huida a Czestochowa, cuando los desarrapados de Budienny entran en el barrio varsoviano de Praga. Allí conoce a Weygand y a De Gaulle, y contra la historiografía francesa atribuye el éxito al viejo legionario del ejército austrohúngaro Joseph Pilsudsky. Los acontecimientos le servirán para un primer capítulo del libro que publicó Grasset en París en 1931 y que le valdría enemistad con el Duce: “La técnica del Golpe de Estado”. Pero eso será después de lo de la Marcha sobre Roma de 1922, cuando ya se ha hecho fascista y de los radicales del ala izquierdista (es un decir) y funda el diario La Conquista dello Stato, cuya cabecera habría de copiar Ledesma Ramos en otro país. En 1925 deja de ser Suckert. Se llamará Curzio Malaparte, para acabar bien, al contrario que el corso que tan mal terminó, le dice a Mussolini. Pero ya le censuran libros, que no coinciden con la exaltación hiperbólica de las virtudes patrias: “Viva Caporetto” y “La Revuelta de los santos malditos”. En 1929 publica un opúsculo (“Don Camaléon”) contra los Pactos de Letrán, que provoca su amable expulsión de Roma con el encargo de dirigir La Stampa turinesa. Pero sigue rumiando su desencanto y además de abandonar la activa militancia fascista decide establecerse como corresponsal entre Londres y París. Ya dijimos que publica “La técnica del golpe de Estado” en francés, lo que no evita una condena a cinco años de confinamiento interno, cuando, orgulloso, obedece la orden del Duce de regresar para responder por sus críticas. No pena mucho en su exilio interior, pues cuenta con la protección del Conde Ciano. La obra, que según Malaparte es meramente descriptiva, se vende muy bien aunque fuera prohibida en los dominios de los dictadores fascistas. Al italiano le debió molestar la denuncia de su aproximación a la reacción industrial y al alemán, al que califica de “ególatra oportunista”, que los socialistas usaran el libro en sus campañas electorales, durante los estertores de Weimar.




Cumplida su condena regresó a Roma, pero marcado por el régimen (le confinarían de nuevo durante la visita de Hitler en 1938), pero se fue manejando gracias a sus contactos y habilidad con la pluma en publicaciones como Prospettive donde tiene la osadía de dar cancha a opositores como Moravia. Claro que esa aventura termina con su nombramiento como corresponsal de guerra y adscripción a su viejo regimiento alpino, en 1939, bajo la mirada benevolente del antiguo camarada Benito, benevolencia que se va agotando cuando en 1940 aparece “Il Sole e’cieco” contra la artera y ventajista intervención italiana contra la Francia derrotada por la Wehrmacht. Así que se van acabando los privilegios y es adscrito a un escuadrón de bombardeo para la ignominiosa campaña de Grecia. Dicen que anduvo por Yugoslavia siguiendo a un batallón de limpieza de partisanos y que en Croacia colaboró con los Ustachas de Pávelic, pero no hay certeza sobre ello. En agosto de 1941 le esperaba el Frente del Este, en el Cuerpo de Ejército del General Meste, y poco después directamente en el 11º Ejército alemán, como corresponsal otra vez, y allí conoce a Himmler, a Von Manstein, al sátrapa del vertedero del Gobierno General, Gobernador Frank, a Paulus y tantos otros. De allí el material para su segundo libro más conocido, “Kaputt” (publicado en 1944 en Nápoles), y unas crónicas más bien veraces (el material del que se nutre “Il Volga nasce in Europa”, donde se narra por primera vez una matanza de judíos) que provocan su expulsión por orden de la autoridad militar alemana, y tras una breve estancia en la romana prisión de Regina Coeli de la que sale una vez más por intercesión del infeliz Galeazzo Ciano, vuelve a Rusia, a otro Frente, al de Leningrado, donde tiene ocasión de recorrer las posiciones heladas por las que maniobra y resiste una valiente tropa venida del Sur y prenda de otro dictador para evitar un capítulo más de aquella guerra. El lago Ladoga le sobrecoge con la imagen de cientos de caballos congelados antes de llegar a su orilla, metáfora del destino de las potencias del Eje en una guerra que ya sabía perdida. En 1943, desde Finlandia, pasa a Suecia y de allí a la Italia liberada, para enrolarse de nuevo pero como oficial de enlace con los norteamericanos, tras haber sido arrestado en su villa de Capri por el nuevo régimen. Con los aliados hace el resto de la campaña de Italia, y de sus impresiones y disgustos es fruto “La Pelle” (que la comisión pontificia correspondiente se apresuró a enviar al Índice), donde vuelca toda su desilusión por su país y sus compatriotas y donde testimonia su amistad con algunos invasores:

“All'affettuosa memoria del Colonnello Henry H. Cumming, dell'Università di Virginia, e di tutti i bravi, i buoni, gli onesti soldati americani, miei compagni d'arme dal 1943 al 1945, morti inutilmente per la libertà dell'Europa”.

Ese hastío de su país le lleva a establecerse en París, otra vez, donde fracasa como autor teatral en lengua francesa (
“Du côté de chez Proust” y “Das Kapital”) y cineasta (“Le Christ interdit”, con la que ganó un premio especial del Festival de Cine de Berlín en 1951, más bien por la mala conciencia del jurado).


Iniciados los Cincuenta otea el horizonte y da un nuevo viraje, a babor, y se declara comunista, especialmente interesado por su versión maoísta y como espíritu inquieto que es, decide viajar a China para ver cómo va el experimento, viaje que no acaba por la dolencia pulmonar que le perseguía desde la Gran Guerra, agravada siempre por su severa adicción al peor tabaco. En su agonía final, que duró cuatro meses, solicita el carnet del PCI y para alimentar una nueva polémica, abandona la fe protestante heredada de su padre sajón, y es recibido en la Iglesia de Roma. La República Popular China recibe como legado su villa de Capri, en lo que fue su última carcajada ante el Destino.


Yo leí a Malaparte hace más de veinticinco años, en un volumen encuadernado en piel de Plaza & Janés, en una edición de 1960 o 1962, que andaba por la biblioteca de mi padre y que contenía “La técnica…”, “La Piel”, “Kaputt” y “El Volga…” hoy casi una rareza. El otro día lo buscaba en los viejos anaqueles y no estaba. Mi hermano, a quien le importa un bledo el autor o lo que escribe, se lo llevó. He conseguido una edición de Planeta en la colección Blacklist, de marzo de este año, para “La Técnica…” y otro de “La Piel” publicado con una colección de novelistas contemporáneos que distribuía el diario El País, y he prometido algunas monedas de la colección familiar que tenía adjudicadas, para hacerme con el ejemplar, pero se resiste. Sin embargo, no cejaré. Estoy cerca.


(Escrito por Phil Blakeway)

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[0] Editado por Mercutio a las 9:00:00 | Todos los comentarios 194 comentarios // Año IV