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31 agosto 2008
Atención al cliente

(Por Errabundo)

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[0] Editado por Tsevanrabtan a las 9:00:00 | Todos los comentarios 67 comentarios // Año IV
30 agosto 2008
Las caballas asadas son para el verano

Ya dije el otro día que lo malo de hacer una brasa es que, a menos que declinemos hacer de cocineros jefes y adoptemos un papel secundario (hacer la ensalada), acabamos atufando a heterodoxo español pasado por la tradicional hoguera. Pero el hacer de cocinero de barbacoa (o la brasa en el campo, la de toda la vida) satisface el atávico impulso de ejercer de taumaturgo tribal, macho alfa que controla el fuego y el acceso al alimento (repartiendo en los platos chorizos, chuleta y tiras de churrasco). El sahumerio del encargado de tan importante puesto es componente principal del rito.

-Eso me recuerda cierto glorioso día de fiestas asilvestradas, en las cuales un entonces novio acudió a recoger a su pijísima y modosísima amada con el Renault nuevo y traje de señorito, y se encontró con la dulce ninfa (y sus amigas) en estado etílico jocundo, ahumadas hasta las cejas y con tal grado de tizne, grasa y hollín que el conductor se negó a que subieran al coche antes de colocar enormes plásticos sobre los asientos y respaldos en los cuales se aposentaron las nemorosas (y apestosas) doncellas-

Para que la parrillada incluya pescado sin que éste se deshaga en el fuego, el truco está en cómo asarlo. Elegiremos una bandeja de aluminio, de esas de usar y tirar, que ocupe la parrilla con desahogo, y en ella se colocan las piezas de pescado limpias y evisceradas con un chorrete de aceite de oliva de calidad. Si elegimos pescados azules (los mejores para estos tratamientos), el aceite añadido será mínimo, aportando toda la grasa el propio pez. Se deben poner en la bandeja unas rodajas de limón para que aporten aroma al pescado, pero este protagonista debe ser de la máxima frescura, y si no a la basura, nada de apaños. Se cubre la bandeja con papel de aluminio, que mantendrá calor y humedad en el cocimiento, pero no ajustarlo, lo que permitirá la circulación de los aromas y el exceso de vapor (¡circulen, circulen…!). Se coloca la bandeja en la parrilla y se vigila con amor de madre para que quede en su punto, antes poco hecho que reseco. El aviso nos lo dará el olfato y la carne que se desprenderá con facilidad de las espinas.

El pescado azul combina estupendamente con salsas y aliños ligeros y ácidos. Véase por ejemplo:

Salsa de Aguacate: se pasa por la batidora la carne de un aguacate bien maduro, un yogur natural y media taza de cebolla tierna en trozos. Si se dispone de Chaat Masala, se añade media cucharadita, pero si no es así lo supliremos con un pellizco de menta seca pulverizada, sal, pimienta negra molida, comino y alcaravea molidos y algo de levístico (recuerden la receta romana), que si no puede sustituirse por unas hojas de apio.

Tzatziki: más ligera aún que la anterior, que se puede hacer más o menos densa con agua helada y transformarse en una sopa fría. Se mezcla un yogur natural, un pepino pelado y en trozos, una cucharadita de aceite de oliva, un ajo pelado, un poco de menta fresca y/o perejil, un golpe de sal y otro de pimienta, y se pasa por la batidora.

Aliño de menta: se mezcla un buen puñado de hojas de menta fresca, unas cucharadas de zumo de limón y un poco de pimienta negra recién molida y sal en el mortero, y se machaca con la mano (del mortero), como si se hiciera un mojito. Se añade una cucharada de aceite de oliva virgen y se mezcla con una cuchara.

Gazpacho: tal cual suena. Se aprovecha un poco de gazpacho que haya quedado, se añade un poco mas de miga de pan para espesarlo y se coloca en la mesa.

Sírvase con ensalada verde al gusto del maestro ensaladero y un vino blanco a la altura, algo con personalidad y largo sabor, porque las salsas (y no digamos el pescado azul a la brasa) tienden a apoderarse de toda la nariz y la boca del comensal, dejando poco espacio para vinos melindrosos.

(Escrito por Mandarin Goose)

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[0] Editado por Protactínio a las 9:00:00 | Todos los comentarios 136 comentarios // Año IV
29 agosto 2008
Gerona y fonda
El viajero de la meseta y allende Despeñaperros que desea pasar unos días a lomos de su carro por las costas francesas e italianas ahora lo tiene claro. Parada y fonda en Gerona. Las tentaciones a cienes. Pero dejemos El Bulli para gente de posibles como Arcadi y Aldeans.

A poca distancia de Cala Montjoi y en los alrededores de Figueras encontrará el Hotel Empordá (972 50 05 62). Fundado en 1961, es un valor seguro. A la vera de la antigua carretera nacional, déjese acoger por el interior, por la irónica rudeza de su muy eficaz servicio y por una cocina catalana que mezcla las recetas del fundador Josep Mercader con la creatividad de Jaume Subirós. No se olvidé de dejar un huequito para el carro de quesos... Y el de postres. "Le traigo una copa de tinto para que el queso sea más feliz" le dirá uno de los camareros. Parece, además, que el hotel fue residencia durante años de Josep Plá.

Mas Pau

Deje para el viaje de vuelta la visita a Mas Pau (972 546 154), masía del siglo XVI reconvertida en restaurante con habitaciones. Más de treinta años llevan ya en Mas Pau dando de comer al viajero. La última década con Xabier Sagristá en los fogones y Arturo Sagües en la sala. Pase el tiempo mínimo en las habitaciones todavía decoradas con muebles de la "república independiente" y acuda raudo a la vieja masía. Si opta por el menú "Festival de Sabors" el disfrute está asegurado. Después de los aperitivos le espera un huevo poché con minestrone para pasar a los canelones rellenos de setas y alcachofas al aceite de trufa blanca. Excepcionales. Termine con un pescado de escama en su punto, afortunadamente muy lejos de los "pesce a a la griglia" que acostumbran en Liguria, tan pequeños como pasados. Y un rabo de buey con crujiente de pasta. Antes del postre la "piece de resistence" de la casa el carro de quesos. Los carros de quesos, porque son dos. De todos los tipos, animales y lugares. Si el estómago resiste le quedan dos postres y una copita de cava. Si además tiene una mesa a la vera de la terraza con vistas al último eclipse de luna del verano estará muy cerca de la gloria. No se puede pedir Mas.

(Escrito por Pangloss)

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28 agosto 2008
Si bebes, no beses

Mi primo el Richal me envía este bello daguerrotipo. No crean que mi primo se ha vuelto abstemio o prohibicionista, qué va. Tampoco, creo yo, pretende lanzarme un poco subliminal mensaje que mitigue mi dipsomanía. Por otra parte, sólo por no tener que besar los labios de semejantes cachivaches uno sería capaz de sellar los suyos para siempre a base, incluso, de dry martinis, que es bebida churchilliana y significativa. De la vieja fotografía me interesan, sobre todo, los gestos: adustos, irritados, severos, firmes en su gráficamente insultante mutismo. Pero, además, la foto es un hermoso oxímoron, claro. Ellas se niegan, rotundamente, a ofrecer sus labios a un bebedor; pero ignoran el arqueo bruto de alcohol necesario para desear semejantes labios. El estruendoso silencio, o sea. O el beso abofeteador.

(Escrito por Protactínio)

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27 agosto 2008
Françoise Hardy

(Voilà)

Disculpen la autocita, pero esta semana he hablado en mi blog de la divina Françoise Hardy, una cantante entrañable y mujer de belleza fascinante. Aprovecharé para seguir una de mis aficiones: repetirme. Llevo todo el mes de agosto escuchando jazz, sobre todo el de John Coltrane y Miles Davis. Música densa y oscura, con tendencia a estructuras musicales poco melódicas. Debe ser por eso que cuando acaba el mes me he ido al otro extremo, la melódica música ye-yé francesa de la década de los 60, que solía escuchar de niño y adolescente. Los Dutronc, Vartan, Hallyday & co. Un amigo mío, filosofero también, se va a mediados de septiembre a pasar cuatro meses a París y le estoy haciendo una pequeña selección musical, y es aquí cuando me he reencontrado con la adorable Françoise Hardy, mi figura favorita de aquella curiosa época. Era para mí una mujer de belleza imponente, fría pero expresiva, con una voz que me emocionaba como pocas. Y una mirada...

(La maison ou j'ai grandi)

Una de las pegas más evidentes de la industria cultural de Occidente es esa capacidad que tiene para borrar huellas. Huellas que implican influencias, quiero decir. Que el personal no conozca bien el pasado, que tenga escaso bagaje sobre el mismo, hace más fácil que te puedan vender gato por liebre. Como sucede con la famosa Carla Bruni, que no es que sea mala cantante, pero sus méritos se exageran cuando se olvida quien está detrás de ese estilo, de esa voz, de esa imagen. La citada Françoise. Sucede lo mismo con otros cantantes actuales franceses, por no entrar en otros ámbitos culturales. Pasan por vanguardia cuando sólo son, en el mejor de los casos, apañados imitadores de referentes convenientemente ocultados.



(Mon amie, la rose)

A diferencia de la Bruni, Hardy no habría enamorado al tontaina de Sarkozy. Además de al niño/adolescente Horrach, enamoró al canalla Jacques Dutronc (la cara de gamberro simpático que gastaba el joven Dutronc siempre me recuerda al gran Valentino Rossi), con el que cantó alguna que otra canción y con el que concibió un hijo, Thomas, ahora músico y también cantante.

(Va pas prendre un tambour)

Ya está mayor, pero la Hardy sigue trabajando. Nada mal, por cierto. Y, a diferencia de otras mujeres, cuya belleza es arrasada con la edad (estoy pensando en la coetánea Anne Wiazemsky, que hace poco publicó un libro sobre su relación con el cineasta Robert Bresson), la Hardy sigue conservando parte de esa aureola que la caracterizaba en los 60. Un ejemplo más o menos reciente de su música lo encontramos en una colaboración que llevó a cabo con el dúo Air, que permitió dar a luz esta joya: Jeanne.

(Tout les garçons et les filles)

(Je Veux Qu'Il Revienne)

(Escrito por Horrach)

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25 agosto 2008
Otra melancolía árabe
Todas las drogas no son iguales pero algunas son más desiguales que otras. La peor es la heroína. La cocaína y los barbitúricos le pisan los talones. El alcohol está quinto y el tabaco noveno, y ambos serían peores que el ácido lisérgico, el hachís y el cata. La apreciación, basada en tres criterios: los daños físicos, la dependencia y las repercusiones sociales, la hacen treinta miembros del Colegio de siquiatras del Reino Unido, en un estudio a cargo de la Universidad de Bristol, cuyos resultados publica The Lancet. Gente sobria toda ella.

El estudio muestra que la peligrosidad de las drogas no se correlaciona con su aceptación social y legal, puesto que tres drogas legales, los barbitúricos, el alcohol y el tabaco, se encuentran entre las diez drogas calificadas como más peligrosas. Esto podría llevar a las autoridades a variar su punto de vista sobre estas substancias y prohibirlas o permitirlas a todas por parejo. ‘Hay personas que consumen drogas ilegales de manera controlada, mientras que otras tienen muchos problemas por su consumo de sustancias legales, como el alcohol o el tabaco’, afirman sus autores. Pero las autoridades británicas se han apresurado en señalar que no tienen ningún apuro por cambiar la clasificación legal de las drogas.

Estoy lejos de haber experimentado todas las drogas de la lista, Alá no lo consienta. Confieso, sí, haber masticado hojas de cata, en el lejano Yemen, y me animo por lo tanto a intervenir en este asunto, teniendo en cuenta, además, que la llegada del cata a Europa ya es una realidad por la vía de los emigrantes originarios de los países que bordean el Mar Rojo, el sobaco de África como lo llamó JollyRoger en este Nickjournal, presentes sobre todo en Londres. Y ya se sabe que en materia de penetración la vía londinense es imparable, como ha quedado demostrado por el régimen parlamentario, el fútbol y los museos de cera.

En el Yemen, después del trabajo matinal y de la comida del mediodía los hombres se sientan a catar, es decir a masticar a dos carrillos las hojas tiernas de un arbolillo con aspecto de pitisporo, llamado catha edulis (edulis significa comestible), hojas que han comprado por la mañana en los mercados. El jugo de estas hojas los predispone a adentrarse en múltiples y alegres conversaciones (la palabra ‘droga’ deriva del árabe hatruka, literalmente ‘charlatanería’), mientras beben té dulcísimo y escuchan el también dulce tañido del laúd.


Al caer la tarde, los catadores van volviéndose silenciosos y melancólicos. Aparte de las numerosas razones biológicas y existenciales que asocian a la melancolía con la llegada de la noche, hay otra razonceta que va en la misma dirección, y que, en un arrebato de sinceridad, confiesan los catadores yemeníes: el cata disminuye el apetito sexual. No mucho, justo lo suficiente como para sentirse decaído al ver morir el día e imaginar que en el lecho alguien te espera o no te espera.

No sé si los evaluadores británicos habrán tenido en cuenta esta última variable a la hora de juzgar a la hoja yemení, ni cuántos puntos más o menos habría que darle o quitarle, ni tampoco qué incidencia tendrá este detalle en el va y viene entre la explosión y la implosión demográfica. Lo cierto es que contando con que en el 2030 los terrícolas seremos ocho mil millones (espero no faltar a la cita), un tal Lorenzo Carnot, que circula por la Red con una tarjeta de presentación donde se lee ‘artista social chileno’, se ha hecho un nombre como promotor de una campaña contra el consumo de drogas en base a este único mensaje: ‘Deje la droga. Somos muchos y queda poca’.

(Escrito por Josepepe)

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[0] Editado por Bartleby a las 8:00:00 | Todos los comentarios 141 comentarios // Año IV
24 agosto 2008
Entrevista exclusiva de Goslum para el nickjournalarcadiano con el encargado de una empresa de actividades físicas por sorpresa


Se trata de una empresa de apariencia difusa, incluso confusa, pero tiene una ubicación física notablemente accesible si se desea contactar con ella. Alojada en la quinta planta de un edificio con cristales ahumados en todas las ventanas, la oficina en la que entro desprende un intenso olor a Linimento Sloan. Me recibe un señor bajito de mirada torbosa (entre torva y morbosa). Me tiende una mano pequeña y sudorosa que enseguida resbala dentro de la mía y se escapa como una anguila. Extrae y me ofrece una almendra garrapiñada de un bote enorme que contiene otra más. Me da pena que se separen y la rechazo. El fruto seco caramelizado hace clinc al asentarse en su anterior hábitat. Nosotros también tomamos asiento.

GOSLUM: ¿Puede decirme el nombre de la empresa?

ENCARGADO: Minelli.

G: Dedicada…

E: A las palizas por encargo. “Palizzas Minelli, herederos de Judy Garland”.

G: ¿Usted es el encargado?

E: De la empresa, pero de las palizas se encarga un señor de hombros increíbles, bíceps tiples y masa cerebral irresponsable.

G: ¿Sólo tienen un empleado?

E: No, yo me refería al empleado tipo, en realidad tenemos más de cien. Nos los crían en granjas.

G: ¿Matones criados en granja? Son ustedes una empresa de tecnología punta…

E: Bueno, según comentarios de nuestras víctimas, de tecnología hijo-punta.

G: Quién encarga una paliza hoy día.

E: Se sorprendería de la cantidad de gente que está dispuesta a pagar para que alguien salga perjudicado. Niños incluso.

G: ¿Niños?

E: Párvulos con huchas repletas han venido a suplicarnos que les machacáramos los riñones a compañeros de aula.

G: Pero ustedes se negarían…

E: Hombre, claro, si hubiera visto sus caritas cuando les dijimos que con lo que contenían aquellas huchas no teníamos ni para obligrarlos a que se comieran sus mocos…

G: Los críos son muy crueles.

E: Pero desgraciadamente insolventes.

G: ¿Qué sucede cuando alguien se pasa de paliza a desconexión wifi cerebral?

E: Esa insinuación me ofende. Nuestros profesionales trabajan el cráneo humano y su masa cerebral con mayor pericia que muchos neurólogos.

G: He oído que ofrecen ustedes la posibilidad de dar palizas a grupos.

E: Sí, una vez nos contrataron por dar una buena zurra a cincuenta fans de Mónica Naranjo.

G: ¿Qué pasa si un cliente no queda satisfecho?, ¿le devuelven el dinero?

E: Jamás devolvemos el dinero. Lo que hacemos es dejarlos que miren durante una somanta a otro cliente.

G: Vaya. ¿Y el precio?

E: Una paliza bien dada no tiene precio. Cobramos la voluntad.

G: ¿Quiénes encargan hoy día una tunda?

E: Hay de todo, desde profesionales liberales hasta profesionales fascistas. Desde albañiles encalados hasta abogados del estado del bienestar. Aunque últimamente los cocineros se llevan la palma.

G: Una sociedad que recurre a las palizas, ¿no es una sociedad enferma?

E: Al contrario, creo que la sociedad está enferma porque no es capaz de ejercer la venganza con desenvoltura. La venganza relaja tanto como el deporte o el sexo.

G: Pues debería usted probar el sexo alguna vez.

E: Podría encargar ahora mismo una paliza, pero carezco de voluntad para pagar.

G: Un alivio.

E: Y ahora, si me permite, tengo que atender una empresa.

G (Le tiende la mano): ¿No me da la mano?

E: No, porque no ha querido la garrapiñada.

G: Qué vengativo, oyes.


(Escrito por Goslum)

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23 agosto 2008
Vichyssoise

Es frecuente recordar cuándo y dónde se comió uno algún plato memorable. Por ejemplo, unos pulpets con habitas tiernas que servidor se regaló en un bonito restaurante de Sitges llamado La Fragata. O una mezcla de setas de temporada (todas naturales y recién cogidas) que probé en Casa Quirze, de Esplugues de Llobregat, coincidiendo, por cierto, con en trío El Tricicle que, en su totalidad manifiesta y en la mesa de al lado, se restauraban entre toma y toma. Recuerdo, igualmente, cuándo comí la peor vichyssoise de mi vida: fue el 25 de julio de 1992 en el restaurante del hotel NH Ciudad de Zaragoza. No es que mi memoria sea prodigiosa, no crean. Es que en tal fecha comenzaron los Juegos Olímpicos en Barcelona, hizo un calor absolutamente lógico para el día de Santiago y mi coche de entonces no tenía aire acondicionado. Volvíamos de la Costa Brava y atravesamos los Monegros a eso de las cinco de la tarde. Paré en la primera gasolinera, busqué un hotel en la Guía CAMPSA y a dormir en Zaragoza. Cenando al mismo tiempo estaba el equipo técnico de la selección olímpica danesa de fútbol, encabezado por Richard Møller Nielsen. No sé si pedirían vichyssoise (supongo que no) pero, de hacerlo, no me extraña que cayeran eliminados a las primeras de cambio, como sucedió. Les acabó echando Australia con un contundente 3-0. Goles de Markovski, Mori y Vidmar que, aunque no lo parezca, son australianos.

Yo siempre había pensado que la vichyssoise sería, claro, una receta francesa. Por eso me sorprendió que, hace unos años y durante una visita a Nantes, ninguno de los diez o doce miembros del Departamento de Química de su Universidad conociera dicho plato. Me invitaron a comer a un restaurante pequeñito y muy francés. De esos restaurantes franceses que son, exactamente, como los restaurantes franceses de las películas americanas, para que me entiendan. Y, en el cortísimo menú, figuraba la vichyssoise. Vichyssoise… Qu'est-ce que c'est vichyssoise?, preguntaron al unísono. Cuando les expliqué en qué consistía el plato, negaron rotundos. Mais non. C’est ne pas française. Ça doive être espagnol, sans doute…. Sólo les faltó añadir: Pas des hommages içi au régime de Vichy, mon ami. El caso es que, efectivamente, el plato no es francés ni español, sino americano. Neoyorkino, para más señas, aunque inventado por un chef francés llamado Louis Diat conforme nos enseñan la wiki y este magnífico blog de historia/historias de la cocina.

La mejor vichyssoise del universo mundo, muerto Diat el 1957, es la que prepara mi mujer siguiendo a pie juntillas la receta de la Simona. Y quien ose discutirlo, que venga y la pruebe. Está invitado. Y juro por éstas que son cruces que, a partir de semejante experiencia, todas las demás le parecerán tan desabridas, sosas y masticables como la del hotel Ciudad de Zaragoza. Toma, pues, una cebolla grande y pícala finamente. En una buena cacerola, funde dos cucharadas de mantequilla y pon a pochar la cebolla. Mientras se hace, corta en rodajas cuatro puerros, de los que despreciarás la parte verde superior. Añádelos a la cebolla y, a fuego mediano, da unas vueltas a todo junto. Salpimienta a voluntad, aunque debes ser moderado con la sal por la razón que ahora te diré. Toma tres patatas de regular tamaño, pélalas y córtalas como si fueses a hacer tortilla. Quizá en lonchas algo más gruesas. Únelas al pochado y deja que se reblandezcan un poco. No se trata de freír la patata: sólo de ablandarla. Entonces, echa un litro de agua y dos pastillas de Avecrem. Verás que semejante sintético puede ser sustituido por un litro de caldo de pollo o gallina, claro. Pero, ¿quién se acuerda de prepararlo antes? Y más en verano. Da un poco de fuego alto hasta que empiece a hervir, bájalo a medio y mantén la cochura unos veinte minutos. Déjalo templarse y pásalo por la Miniprimer. Añade entonces nata líquida (algo más de un cuarto de litro), bate bien y cata el asunto. Si te parece espesa de más, ponle un poco de leche y vuelve a homogeneizar con la batidora. Si fuese menester, rectifica la sal. Mete la crema en la nevera y sírvela bien fría. No olvides que su nombre original era “créme vichyssoise glacée”.

(Escrito por Protactínio)

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22 agosto 2008
Freestyler
Estaba cayendo y en su trayecto vino a su recuerdo el cartel de una venta en la que se fijó durante una caravana de muchas horas en una carretera de un carril por sentido, agosto, situada en la salida de un pueblo costero gaditano pero colonizado ese mes por madrileños, en dirección a otro pueblo costero gaditano cosmopolitizado durante esas fechas y el cartel en cuestión era de la venta Don Pato pero el nombre no representaba la especialidad culinaria de la casa sino que según delataba el cartel correspondía al apodo del propietario, cuyo rostro de labio inferior grueso y hoyuelos desmesurados lucía a vista de carretera y se parecía incontrovertiblemente a un pato, igual que aquél compañero de colegio que debía estudiar un par de cursos por delante suya y apodado también ‘el pato’ y que tocaba la guitarra en aquél grupillo que se ataviaba uniformemente con pantalones de pitillo, tupés que ya se habían caído a la hora del recreo y que se hizo llamar Luna, como los Luna de Dean Warenham, sucesores noventeros de la fructífera aventura de Galaxie 500, esa banda que ella descubrió a través de Sergio, el primer chico a quien practicó una felación y que la abasteció de novelas beat y prosopopeya hipster en un semestre, lo que duró la relación, de paseos en moto grande y medias rotas, en el año de los juegos de Seúl, ahora que terminan los de China, cuando le dio por seguir de madrugada las competiciones de natación porque ella aún se esforzaba, de hecho era su último año, en las piscinas, con aquel entrenador que aún la sonrojaba en las broncas que infligía a cada despiste, a cada brazada técnicamente reprochable, a cada tiempo que no mejoraba el anterior, Paco, qué habrá sido de él y de su hija Asun, colega de entrenamientos y amiga de salidas y compañera de estudios, muy puesta en el maldito latín que tanto se le atragantó y sólo pudo aprobar en los exámenes de tercero de B.U.P., el último curso en el privado antes de encaminarse al instituto y cambiar de ambiente, profesores y penetrar en la enseñanza mixta, aunque bien que se mezclaron ella y sus compañeras en el viaje de aquél mismo tercer curso, a Tenerife, donde las cucarachas voladoras habitaban la baranda de piedra del paseo marítimo del Puerto de la Cruz, con sus piscinas saladas que le pusieron la piel morada como roja se puso ahí abajo tras el encuentro ebrio e insatisfactorio de la primera noche, qué rapidez, con un chico gallego que recorría su propio fin de curso adolescente y cuya cara evoca ahora, tantos años después, en un primer plano, en un flashback, con sus ojos brumosos y la risa que echaba por la gracia que le hacía el acento sureño de ella, sureño que allí en las islas era norteño, piensa ahora, como septentrionales son los canarios desde una perspectiva malgache, África, donde debió ir hace dos años a visitar a aquella inglesa que se moría y no era familia pero fue una tía adoptiva en la infancia, supliendo la falta de vehículo e iniciativa de su propia madre para llenarle los veranos de ocio y aventura, con excursiones a las que entonces eran playas vírgenes y acampadas nocturnas echando un toldo desde el Land Rover y acunándose en el sonido marino y un techo plenilunio y cenando en la única venta del camino, acaso la misma del pato, y con la divisa de sus primeros atardeceres, el sol ocultándose en el Atlántico, quizás los más bellos de la península, según acaban de votar en una web los turistas madrileños.


(Escrito por Sickofitall)

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21 agosto 2008
Nada que escribir

horror.
(Del lat. horror, -ōris).
1. m. Sentimiento intenso causado por algo terrible y espantoso.

tragedia.
(Del lat. tragoedĭa, y este del gr. τραγῳδία).
1. f. Obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal que mueven a compasión y espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarle a considerar el enigma del destino humano, y en la cual la pugna entre libertad y necesidad termina generalmente en un desenlace funesto.

Sintagmas clave: compasión y espanto; enigma del destino humano; desenlace funesto.

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20 agosto 2008
La vida de los muertos
Estaremos de acuerdo (probablemente) en que la muerte es el momento más íntimo de la vida, el más solitario. Como todo extremo lo presumimos, más que lo asumimos, ya que somos inexpertos en el asunto, por lo que sólo podemos hablar de ello, especular, argüir en el reflejo de los que han muerto. La prueba es que no ha quedado ninguno para contarlo. El progreso, la civilización, la evolución humana, se caracteriza por una paradoja: la curiosa y simultánea extensión de vida y soledad. Occidente, el mundo desarrollado, reserva la soledad como signo distintivo e invasor de la vida, mientras que las comunidades más primitivas, menos desarrolladas o con otras formas de civilización –tómese la denominación más piadosa que se prefiera- sólo permiten la soledad en su momento más propio, la muerte.

1. La muerte escondida, colectiva, prevista: Lalibela, provincia de Wollo, Etiopía. Hasta once iglesias cristianas fueron construidas en el siglo XII por los ahmaras excavadas en la roca, hacia abajo en la montaña, de modo que hay que andar con cuidado para no caer en abismos de hasta 30 metros y tres pisos de profundidad. El motivo de esta construcción inversa no fue un sueño geométrico del rey San Lalibela ni un símbolo religioso, sino ocultarlas de los invasores musulmanes de la época. Hay una imagen descarnada, contada por Kapuscinski, literaria, sin foto que pueda hacerle sombra. Las visita a mediados de los 70, en medio de una de las hambrunas que asolan el país y el África subsahariana periódicamente: “una veintena de metros por debajo del lugar en que nos encontrábamos, una muchedumbre de mendigos lisiados formaba un enjambre humano en la explanada y las escaleras de la iglesia (...) Aquella gente de abajo, entrelazada por sus extremidades lisiadas, por sus zancos y muñones, estaba apiñada de tal manera que formaba un solo cuerpo moviéndose y arrastrándose y aquel cuerpo abría sus bocas y las dirigía hacia arriba esperando a que se les arrojase algo. Y a medida que avanzábamos de una iglesia a otra, allá abajo, se arrastraba tras nosotros aquel ser enmarañado, gemidor y agonizante, del cual a cada momento se desprendía algún miembro, ya inmóvil y abandonado por el resto” (Kapuscinski, Ébano).

Condenados a morir de hambre en masa, su último momento será, sin embargo, en solitario. No hay muerte en masa que no sea por sorpresa.

2. La muerte festiva: Famadihana (Hermandad) es el rito funerario de exhumación de los muertos para rendir culto a los dioses y festejarse los vivos, que aún hoy celebran muchos pueblos malgaches, mayoritariamente católicos por cierto, no animistas. Curiosamente se encuentra muy extendida y activa esta costumbre entre la etnia dominante y más rica, los merina de las tierras altas y centrales del país. Sacan a los muertos de sus tumbas entre julio y septiembre de cada año, con frecuencia anual impar -con un intervalo mínimo de 5- y variable en proporción a la riqueza de la familia que festeja a sus ancestros. La importancia de la riqueza se demuestra también en los países europeos, cuyas direcciones generales de trágico tráfico airean cadáveres cada fin de semana, pero con melodrama cursi, sin festejo ni hermandad.

La ceremonia comienza con la apertura de la tumba para extraer, con preferencia, los cadáveres más exquisitos, los antiguos, situados siempre en el nicho superior y que son los mejores embajadores con los ancestros y -a través de ellos- con los dioses (o con Dios en el caso de los católicos). Uno a uno sacan los cuerpos del panteón, organizado con columnas y arcos interiores y decorados con los colores básicos azul, rojo y amarillo, para envolverlos en nuevos e inmaculados sudarios blancos que son marcados con los nombres de los muertos. Agrupan los cadáveres en lotes o sueltos. A continuación sucede un momento de silencio en el que los miembros de la familia acogen los restos de sus allegados en su regazo, llorando pero felices al mismo tiempo. Para los lugareños, el aire se carga de emoción. La exhumación la hacen los hombres y se excluye a los extranjeros, los vazaha, porque su olor artificial puede neutralizar el efecto de los perfumes locales que usan los nativos para protegerse de la descomposición. Las mujeres mayores esperan a la entrada, con el semblante digno y la paciencia cargada para bailar al fin de la fiesta, cuando devuelvan a los muertos a sus tumbas. Los hombres de mediana edad se van emborrachando a medida que avanza la celebración, que puede durar varios días, y bailan al compás de la música. Con alegría pero sin frenesí, porque al fin y al cabo no sucede nada extraordinario.

Se invita a comer, beber y bailar a todos los vecinos y aldeas próximas porque Famadihana es la mayor ocasión fraternal para la comunidad. En el descampado junto a las tumbas del homenaje se extienden unas mesas precarias con platos de arroz hervido, sopa de berzas, carne de cebú condimentada con especias, cervezas calientes de unos respetables 2/3 y el ron local y tóxico de 70º. Una banda de música, formada por instrumentos toscos de cuerda y percusión, varias voces ambulantes y un charlatán que cuenta historias tan manidas como celebradas, toca con ritmo monótono e insistente melodías festivas que suenan a carnaval. Las canciones versan sobre temas cotidianos y universales como el amor, la infidelidad, la cosecha, los sueños de los vecinos y todo aquello que sucede en comunidad, que es todo menos la muerte y el exilio, dos formas de lo mismo para la aldea. Al final y creciendo cada vez más el jolgorio cada familia entierra de nuevo a sus parientes, sobándolos con grandes palmadas de cariño y mayores risas por estar vivos.

3. La muerte protegida, expropiada de su soledad y responsabilidad, sin más indemnización que la fama y el espectáculo. Suicidio asistido: ¿Pero no habíamos quedado en que responsabilidad y soledad eran conquistas de libertad y progreso?

El caso Rémy Salvat: "Un joven no debería tener que matarse completamente solo para acortar su sufrimiento". Esta frase de la abogada de la madre de Rémy Salvat resume la indignación de la familia ante el final de su hijo. Rémy, de 23 años, sufría una rara enfermedad degenerativa y se suicidó el domingo, después de que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, se negara a que se le ayudara a morir. El suicidio asistido y la eutanasia son ilegales en Francia, igual que en España”.

El caso Chantal Sébire y su albacea: "Es hora de aceptar la eutanasia".

(Escrito por Bartleby)

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18 agosto 2008
A Rusia, a los asnos y a los otros
Como por encima de todo este es un blog formal, la puntualidad, esa costumbre que te ata al tiempo pero civiliza. Salgo de sobrero, a temporada taurina terminada y -para más inri- al alba y sin islote que conquistar, así que entenderán ustedes la improvisación, que no tiene por qué ser licencia para cometer un crimen. De haberlo, que sea de menor cuantía.

Casi un mes desconectado del mundo, sin haberme enterado
más que de dos noticias históricas en periódicos muy locales, de ésos de campanario; por orden de casualidad, cronológico y de importancia personal: el triunfo de Carlos Sastre en el Tour de Francia (de cuando se le distinguía por país, como si hubiera otro) y la guerra relámpago entre Rusia y Georgia. La victoria de Sastre es la democratización definitiva del Tour, con la pérdida de épica que supone toda democratización. La invasión rusa de Georgia en respuesta a los pinitos de ese pequeño imperio (Sajarov) es la necesaria vuelta de Rusia a la política internacional, restableciendo una cierta disuasión mutua para compensar desmanes yanquis y frivolidades europeas. Cierto que una disuasión muy desequilibrada pero por algo se empieza recuperando costumbres caballerescas. Una reacción al duelo provocado por USA y Europa con los fichajes de Ucrania y Georgia para la OTAN.

Las guerras no sólo sirven para aprender Geografía (me suena esto de Ambrose Bierce) sino para olvidar la Historia y tener que repetirla con la aplicación y constancia de un mal alumno. Georgia no es sólo el efecto Kosovo sino las consecuencias de la balcanización europea y rusa de principios de los 90. Esa resistencia inútil,
cara y molesta al progreso de la aldea global que está significando el nacionalismo con espíritu de cercanías.

La asociación de esta guerra de medio pelo con el título de la obra de Chagall A Rusia, a los asnos y a los otros, está servida. Es verdad que se trata de un Chagall más onírico que simbólico (como tantos otros), o sea, más irracional que racional, por lo que no requiere ni puede proporcionar explicación. Pero sirve para identificar muy bien a Europa con los asnos y a Estados Unidos con los otros, aunque se haya traducido también por los demás. Chagall pinta este cuadro recordando la luz que entraba por su única ventana procedente de la cúpula de la iglesia ortodoxa de su pueblo, cuando era niño. Fantasía infantil y añoranza de imágenes cuya representación se prohibía en la tradición judía.
Unos muy europeos Rómulo y Remo mamando subvenciones de la vaca y la cabeza del mundo que salta del sentido común representado por lo cotidiano de la regadera.

(Chagall, A la Russie, aux ânes et aux autres, 1911)

(Escrito por Bartleby)

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17 agosto 2008
Para Sally R., de El Paso

Querida señorita Randall: lo mismo ya no se acuerda de mí, no sería nada extraño, hace ya muchos años que no tengo que recurrir a este método, desde aquellos tiempos del Bachillerato y de los trabajos que había que entregar al día siguiente.

Claro que entonces uno por lo menos tenía tema prefijado, imagínese el dramatismo cuando hay libertad absoluta para elegir.

¿Cómo dice, que será más fácil?

Bueno, teóricamente sí, lo que pasa es que uno no es especialista en nada y los ejemplos que tengo alrededor tampoco me ayudan demasiado. Fíjese, de cocina no tengo ni idea, me quedé en los huevos fritos y aun hay quien lo discute, y mi vena poética se agotó con los versitos que hice para aquella niña de las trenzas rubias. No se acordará, era un sencillo pareado (desde que te vi/yo te querí), tampoco tuvo mayor éxito.

Para serle sincero, el problema es muy sencillo, estoy de vacaciones y consecuentemente no tengo tiempo para nada. A mí me gusta tomármelo con calma, documentarme un poquillo, buscar alguna curiosidad, esas cosas.

Me muevo en un mundo de auténticos tiburones, gente de colmillo retorcido, que entiende de todo o al menos lo dan a entender y como metas la pata ya te puedes ir preparando.

Dirá usted que a mediados de agosto y en domingo cualquier cosa ligerita serviría, y no le falta razón, vaya eso por delante, pero tampoco quisiera ser yo el culpable de la desaparición de este antro.

Ideas tenia, ¿eh?, que a mí imaginación es lo que me sobra.

Vea si no:

a) Análisis jurídico-literario de texto, con deconstrucción absoluta, de las preguntillas del baranda de la zona (muy manido y demasiado pesado).

b) ¿Es cierto que Davy Crockett sobrevivió al asalto de El Alamo y fue posteriormente fusilado? (poco atractivo para el gran público).

c) El insoportable y bochornoso nivel del periodismo deportivo español (no te imaginas, Sonsoles, la cantidad de españoles que podrían ser redactores del Marca).

d) Veraneos de mi infancia (se me han adelantado).

e) ¿Plasma o LCD? (excesivamente técnico y total ya me he comprado el Samsung).

f) Los viajes del bisabuelo (meramente personal).

g) La primera vez que cobras un alquiler (una experiencia religiosa).

h) No llevo kaiku porque no voy a tocar el txistu ( muy folclórico).

i) El hombre de Hacienda, o “aquí metemos unas hostias de cojones” (el relato de terror ha perdido vigencia).

En fin, que lo que no tenía eran ganas, pero en esto me he acordado de usted y me he dicho, bueno, es una posibilidad, vamos a ponerle unas líneas, al fin y al cabo como decía aquel primo mío, “para una vuelta corta, cualquier bicicleta es buena”, claro que me parece que lo hacía con un cierto matiz sexual.

Bueno, lo dejo, que me enrollo y no era esa mi intención, sólo lo hacía “para salir del paso”. Porque no me tiren piedras, le paso el musicón que escuchaba mientras escribía.

Un beso.







(Escrito por Schultz)

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16 agosto 2008
El tomate de Montano

Dice mi amigo Montano que ha cruzado el estrecho tomate en mano. Creo que Montano ha matado, así, definitivamente al Atleta Sexual. Éste habría hecho la corta travesía con, qué se yo, un limón o un melón pequeño entre sus dedos. Por entrenarse, más que nada. O, incluso, con una teta propiamente dicha. Teta que pertenecería a una virginal muchacha de Zamora dispuesta a adentrarse en las maravillas del sexo magrebí después de que La pasión turca le hiciera mojar las bragas. Las chicas de Zamora, y más aún las virginales, carecen a veces de los recursos económicos imprescindibles para viajar hasta la lejana Turquía y se han de conformar con bajarse al moro, no más. Servidor, sin embargo, jamás imitaría a Montano y, ni teta en mano, cruzaría el estrecho. Me malicio yo que en Marruecos, salvo que sea en presencia de Mohamed VI, deben de servir pésimamente los gin&tonics. Y eso, amigo, no es buena tierra para el hombre blanco.

Esta última frase, que tiene mucho más de racista que los jugadores españoles de baloncesto achinándose los ojos, es very british. De hecho, yo la aprendí en el gélido Bradford. Y su autor, Leonard Woodward, era tutor en el Jesús College de Oxford, no se crean. La pronunció al volver de la India, allá por los primeros sesenta del siglo pasado, donde el propio C.V. Raman le había invitado a dar unas conferencias. De forma que pocas cosas tienen que aprender los británicos a propósito del racismo. Sobre todo como practicantes. De ahí que la reacción del Guardian y, a su rebufo, del New York Times, al que uno de sus lectores califica de “policía mundial de la corrección política”, haya sido totalmente desmedida. ¿Es racismo achinarse los ojos mientras se sonríe? ¿Pueden exigir, como han hecho los neoyorkinos, la expulsión olímpica del nuestro equipo de basket? Creo que no. Nadie en España consideraría ese gesto de achinarse los ojos como insultante, xenófobo o directamente racista. Ni los propios chinos de las tiendas de chinos y/o los restaurantes chinos. Esos que, según se sabe, no se mueren nunca. Bueno: pues los wasp del NYT –y del Guardian, no crean; estos, además, socialdemócratas– así consideran el gestillo. Lo que están haciendo los soldados de ambas naciones en Irak, por ejemplo, no pasa de ser, supongo yo, un sobrio y enriquecedor intercambio de culturas. Enriquecedor, sobre todo, para los irakíes, claro. Que, al final, son unos muertos de hambre que se empecinan en vivir en una tierra poco buena para el hombre blanco.

(Escrito por Protactínio)

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15 agosto 2008
Senatus Populus-Que Romanus (Doble de Queso)
El campamento virtual que hemos organizado con las tres jaimas y unas cuantas palmeras digitales parece bastante consolidado. Al menos tanto como puede estarlo cualquier asentamiento en las regiones áridas del planeta, donde una temporada mas seca de lo normal, un terremoto destructor o los malos humos de los beduinos de la zona fueron capaces de acabar con Petra, la ciudad de plata, a pesar de su poder, no digamos ya un oasis de avatares en la arenas de bytes

-Los persas, los egipcios tolomeos, los seleúcidas, Roma, Bizancio, los otomanos… Imperios que una y otra vez han organizado el mundo desde sus tronos, y para cuyos gobernantes han trabajado sin descanso poetas, historiadores, arquitectos, escritores de dramas y comedias, espías y aun comediantes descoturnados, todos ellos propagandistas más o menos a sueldo encargados de propagar las bondades del Emperador y de conducir la opinión de sus ciudadanos por los cauces adecuados a los intereses imperiales. No es tan sencillo aplicar nuevos impuestos para mantener una campaña militar en el extranjero a menos que se convenza a los contribuyentes de que los que se oponen al glorioso Trajano/Antioco/Alejandro Janeo son comedores de niños y adoradores del Diablo a los cuales se está civilizando a palos (y de paso controlamos las rutas del incienso y la seda).

-Y si aceptamos que EEUU es el equivalente moderno de los imperios clásicos, pues la historia se repite con aceleración constante en sus ciclos.

-Poco imperial me parece eso de estar tan pendiente de la opinión pública como está la clase dirigente americana. Antes, el que mandaba, mandaba, y si en su caletre llegaba a la conclusión que enseñar a los bárbaros a usar la estrígila y el frasco de los ungüentos era necesario, pues se manda a la legión oportuna y unos arquitectos a organizar unas termas en medio de la brumas britonas o las areniscas de Caesaria Phillippi.

-(que se lo digan a Marco Didio Falco…)

-No sé que es peor, las viejas ideas de convertir en parte del Imperio a los pueblos sometidos (con sus problemas pero también sus flamantes derechos, como recordaba San Pablo a sus captores en Jerusalén y a sus verdugos en Roma) o este aparente “respeto a la voluntad de los otros” que cuando les conviene se saltan Fosbury style, y que sólo esconde la nueva tendencia al egoísmo feroz (tan propio de su sustrato puritano) que recorre USA como un fantasma. Desde que los marines tuvieron que salir a la carrera de Somalia (una chapuza de operación militar mal planteada y peor realizada que a un general romano le hubiera supuesto la crucifixión en la Vía Apia por incompetente), y como dijo el muy jaleado por los europeos Clinton, “a partir de ahora EEUU se ocupará solo y exclusivamente de sus propios intereses”. Si alguna administración americana pudo ser más o menos altruista con los no americanos (o al menos simularlo), el tan demócrata degustador de becarias abandonó todo disimulo y lo expresó francamente. Y así, las administraciones americanas utilizan las políticas exteriores como herramientas en la política interior o la simple guerra de despachos, despreciando olímpicamente los resultados para los no americanos. Cada vez que se consigue que un funcionario de más o menos nivel tenga un cierto conocimiento de algún tema o conflicto, se le premia... con un cómodo cargo de interior, y se sustituye por un novato que no sabe distinguir un yemení de un dominicano, o que anda preguntando por Madagascar con un plano de Finlandia. La suma de arrogancia, ignorancia, incompetencia y chapucería ahogada en burocracia a dos mil kilómetros de distancia ha producido situaciones tan peligrosas como la supuesta reconstrucción de Iraq a cargo de un neocon engreído que se cree el nuevo sultán de la Ciudad Esmeralda, más ocupado en legislar las exclusivas de los microprocesadores Intel y proteger los intereses de Gates que en reorganizar el suministro de electricidad y agua corriente, los sistemas de alcantarillas, la seguridad ciudadana o el funcionamiento de los hospitales, todos ellos destrozados por la guerra. De rebote, este aprendiz de brujo de la Ivy League ha conseguido dar argumentos a un ben Laden que estaba contra las cuerdas y quedándose sin oxígeno, y destrozando aún más la imagen de Estados Unidos en la opinión pública árabe y musulmana en general y dejando con el trasero al aire a sus defensores fuera de EEUU. Vamos, una espectacular exhibición de hubris y sus consecuencias. Para mayor detalle de cómo funciona el sistema por dentro, recomendamos encarecidamente “La Guerra Privada de Charlie Wilson” (y mucha tila para no cabrearse). Personalmente, una de las cosas más destacables de la película es cómo los personajes, aparentemente frívolos, egoístas y cínicos, son capaces de sorprender con gestos como la vergüenza ajena que muestra el congresista por la indiferencia de su propio gobierno, la campaña de apoyo a las mujeres afganas que lleva a cabo la señorona tejana o la capacidad de sentir el dolor de los refugiados por parte del senador porque “a el también le mataron a un hijo”.


-Pues no será porque no dispongan de buenos analistas dentro de su propio terreno. Los análisis de la Federal Research Division de la Biblioteca del Congreso (subvencionado por el Departamento de la Armada) son excelentes, sencillos y directos, fáciles de leer y a la vez llenos de información. El Strategic Studies Institute, (U.S. Army War College) también tiene material de primera, parte de el desclasificado y accesible al público en general.

-Pues está claro que no los han leído, ni siquiera en versión Barrio Sésamo. Esta frase de los propios militares americanos es gloriosa: “Although the role of the military advisor to senior foreign officials is honored in political history, it became almost a forgotten art when it was needed in Afghanistan and Iraq”. Me imagino a los militares tragando sapos al ver a los civiles metiendo el cuezo hasta el fondo y comprobando cómo luego tienen que sacarlos en volandas de los conflictos provocados por su propia estupidez, dejándose la piel en el intento sin que se note las ganas que les tienen de romperles la cara.

-También podría ser que su ignorancia (la de los políticos) les haya jugado malas pasadas (muchos senadores y congresistas americanos son famosos por su escasísima educación formal, que ha producido hilarantes situaciones, pero eso, en vez de espantar a sus votantes, le ha hecho aparecer como “uno de los suyos”, lo cual es bastante aterrador). Cuando han recurrido a consultores externos, los dirigentes han escuchado sólo lo que querían oír. Así, cuando el historiador Bernard Lewis advirtió al presidente Bush antes de la guerra de Irak que “el único lenguaje que los árabes entienden es el de la fuerza” es debatible si el americano confundió “firmeza” o “vigor” con “fuerza” y aún “dureza” o “violencia”, sutilezas poco aptas para el inglés no literario y no digamos para el nivel de precisión del oyente implicado.

-Bueno, bueno, los militares americanos tampoco pueden presumir de haber sido los más espabilados de la clase. Porque vamos, que sólo ahora, después de haber entrado las tropas hasta la cocina (que tampoco es precisamente una buena carta de presentación) y haber ofendido con sus comportamientos y chulerías a los ocupados hasta exasperarlos, se preocupen de instruir a los soldados de las normas mínimas de comportamiento en los países ocupados (no entrar en una mezquita o no hacerlo calzado, no flirtear con las mujeres, no usar los textos impresos para cosas ofensivas por si tienen impreso el nombre de Dios…), es para tirar de las orejas a los jefazos. Y no digamos en la falta de profesionalidad al no prever la posibilidad de que en las cárceles se produjeran abusos y torturas. Por favor, que ya hace muchos años que se llevó a cabo el Experimento Stanford, no saber que eso tenía que pasar es delictivo para un profesional.


(Escrito por Mandarin Goose)

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14 agosto 2008
al espacio infinito... y mas allá...
Son las seis de la mañana y amanece sobre Zürich. Desde el balcón, divisa el sol emergiendo lentamente sobre Mühlebach, allí donde los originales viven en las laderas silenciosas sobre el Limmat. Silenciosas, mientras no pasen los puñeteros tranvías arriba y abajo. Aunque a su alrededor coinciden las señales de tráfico, el monótono encaje metálico del tram y las flores nítidas y coloridas, sabe que el apartamento que alquiló al otro lado de la Hardstrasse está ya en la zona de los Främlings. Allí donde el tiznado de la piel, alguna bandera turca y jóvenes en edad-burbuja permiten un cierto anonimato muy difícil de conseguir en una ciudad de doble moral perfecta, de agricultores reconvertidos por el calvinismo a la riqueza: trabajo y más trabajo. Malditas ganas de trabajar siempre: sobre la tierra las innumerables flores-Heidi, regalo de Dios, debajo, las cuentas numeradas. Avida Dollars, no poetry.

Héctor contempla la ciudad en su leve caída hacia el lago: bajo su mirada cansada la entrada de trenes a la Hauptbahnhof revela el antiguo diseño de un disimulado maquetista loco de Märklin. Tiene tiempo suficiente, piensa, mientras toma el tranvía numero 13 (constata que los suizos tienen sus propios pánicos que no consiguen dominar, aún, al orden regular de los numeros primos, ja) y baja al provinciano Zentrum de los financieros. Huele el agua; el gradiente de humedad lo lleva al lago mientras la lluvia arrecia. Delicadamente tomada del aire por el enorme manto fractal de los árboles el agua sigue su ciclo, pero le deja su olor primigenio en cualquier rincón. Ni en sus mejores épocas de nariz en A.Puig, en la fábrica de Potosí, logró discriminar tan bien lo inodoro, sólo podía pasarle en el país de las vacas violetas.

Debajo de la Fraumünster-Kirchen, en una diminuta plaza en éxtasis al lado del Limmat se encontraron. Sus habilidades para conseguir lo que quería no eran más que la depuración de años de indiferencia hacia las transacciones de las corporate. Sabía cómo camuflar los sobornos comerciales sin dejar rastro, cómo donar fondos a ongs-cáscara, cómo manejar el agujero negro de la activación contable del wip. El olor a agua había desaparecido y sus sentidos intuían el peligro. Las palabras no llegaron a hilar nada más que frases rituales en una conversación inexistente y un chipset con los ficheros cambió de manos limpiamente, como una transacción más de las miles que se realizaban cada día dentro de los silentes muros de piedra.

Guardó la memory-card en su bolsillo, consciente que la tecnología saqueada a Scaled Composites sobre el WhiteKnightTwo permitiría a la industria turística catalana emprender una nueva fase de expansión dejando detrás de nuevo a los americanos. Con la base de lanzamiento espacial en la Cabrera mallorquina, los cruceros, Gaudí, casinos en Perelada y Sitges, el plan era monopolizar el circuito hotelero de lujo más importante del mundo, dejando olvidados los sueños paranoicos de Los Monegros. Los cuatrocientos millones de euros al año por mover mil ricos al espacio era una cifra que no podía dejarse en manos de la competencia. Y las cifras podrían cuatriplicarse fácilmente si Sersh Inc. ampliaba el contrato con los chinos.

Había conocido a Geissbergar en la edad de las escaramuzas, en la Barcelona única de llibertat-amnistía-estatut d’autonomía, cuando todo se permitía por primera vez. No consideraron la inercia. Cuando se estrellaron contra el muro y se rompieron los molares, se dispersaron y llegó a olvidarlo completamente. Pero ahora, Geiss trabajaba para el ETH de Zürich en el proyecto Blue Brain y tenía acceso a la quasi ilimitada capacidad informática de IBM. Su reencuentro, buscando a través de los clanes-Inserso de los olvidados marxistas-leninistas (coleccionistas ahora de ediciones antiguas de Lukács y la serie de los trajes de Stalin -Ed. Mondadori-), fue bastante sencillo, sólo tuvo que cruzar los datos con los que adoptaban gatos abandonados, firmaban manifiestos en favor de los indios zapatistas y compraban bicicletas sin cambio de marchas. Una vez el contenido del WhiteKnightTwo pasó a los discos de ETH y de ahí, traspasado al datacenter de CaixaLaietana como un fichero de facturas XML, se volvió a olvidar inmediatamente de él. Las subrutinas de Wintermute, mucho mejores que las de Melò, falsearon los logs, desmenuzaron los ficheros y los enviaron directamente a las contratas de la supply-chain.

El vuelo inaugural con la nave Montserrateta fue un éxito mundial, consiguiendo llenar por fin el Fòrum para la efemérides. El anuncio de Freixenet en la CNN justo antes del despegue nunca llegó a saberse cuánto costó. Todos los que eran algo en el mundo ya estaban en la lista de espera y la reventa permitía a los más ricos ponerse más cerca de su prestigio. Convertir a los pasajeros, aun mareados tras la experiencia, en co-ciudadanos de Barcelona y darles un kit-celebration con Aromas de Montserrat, una faja de casteller y un wii con el Cant dels Ocells era premonitorio.

Fue todo a la perfección y quedó demostrada la capacidad y precisión de la industria y la logística catalana para liderar un proyecto de altísima tecnología así como el depurado arte de agasajar y servir al pasaje por parte de nostrats hereus i pubilles brandnew. Los fondos de inversión pagaban a mansalva diques en el litoral barcelonés a fin de disponer de suelo para la quinta pista del aeropuerto, las oficinas de los clusters tecnológicos y las sociedades financieras que se acumulaban para implantarse en el Llobregat Valley. Todo a punto para que la enorme inversión acumulada, imagen pública y reconocimiento internacional, empezara a rendir dividendos.

Nunca llegaron a saber qué fue exactamente lo que impidió el segundo vuelo. Los de Esquerra proclamaron que la dirección de Sersh, españolista, revendió la tecnología a los chinos a cambio de un contrato de exclusividad para sus hoteles. O el extendido rumor de que la CIA, mosqueada por las falsas pistas de la cassete con rezos en parsi y unas partículas de Ascò en la lata de te de Māzandarān, había susurrado alto y claro entre los clanes y las élites mundiales que el espacio sideral sobre Cabrera era campo de prácticas de sus láser anti-satélites. En Iluro provisionaron pérdidas para quince años y fueron opados por LaCaixa. Las autopistas siguieron siendo de peaje otros veinticinco años más. Que China anunciara sorpresivamente sus vuelos, más caros, pero con derecho a reintegrar full profits a las sociedades extranjeras participantes evidentemente hundió el proyecto catalán, el castell hizo figa, no pudo competir con el yuan en networking.

Héctor creía saber algo más. Trazó la transferencia a su cuenta en el Zürcher Kantonalbank y localizó un mayorista de naranjas en Andorra la Vella. Supo de la ingeniería china que desarrolló el Shenzhou8. Se imaginó la firma de ezh-s en el NonDisclosureAgreement. Xe collons, una débil sonrisa se insinuó en su cara.

(perpetrado por bose-einstein)

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13 agosto 2008
Un verano (II)
Hace calor pero dentro de la casa solo siento el fresco de las paredes y me dejo llevar por la pereza que suele invadirme en estos días, una vez que llevo más de quince solo en la casa, sin que nadie quiera saber de mí. Creo que piensan que lo mejor que les puede ocurrir es mi retiro anual al pueblo, a pesar del calor que golpea y que logra disuadir a casi todos, con la excepción de unos pocos. A esos él los llamaba cimarrones, en un cariñoso homenaje al maestro, de quien decía haberlo aprendido todo.

Tampoco él está ahora, cuando
ya todos me van abandonando, y en la casa, vieja, deslucida, casi desconocida, quedo solo yo, una vieja gramola y pilas desordenadas de placas de 78 r.p.m. A mi lado, un vaso enorme de té con hielos y menta. Algo más allá los discos que he ido coleccionando en mi ya larga y siempre torpe vida. Hubo un tiempo en que la creí cerrada, y cuando menos lo esperaba, volvió a abrirse. Ahora sé, sin embargo, que este ya no es mi tiempo, y que solo me queda esperar, volver a escuchar las canciones que me emocionaron, soñar con los países a los que nunca fui pero que tanto soñé, recordar aquella breve visita al malecón, e imaginar cómo sería la vida de los soneros en la isla antes y durante la dictadura.

Desde los campos de Cuba a las montañas andaluzas, el viaje había sido largo, y aun así, había
sobrevivido, había logrado aclimatarse en aquella casa al menos, y acompañar las largas noches, también aquellas otras escasas en que el porche se llenaba de gente y los farolillos desafiaban la escasa potencia de luz, aún con un voltaje de 125, hasta el amanecer. El ron lo conseguiamos con facilidad y la los refrescos también, incluso la menta. Pero nunca logré evitar que una extraña atmósfera ominosa sobrevolara las noches.

De la provincia de Oriente o de Santiago de Cuba, de los campos donde se cultivaba la caña y el tabaco a las montañas resecas de los montes malagueños, las canciones recorrían un trayecto que era algo más que la distancia en kilómetros. Ya antes había ocurrido algo similar con los cantes de ida y vuelta del flamenco. La capacidad para aclimatarse manteniendo lo esencial pero sin postular ningún esencialismo estéril es asombrosa en las creaciones humanas. No menor que en el mundo natural. En ambos casos nos encontramos con prodigiosas adaptaciones al medio, natural o cultural.

Yo por entonces lo desconocía – como casi siempre, dicho sea de paso – pero aquello era un fenómeno que llamaban hibridación en algunas universidades, la mayoría norteamericanas, y trataba de eso que yo intuía en las noches tibias y perezosas de aquel verano que iba ya deslizándose hacia su ocaso.



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Sonaron entonces en aquella gramola antigua, abandonada en una habitación polvorienta del tercer piso de la casa, este, y este, y estos otros, entre tantos más.


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Si no ha habido problemas cuando uds. estén leyendo esto, yo estaré aquí.

(Escrito por Garven)

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