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31 mayo 2008
Hermenéutica del atascaburras

(Hoy, sábado 31 de Mayo, se celebra el Día de Castilla-La Mancha. Este año, además, el sitio elegido para los fastos es la villa de Las Pedroñeras, patria del ajo morado y de Manolo de la Osa. Como estoy en tierra extraña, los vinos son ácidos y mi melancolía resbala peligrosamente hacia cierto caudaloso río que, afortunadamente, no me lleva a ninguna parte, he decidido recuperar, para todos ustedes, una entrada antigua de mi extinto blog. ¡Viva la Mancha!)

De que le vi llegar con la albarda en la mano, dije: a por la burra viene.” Esta sentencia resume la lógica de las tierras raras. Es una lógica de martillo y yunque: sencilla aunque eficacísima, sin necesidad alguna de interpretación o matización. La cocina es hija directa de la lógica; y de la necesidad, claro. ¿Qué se puede hacer con patatas, huevos, ajo, aceite y el único pescado que sobrevive a la infinita distancia al mar de estas tierras de frontera? Ajoarriero manchego o, por más poético decir, atascaburras. Plato de rápida factura y fácil deglución, igual sirve para el niño que para el viejo desdentado, que no deja de ser un niño con melancolía. Y aporta los tres principios inmediatos en cantidades equilibradas. Eso lo comprendemos ahora; nuestra historia, en fin, no es más que intentar comprender lo que de siempre se ha sabido.

El inicio de la intrahistoria del atascaburras, tiene mucho que ver con el pilpil pues, al igual que los vizcaínos, comenzamos por sofreir ligeramente en buen aceite, y a fuego mínimo, unos ajos laminados impidiendo que lleguen a tostarse. Cuando las láminas se rompan sin dificultad bajo la leve presión de una cuchara de madera, habremos conseguido su sazón. Separaremos el frite del fuego, y lo dejaremos a su amor hasta que la ley del enfriamiento que formulara Newton se cumpla y su temperatura se iguale a la de la cocina. Por otra parte, habremos desalado durante doce horas, cambiando el agua un par de veces, un par de buenas porciones de lomo de bacalao. No es menester llegar a su completa rehidratación, pues la sal que aún conservan será la que el plato lleve. En abundante agua, llevaremos los lomos de bacalao hasta que comiencen a producir esa espuma blanca y odorífera que, a más de contentarnos el estómago ante la perspectiva, nos avisará de que ha llegado el momento de retirar del fuego. Si nos pasamos en el tiempo de esta breve cocción, el pescado quedará seco y zapatero y, salvo que queramos elaborar un “plato-homenaje” a la nada mental, no debemos alcanzar dicho punto de sobreguisado. Pelaremos y lavaremos cinco patatas medianas que, troceadas sin miramientos, coceremos, éstas sí, unos veinticinco minutos acompañadas de un par de huevos. No es que la operación precise de particular valor o viril gallardía: es que el plato requiere dos huevos duros. Y ya lo tenemos todo. Majaremos hasta convertir en finas hebras los ajos con una miajita de su aceite; pelaremos los huevos y separaremos variables: las claras serán, entonces, finamente troceadas; es también el momento de deshojar el bacalao, que ya tendrá una temperatura apta para ser manejado sin quemarse. En un recipiente semiesférico truncado por su base (de otro modo no sería fácil la operación, al menearse éste como un tentemozo), mezclaremos las patatas, las hojas de bacalao, la picada clara de los huevos y el majado de ajo y, ayudados por un tenedor grande de madera, empezaremos a majarlo todo, añadiendo chorreones generosos del aceite frito y frío. Proseguiremos la operación hasta que la patata deje de pegarse al tenedor: ése es el momento, señores. Alisaremos la superficie, por mor de la refinada presentación y, provistos de un rayador metálico, haremos añicos una de las yemas –ahora ya amarillas esferas– espolvoreándola sobre el guiso. Un manojito de berro artísticamente colocado en el centro, dará una nota de prescindible color. Se puede tomar templado, es decir, justo después de guisarlo, o dejarlo un buen rato hasta que se enfríe por completo. Personalmente, prefiero la primera opción.

Lo podemos acompañar, albarda sobre albarda, con un Airén del año, más aún en este tiempo cuando ya el vino, embotellado hacia mitad de diciembre, ha adquirido todo su cuajo. Si el Airén fermentó en barrica, la felicidad será tal que veremos disiparse las nieblas que cubren estas tierras raras y hasta brotará de nuestra sesera un haiku manchego:

Melancolía
En el plato la nieve
Atascaburras

(Escrito por Protactínio)

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[0] Editado por Protactínio a las 9:00:00 | Todos los comentarios 78 comentarios // Año IV
30 mayo 2008
En torno
‘...para él el significado del episodio no estaba dentro de él como una almendra, sino fuera de él, envolviendo el relato que lo dejaba ver sólo como un destello de luz deja ver la bruma...’.
El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

Me hablan en Extremadura de una empresa de comunicación que ha incorporado con felicidad la tendencia de los entornos laborales ‘creativos’, espacios de personalidad lúdica y agradables a la vista, la estancia y el trabajo. Aquí algunos ejemplos internacionales, pequeñas estampas que casan con el esplendor de la arquitectura moderna:

Red Bull, Londres

Las oficinas centrales de Lego en Copenhagen

Plug and Play, también en Copenhagen

Google, California

Algunas de estas oficinas emanan una fisonomía inequívoca de kindergarten: la asimilación de los diseños que los adultos hicieron para los pequeños. Si sus juguetes recrean en miniatura los útiles de los mayores, los útiles de los mayores imitan ahora las formas de los pequeños. Todo ello confiere ese escenario amable de colores, transparencias y juegos que tan bien describió Vicente Verdú en El Estilo del Mundo (Anagrama). ¿Un exceso de frivolidad o un disfraz para una mecánica empresarial –la generación de beneficios- que no ha variado un ápice? Capitalismo simpático como la sonrisa de Richard Branson. Esta superposición de estéticas, la frenética invasión del diseño en todos los rincones obliga a cierto distanciamiento. Es el punk industrializado, el do it yourself en clave universal. Un bien conveniente incluso desde la disidencia: porque para distinguir la elegancia de un atuendo sobrio son necesarias las corbatas tornasoladas.
¿Pero cómo distanciarse? Precisamente, las mecánicas laborales, por mucho espacio abierto y juguetería que nos rodeen el aura, obligan a la proximidad de 40cm que nos separa de un ordenador. Inmediatez y cercanía: las fórmulas bursátiles aplicadas a todos los recovecos industriales.

Sin un segundo que perder, la tendencia invade todos los órdenes e invita a otra reflexión sobre el arte, que tan proclive fue a la contemplación serena y reflexiva: en la dinámica actual, las obras se presentan en el sentido contrario de aquellos cuadros difuminados en la distancia corta y nítidos desde la lejanía. Ahora no, la obra está en la pantalla. Y en cuanto al tiempo, mi teoría apunta a una reversión de las viejas lógicas del mercado, cuando la obra se revalorizaba con las décadas. Presumo –y con escaso temor a equivocarme a la vista de la putrefacción de sus tiburones- que un Damien Hirst vale más ahora de lo que costará en el futuro. Es la adaptación del concepto de las modas –evolución de los antiguos estilos y corrientes- y una mimesis de un patrón que no ha sido declarado: rápido y desechable. La máxima del reciclaje, válida también para los procedimientos de formación.
El aprendizaje es instantáneo como la deglución del producto. En esta coyuntura, llama la atención que uno de los magos de la video creación contemporánea, Michel Grondy, reivindique el valor de la artesanía a través de su última imantada, Rebobine Por Favor, que a mí me sirve como valiosa metáfora de la caducidad de las plataformas –en este caso el ya prehistórico VHS- y la artificiosidad de los medios que procuran el concepto de felicidad. Felicidad mutante. Y ya que estamos en lo audiovisual, ha sido editado en España el DVD de la serie británica The Office, original de la BBC cuya versión americana emite aquí La Sexta. Tras la carcajada uno intenta indagar en el secreto de su éxito. La Office verdadera, que diría Anson, es la ficción de un reality. Una invención a partir de unos productos que pretenden superar las invenciones a base de naturalidad.

En el fragor de las recientes elecciones municipales británicas pasó casi desapercibida la celebración del Primero de Mayo. Leo los mensajes sindicales de la cuna del sindicalismo y encuentro coincidencias absolutas con los discursos de aquí. Al margen de los recordatorios a los héroes originales del sindicalismo, las proclamas invocan mayor seguridad en los entornos laborales y más derechos. En el capítulo de reacciones me quedo con la de una Cámara de Comercio que llama la atención sobre el hecho de que no hay una sola mención a la productividad. En una coyuntura diferente a la que cimentó el sindicalismo, los equipos –patronales y sindicatos- han intercambiado valores. Los segundos imitan el organigrama de los primeros; para los primeros el ideal sería disponer de comités de empresa propios e independientes a las macro organizaciones.

Este seguimiento de la actualidad británica lo hice desde el Algarve portugués, a donde me había desplazado para hacer algo sobre el aniversario de la desaparición de Madeleine. En los ratos libres merodeé la costa y encontré un sensacional contraste entre las poblaciones de Portimao y Alvor, apenas separadas por una decena de kilómetros. Si la primera ha adaptado el modelo benidornmesco, la segunda, igualmente colonizada por los brits, ha conservado y adornado su esencia de pueblecillo pesquero. Portimao ha edificado torres y torres de apartamentos y su nueva marina alinea restauración a la carta y exhibida con neones. Con más densidad de establecimientos, Alvor se ahumea por la noche con el pescado a la barbacoa, restaurantes italianos de énfasis pesquero y un suelo adoquinado que desemboca en un estuario con vistas a la Luna. El contraste es brutal. Con los mismos fines, los medios se diferencian. La distancia es de diez kilómetros.

Pero dejemos Portugal y Reino Unido y vamos a nuestros meollos. Un conocido mío dirige una empresa de publicidad y se precia de pagar 300 euros mensuales a sus empleados de diseño, a los que se refiere vulgarmente como “los creativos”. Se le van mes a mes, unos mejores que otros. No importa, hay mercado suficiente para mantener el sueldo. Quizás invierta algo para hacer más amigable una oficina que ya responde a los cánones de cualquier factoría de diseños. Atractivo el envoltorio, decimonónico el concepto.

La paradoja moderna más recurrente apela a que en tiempos de máximo acceso a la información la cultura general cotiza aparentemente a la baja. Desestimada la absorción íntegra y lineal, la sabiduría se dispersa y concentra, como las novelas nocillescas. De nuevo el mal de lo efímero, la frivolidad del picoteo frente a los usos de antaño, consistentes en digerir las piezas de cabo a rabo. Demasiado por abarcar para tener el tiempo de razonar el listín telefónico. Un niño hace más que piensa, o piensa mientras hace: todo ocurre demasiado deprisa para poder detenerse. Un juego permanente. Y qué es un ordenador, la herramienta global, sino un juguete.
No obstante, y tengo que insistir, la rueda no varía: todos queremos hacer dinero. O no: los creadores de la Office verdadera declinaron la oferta de perpetuar su serie, que se cerró en las dos temporadas previstas originalmente.

Guardería global. Qué mejor medio para realizarse que hacer lo que se desea. Y además jugando. Como Grondy y el Lego.

(Escrito por Sickofitall)

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29 mayo 2008
Un tonto con todas las consecuencias
La simbiótica relación entre los políticos y la prensa adquiere a veces dimensiones que, de tan mayestáticas, acaban colapsando sin más que analizar con cierta cirugía el sintagma que conforma el titular. Hace unos días, toda la prensa nacional elevó a marmórea categoría la siguiente frase de don Francisco López Álvarez: «López apuesta por un “referéndum con todas las consecuencias” en el País Vasco». Observo pequeñas diferencias valorativas entre las distintas cabeceras: para unas, López apuesta; para otras, augura. Incluso para algún medio militante, el señor López reivindica. 79.600 googles da de sí la frasecica, no se crean ustedes. Y ahí queda, grabado, cincelado, el titular. Que es, al fin y al cabo, de lo que políticos y periodistas (sobre)viven. Pero si escarbamos, incluso con la socorrida uña del dedo índice, encontraremos de inmediato que el asunto colapsa. Lo que López nos está resumiendo es el siguiente RoadMap: (1) acuerdo entre los partidos políticos; (2) aprobación por el Parlamento vasco; (3) aprobación por las Cortes Generales; y (4) referéndum. Es decir, y en lenguaje poético: hagamos un nuevo estatuto de autonomía, un Guernica 2.0. Nada más. Como lo han hecho los catalanes, los andaluces, los valencianos, los castellano-manchegos… Y, al final, según dicta el artículo 152.2 de la Constitución, pasémoslo por el tamiz del voto popular mediante referéndum. ¿Todo para tan poco? Claro: aquí entra la simbiosis. Primero, búsquese una palabra-resorte, una palabra-muelle que nos haga saltar de nuestros asientos: referéndum. Segundo, aplíquese al medio de cultivo apropiado: País Vasco/Euskadi. Tercero: véase con delectación cómo crece la plántula. Y lo demás, es interpretativo. Desde el preocupado “López = Ibarreche” de los medios más a la derecha al esperanzado “López = Ibarretxe” de los más nacionalistas. Y ninguno lleva razón, claro. No hay motivos ni para la preocupación ni para la esperanza, porque –admítanlo– don Francisco López Álvarez sólo ha dicho una obviedad y se ha limitado a poner en solfa el procedimiento jurídico-administrativo para modificar un Estatuto de autonomía. Pero, eso sí, ofreciendo un apergaminado titular que los chicos de la prensa, tan vigorosos en la defensa del análisis y la verdad, han fagocitado en pocos minutos.

Y, entonces, ¿quién es el tonto? Pues todos y por su orden. López, por pildorar, adornar y resumir de manera excesivamente gráfica una obviedad. Los periodistas, por resaltarlo sin detenerse a reflexionar sobre el resto. Y los lectores por hacer lo que políticos y periodistas desean para fomentar nuestra capacidad de análisis: que no pasemos del titular. Y todos tan contentos. ¿La verdad? Ni está ni se la espera. ¿De qué valdría, sino, la simbiosis?

(Escrito por Protactínio)

NOTA DE SERVICIO: Cuando esta entrada se publique automáticamente, el autor estará volando hacia un lejano lugar. Por lo tanto, si disparan contra el pianista, éste les responderá con la mejor de sus sonrisas pero sin comentario alguno. Pásenlo bien.

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28 mayo 2008
Opiniones de una urraca
A un ilustre y ya viejo escritor australiano su editorial le encarga un capítulo para un libro de ensayos cuyo título, Opiniones contundentes, es una declaración de guerra y vida para la resignada vejez del novelista, que no ensayista. Este personaje autobiográfico sirve a J. M. Coetzee para escribir Diario de un mal año. La contundencia de las opiniones es un encargo de sensación para el público por parte del editor, al que el autor responderá con una aportación racional: radicalidad. Dado que es viejo, ilustrado y australiano (sudafricano blanco), tres condiciones marginales para la opinión dominante, moverse en los extremos de la contundencia del contrato y del ejercicio de la razón en lugar de la consigna no le costará nada. No hará más que volver a la racionalidad y cultura que, más que su oficio de intelectual, fueron motivos de admiración y deseo para las mujeres durante toda su vida. Y de consecuente orgullo masculino para él.

Así que volver a pensar en público y ser de nuevo deseado -a su edad- por una mujer, representada por su secretaria particular en la novela, aseguran su resurrección personal. Una reencarnación en macho que no será más que un testimonio público secundario como opinante, coincidiendo involuntariamente con la estrategia empresarial del editor. La forma de novela un tanto experimental -organizada en tres secciones de lectura independiente pero constantes en cada página- que da al encargo de ensayo no es sólo un recurso formal y una inercia de su estilo, sino una verdadera declaración de que reivindicar el juego de razón y deseo entre hombre y mujer no admite la asepsia sexual del catálogo de opiniones, sean discordantes o no con el canon vigente.

La salida de la clandestinidad a la que la corrección política ha condenado sus juicios, vida y obra es más carnal que política o ideológica, una rebelión de instintos y costumbres más que una incorrección pasajera, por lo que su efecto es más devastador para las nuevas conciencias de la extinción a través de la igualdad. Coetzee no hace tanto una denuncia de la alquimia repentina de viejas virtudes en públicas herejías como una proclamación de la personalidad de su república. Y de su paradójica vigencia. Sus opiniones contundentes son un destilado sentimental de la propia trayectoria vital del autor, sin más accidentes heroicos a destacar que haberse labrado una independencia solvente de criterio, que ya es bastante. Expuestas sin una irreverencia forzada ni afán provocador, esas opiniones resultan tan verosímiles como involuntariamente morales.

La confluencia de esos dos compañeros extravagantes, sabiduría y senilidad, recorre los juicios e impresiones de Diario de un mal año. La misma, pero con más estilo (y discreción), de que ha hecho gala Gore Vidal en el reciente coloquio del Festival Hay-On-Wye: "¿Dígame, señor Gore Vidal, a medida que se hace mayor, va encontrando la sabiduría? [pregunta el periodista]. -Senilidad es la palabra que está buscando, hijo, senilidad.” Esa displicencia con que la vejez disfraza la fatalidad de un mundo perdido es la que hizo a Kipling amenazar con su bastón a un periodista de Nueva York que se atrevió a preguntarle por sus opiniones personales. Aunque ante hechos flagrantes la reacción a un mundo que se siente como ajeno no espera y se muestra en plena madurez: "Estoy muy inquieto viendo tanta sandez", escribe Marañón a Ortega a finales de 1931, a propósito de la evolución que seguía la recién inaugurada República y que les hizo fundar al comienzo de ese mismo año la Agrupación al Servicio de la susuodicha.

Inquietud por ver tanta sandez, un estado histórico de indignación siempre propio de una minoría ilustrada que se siente jubilada por la invasión de los pánfilos. En los juicios de Coetzee no hay queja resignada ni reclamo moral sino restos de lucidez de un viejo observador: “En otro tiempo la pequeña franja de tierra que hay frente a la Torres perteneció a las aves, que hurgaban en el lecho del riachuelo y partían las piñas para extraer los piñones. Hoy se ha convertido en un espacio verde, un parque público frecuentado por animales bípedos. (...) Desde que empezaron a aparecer esos recién llegados, las aves se mantienen a prudente distancia. Todas salvo las urracas. Todas salvo la urraca jefe (así es como la considero), el más viejo, por lo menos el más majestuoso y maltrecho de los pájaros, del que imagino que es macho hasta el tuétano. Cuando estoy sentado en el banco, camina trazando lentos círculos a mi alrededor. No me está inspeccionando. No siente ninguna curiosidad por mí. Me está advirtiendo, me advierte que me vaya. También está buscando mi punto vulnerable, por si tiene necesidad de atacarme, por si llegamos a esa situación.”

Majestuoso, maltrecho y macho, tres avisos para corrales que los nuevos siervos emancipados hacen sonar con furor. Pero sin reto; los estorninos no retan, vuelan en bandada y velan el silencio con estruendo. La urraca, símbolo de curiosidad e independencia, repite nobleza al ser pintada por el Goya cortesano atada por una pata al infante Don Manuel Osorio Manrique de Zúñiga. El contraste entre la maldad simbolizada por los gatos y la inocencia del niño da paso a una imagen actual: la candidez de muñeco que muestra el poder representado por el infante.

(Don Manuel Osorio Manrique de Zúñiga, niño.)

(Escrito por Bartleby)

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27 mayo 2008
Etiquetas: Catón, marquesdecubaslibres, música, Nueva York

"El analfabetismo, como causa de atraso y de barbarie, es una superstición de nuestras izquierdas. «Hay que leer», se dice; pero «¿Qué es lo que hay que leer?» preguntaría yo. Para mí este punto es de una importancia capital, y mientras alguien no me lo aclare de un modo satisfactorio votaré por el analfabetismo. Yo creo, en efecto, que si España quiere conservar la originalidad de su carácter y de su inteligencia tiene que poner a salvo de las pamplinas periodísticas y los lugares comunes literarios un 50 por 100, cuando menos, de su población.
(…)
Por mi parte opino que en España sólo los analfabetos conservan íntegra la inteligencia, y si algunas conversaciones españolas me han producido un placer verdaderamente intelectual, no han sido tanto las del Ateneo o la Revista de Occidente como las de esos marineros y labradores que, no sabiendo leer ni escribir, enjuician todos los asuntos de un modo personal y directo, sin lugares comunes ni ideas de segunda mano."

(Julio Camba, La ciudad automática, 1932)



"La música bona agrada més als homes que a les dones. Aquesta diferència està potser relacionada amb la diversitat de la força sensual. En aquest aspecte, els homes tenim, probablement a totes les edats de la vida, una força més petita. Això converteix potser la música en el plaer sensual imaginatiu dels febles i dels pobres –dels pobres en tots sentits! La música de les dones –i la de Don Joan– deu ésser la música de regiment."

(Josep Pla, El quadern gris. Dietaris 1918 -1919, 1966)



“—Todos dicen lo mismo –exclamó el Madrileño-. Maldonado es el tipo de republicano español. ¡Son admirables esos tíos!
—¿Por qué? – dijo el Bolo.
—Sí hombre; odian a los aristócratas, porque no pueden ser aristócratas; se las echan de demócratas, y les molesta todo lo plebeyo; se las echan de héroes, y no han hecho ninguna heroicidad; se las echan de Catones, y el uno tiene una casa de juego; el otro una taberna… ¡Rediós! Así es muy fácil ser austero… Luego todos son absolutistas…, y toda su emancipación consiste en dejar de creer en el Papa para creer en Salmerón o en cualquier fabricante de frases por el estilo… A nosotros no odian porque ya discurrimos sin necesidad de ellos.”

(Pío Baroja, Aurora roja, 1904)



(Escrito por Desierto Polaco)

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26 mayo 2008
Verdad, prejuicios y exhibición
Neutralidad, equilibrio o imparcialidad son conceptos muy prestigiosos y muy invocados en los diarios, las facultades y los cuadernos especializados cuando se discute sobre periodismo. El periodista, no debe, dicen muchas veces y muy alto, tomar partido por ninguno de los implicados ni dejar ver sus afinidades. Entre las obligaciones positivas más apreciadas destacan dos: interpretar y contextualizar, y separar bien información y opinión.

Seguramente estas reglas contribuyen a mejorar el estado de la profesión. Ninguna es descabellada ni carece de justificación. Pero se echa en falta alguna referencia al que parece el primer fundamento del periodismo: la verdad. El respeto de los hechos no entra en contradicción con ninguna de las recomendaciones enunciadas, y por tanto no es incompatible con ellas. Pero la jerarquización es crucial en todo sistema de normas, y la verdad, tan grande, simple e intimidatoria, bien debiera colocarse en lo más alto.

Importa poco que un periodista se declare conservador, socialdemócrata o liberal, y que muestre en las informaciones que firma sus prejuicios y sus preferencias respecto a los protagonistas. La primera obligación es contar escrupulosamente los hechos en que se ven inmersos, aunque en cada cambio de línea aprecie el atento lector la furia o la alegría que su suerte le produce al periodista.

Escribió Félix Bayón que la discreción no es una virtud, sino una vacuna contra el cachondeo. Es sin duda una gran verdad, pero el ser humano no siempre es capaz de ser discreto, y en estos casos la exhibición puede ser una solución excelente. Los periodistas son humanos, y por lo general humanos apasionados, con grandes dificultades para controlar sus fobias. Los intentos de ocultarlas desembocan a menudo en cómicos juegos de prestidigitación, que enredan la ya de por sí complicada narración de los hechos y en nada contribuyen a la objetividad.

(Escrito por Happel)

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25 mayo 2008
Incursión diurna

(Por Errabundo)

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24 mayo 2008
Crema de Espinacas de Sinuhé el Egipcio

Pues no, que no llega la Primavera del todo, y andamos entre guardar el anorak o sacarlo a la calle. Pero eso de que el tiempo esté loco y hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo o caray con la ola de frío polar extraordinaria no es de ahora, ni mucho menos. Ya en Roma se contó cómo el Nilo, el río del Egipto ardiente, se heló en un invierno terrible. Suponemos que en aquellos días de frío se tomarían muchas, muchas sopas, que tanto gustaban a los egipcios pobres y ricos, y ésta es seguro que se sirvió en las mesas de los faraones. La leche (y no digamos la crema) era una golosina para los que podían pagarla o tenían rebaños propios. Y las espinacas eran una verdura apreciada desde tiempos inmemoriales. El viajero Sinuhé se envolvería en su mantita y disfrutaría su cena con infantil glotonería en su casita de campo, regalada por el faraón, mientras recuerda sus correrías el país de Retenu y lo que le costó enseñar a sus cocineros sirios a prepararla como es debido.

En dos tazas de caldo de pollo (hecho en casa o de tetrabrick, pero ni se te ocurra hacerla de cubitos de sopicaldo) cocerás brevemente dos cebollas cortadas en aros y tres dientes de ajo machacados. Cuando la cebolla esté ablandada, apaga el fuego y reserva el cocimiento. En un puchero de barro o una olla de hierro colado, hervirás una taza de agua y añadirás medio kilo de espinacas frescas lavadas, dos tazas de cilantro fresco y una taza de eneldo fresco, cuidando de eliminar los tallos de las hierbas y picando las hojillas. Si no encuentras espinacas frescas, usa espinaca congelada, y bastará que la añadas al caldo una vez apagado el fuego para que se descongelen con el calor del líquido junto con las hierbas aromáticas. Usa la batidora de brazo o de vaso para desmenuzar la espinaca, pero no deshagas demasiado la verdura. En la perola que hayas apochado la espinaca fresca (o que esté aun intacta en la encimera esperando su turno) prepararás un roux blanco, eso es, un fondo de salsa que será como aquí te indico: fundirás una cucharada de mantequilla y en ella tostarás dos cucharadas de harina, a ser posible de cebada o de trigo espelta integral, pero si no usa harina normal de trigo. Mezclarás la harina con cuchara de madera, que no corrompe la salsa, y añadirás sin dejar de remover un cuarto de taza de leche caliente. Cuando toda la leche haya sido absorbida por la harina, sigue añadiendo poco a poco taza y media de leche caliente, sin parar de remover. Añade una taza de caldo de pollo caliente y liga toda la salsa con primor y sin desfallecer, dejando que haga burbujitas durante diez minutos. Añadirás el cocimiento de las cebollas y las espinacas, media taza de crema de leche, un pellizco de sal, pimienta blanca y de cayena y una cucharadita de miel. Remueve con el fuego al mínimo y no dejes que hierva. En el último momento, añadirás nuez moscada rallada, sé generoso con ella si no sufres de enfermedad renal. Para servir, añade una cucharada de yogur griego batido por ración, un pellizco de comino molido y un poco de cilantro fresco para adornar. Sírvelo con pan árabe o pan de pita calentado en el horno.

(Escrito por Mandarin Goose)

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[0] Editado por Protactínio a las 9:00:00 | Todos los comentarios 271 comentarios // Año IV
23 mayo 2008
Modus vivendi
(Dedicado al Crítico Constante. Y que, quien quiera, me apunte en las listas negras que le dé la gana.)

Esta señora se llama Janet Jackson y es, claro está, una parte de la familia negra del cantante blanco Michael Jackson. Si la traigo esta mañana al blog no es por su artística pose sino porque está escribiendo un libro. Como se lo digo. Un libro –supongo de los llamados de auto-ayuda– sobre sus problemas con la báscula. Yo le sugeriría que empezara por quitarse esa especie de estrella metálica que cubre su pezón derecho, aunque esto es sólo una opinión muy personal, claro. Y se lo sugiero, eso sí, desde la solidaridad que todos los gordos debemos profesarnos. Porque yo también tengo problemas con la báscula, como es público, notorio y hasta publicado. O, por mejor decir, es la báscula la que tiene problemas conmigo en las raras ocasiones en que me subo a élla. Problemas de resistencia de materiales, concretamente.



Lo del PP. Hay que escribir algo sobre lo del PP y la aparente desbandada de militantes. ¿Por qué se van? que, casi, decía Jeannette, si, finalmente, Mariano Rajoy no ha hecho ni dicho nada, de momento y que se sepa. ¿Se van, quizá, por el hecho de que Mariano se quede? ¿Se van porque se temen lo pedor (sic)? ¿Se van porque se fían del Congreso de junio lo mismo que yo de la defensa del Atleti? Definitivamente, ZP/Alicia es un hombre con suerte. Con baraka, incluso, por emplear el caudillesco calificativo que tan bien le cuadra. Porque, vamos a ver: con el lío de los 400 leuros, el petróleo subiendo magnis itineribus, el Euribor al 5%, la construcción en el mismísimo carajo y el gobierno totalmente puerperal, nadie habla de él, que para eso es el que manda. Nadie. Sólo PP, PP y PP. Bueno: y Mariano, claro. Yo sólo tengo de marianista mi formación de bachillerato. Pero, digo yo: ¿por qué estos señores que opositan, en lugar de irse, no le organizan una candidatura dura-durísima y se presentan en el Congreso? Como cuando ZP/Alicia, ¿recuerdan? Con un par: ganando a la señorita Matilde Durex Fernández y al elefante salobreño Pepe Besaviejas Bono. Y ganó, el tío. Por pocos votos, vale, pero ganó. Y aquí paz y después gloria, y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. ¿Qué les hace falta para presentarse? ¿Un designado? ¿Un guía de corazones atribulados? Sólo entonces me los creeré. Mientras tanto, a ti el pelotón, Mariano, que los arrollas.



Un grupo de teatro infantil de mi pueblo ha encontrado, por fin, su nicho ecológico. Tras años de actuar poco más que en BBC (Bodas-Bautizos-Comuniones) para entretener a los niños, que acaban poniéndose muy pesados, presentaron, dos años ha, un magno proyecto artístico/lúdico/educativo a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y la autoridad pertinente se lo aprobó y financió. Se trata de concienciar/educar a los niños sobre los peligros del cambio climático y lo que los tiernos infantes pueden hacer al respecto. Casi ¡doscientas actuaciones! anuales en colegios públicos de toda la región. ¿El programa? Muy sencillo: directo al público infantil. Primero se asusta muchísimo a los niños representándoles de forma directa los peligros del cambio climático. Ya saben: la letanía. Mares que suben, costas que se inundan, nuestra región será un desierto, los parajitos caerán fulminados por el rayo térmico… En fin: lo normal para un niño. Y luego, claro, qué hacer. Pues muy fácil, queridos niños y niñas: ahorrar agua en casa y reciclar la basura, separando ésta por componentes (metálicos, vítreos, celulósicos y orgánicos). ¡Así acabaremos con la amenaza, con la hidra maligna! Dejad cerrado el grifo mientras os laváis los dientes y decidle siempre a mamá (a papá no, que es un guarro y sólo piensa en el fúmbol) que separe las latillas de las botellas de agua mineral y éstas de las mondaduras de patata. Y ya está. A vivir (de los impuestos), que son dos días.

(Escrito por Protactínio)

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22 mayo 2008
Campanas de Belén, silencio

Bajo la lluvia danza la Djinn trasparentando las gotas de agua y haciendo ondas en los charcos. Otros avatares se divierten tomando formas con lacios pelajes y sacudiéndose con estrambóticas contorsiones, creando arcos de salpicaduras que espejean con la luz de la hoguera y los faroles cubiertos

-(¿Ya te han llamado del lobby sionista a cuenta de la serie de entradas sobre Palestina?)

- (Directamente no, pero el sector proisraelí me ha sugerido que haga un artículo “a favor de Israel, para compensar”. Ya les he dicho que no escribimos a favor ni en contra, que solo contamos lo que hay, y que precisamente porque no somos equidistantes no podemos llevar conteos de saques, mates y carreras. Así nos va, claro, que nos caen de los dos lados.)

-Los musulmanes palestinos, los musulmanes de los campos… A ver si completamos las cuentas: en 1946 había 200.000 árabes cristianos viviendo sólo en Jerusalén Este. Y estos también se han llevado bofetadas a tutiplén, han sido desalojados de sus casas y son una fuerte oposición (se hace lo que se puede) a la ocupación israelí de los territorios. En Palestina hay 35 iglesias cristianas (católicas, ortodoxas, monofisitas y protestantes). La más antigua, la iglesia católica griega o melkita, tiene unos 44.000 fieles. Mucho más minoritarias son las iglesias armenia, maronita, caldea y copta. Todos ellos han tenido que vadear aguas muy profundas, las propias de entornos en los cuales eran minorías más o menos respetadas según la bondad graciosa de los gobernantes y el buen humor de los vecinos. Aunque considerados “dhimmis” (minorías toleradas), durante el Imperio Otomano se les definió según el sistema “millet”, por el cual las comunidades locales de una particular confesión eran autónomas en sus asuntos espirituales y civiles (matrimonios, herencias, propiedad, educación…). Este sistema, aunque aparentemente beneficiosos para los segregados (que podían mantener su “pureza”, por eso agradaba tanto a los mas tradicionalistas), en realidad trajo mas desventajas que beneficios: separó a los cristianos de la administración y creó un profundo muro entre ellos y los musulmanes. Sin embargo los cristianos de Oriente Medio son ante todo árabes; al desaparecer el Imperio Otomano, son los cristianos los que se ponen al frente de los movimientos nacionalistas y seculares, llegando a fundar partidos de corte socialista como el Ba’th sirio. Tras la fundación del estado de Israel, los cristianos palestinos, por segunda vez en la historia, se encontraron viviendo en minoría dentro de una mayoría judía. Pero esta vez había otros tipos echando las muelas en su misma orilla, los árabes musulmanes, con los que comparten circunstancias. Claro que ya se sabe que hasta en eso hay clases: los cristianos en Palestina tienen que soportar la presión integrista de los grupos tipo Hamás, que los intenta esconder y aniquilar aprovechando el río revuelto. Por eso se han agrupado sobre todo en la tendencia laicista de Al Fatáh, que no les exige (tanto) su camuflaje en el entorno. Campanas silenciadas, cruces escondidas, ritos religiosos en la clandestinidad… En Jerusalén Este, donde aun quedan unos 11.000 cristianos, se les permite mayor visibilidad. Los cristianos en Jerusalén se han agrupado paulatinamente bajo una nueva jerarquía, en la cual el líder más activo o de mayor voz es el Patriarca latino de Jerusalén Michel Sabbah.

-Je, parece que los cristianos están también incapacitados para hacer frente común cuando toca. Debe ser la maldición de los Cananeos. Es que no sólo llevan pegándose con los cirios y las cruces procesionales desde tiempos de las Cruzadas, es que por un quítame allá una escalera siguen dando penosos espectáculos en Jerusalén.

-Me pilláis leyendo la entrevista al Patriarca Sabbah. Pues no sabía yo que la revista esta del Mensajero de San Antonio era tan moderna. Ya veo que no se limita a lo de “gracia concedida, diez eurillos”… Pero ya dice mi consejero espiritual en temas históricos que los franciscanos siempre han sido unos tipos bastante revoltosos en política. Al fin y al cabo fue en sus colegios y misiones en la Palestina de antes de las Revueltas Arabes donde se formaron los espíritus independentistas y nacionalistas.

- Otros que también han querido mediar (o tocar las narices o meterse en camisa de once varas, según quien cuente la versión) son los grupos anglicanos/protestantes, que si se echa un vistazo con cuidado son los que cortan el bacalao en las agrupaciones ecuménicas que llevan el Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI). Detrás de ellos está el Consejo Nacional de Iglesias (NCC) norteamericano, el cual ha declarado como pilares o cimientos del futuro de Palestina tres conceptos: 1: ambas partes deben abstenerse del uso de la violencia 2: los estados árabes y los palestinos deben reconocer el estado de Israel y a su vez Israel reconocer el derecho de autodeterminación de los palestinos 3: el status de Jerusalén debe ser objeto de negociación.

-Ya, suena muy bonito, pero en la práctica cada vez que los grupos protestantes se han metido a redimir la casa ajena han acabado dejándolo peor que como estaba. No digamos ya las iglesias evangélicas que, disfrazadas de ONGs o de lagarteranas, se dedican a entrar en Oriente Medio como elefantes en cacharrería, haciendo saltar por los aires los complejos equilibrios de los implicados y dejando que los cristianos de la zona se lleven los palos de sus meteduras de pata, mientras ellos vuelven a sus casas envueltos en papel de celofán ¡Aleluya!. El cenit de la caradura llega cuando algunas iglesias (por decir algo) cristinas, mayormente norteamericanas, apoyan el sionismo cristino y son hostiles a los palestinos. Pero no porque simpaticen o apoyen a los judíos como religión o a Israel como Estado (en realidad no los tragan), sino para conseguir la llegada del Armaggedon, en el cual ELLOS, naturalmente, serán rescatados y llevados en palmitas a ser felicitados por Dios Padre. Vaya casualidad, los que andan asegurando la llegada del Anticristo son los evangelistas, los fundamentalistas (esos tipos extraños del Cinturón de la Biblia) y los Pentecostales; no es de extrañar que cuando aparecen por países árabes los saquen a patadas a ellos y a sus Biblias de los Gedeones. Por esaboríos y cenizos, ozú que gente.

-En el día a día de los barrios, judíos, cristianos y musulmanes intentan arreglarse para vivir juntos, aunque con bastantes fracasos y decepciones. A los que están en minoría, como podemos suponer, les toca poner la parte mayor, tragar con los sapos mas venenosos y sonreír. Y se preguntan los cristianos con razón porqué Occidente no mueve un dedo para echarles una mano. Baste ver como en el Líbano se partieron en dos grandes grupos: los que se colocaron en las posiciones prosirias y apoyan a grupos tipo Hezbollá, y los que están en frente, unos y otros hasta las narices de tener que apañárselas solos y encima ser ariete de los de fuera de casa en sus políticas externas, y de que nada es lo que parece.

-Lo de adscribirlos a posiciones más o menos izquierdistas/derechistas es un poco absurdo en esas circunstancias. Más bien es un continuo cambalache entre el enemigo de mi enemigo, mi amigo mas fuerte, la amenaza mas directa y quién ha matado a quién en cada familia. Aunque los cristianos libaneses han sufrido muchísimo en las disputas, también se han cobrado algunas deudas, como en Sabra y Shatila (las milicias falangistas maronitas, encabronadas por el asesinato de su líder Bashir Jumayyil y la matanza de Damour, masacraron a casi un millar de refugiados ) y en Tell Az-Zaatar (12 de agosto de 1976).

-Fijaos qué artículo he encontrado trasteando en Internet. Si lo llego a pillar antes, os lo traduzco con el Google y os lo hago pasar por original. No diréis que es precisamente de un progre furibundo… pero creo que coincide en bastantes cosas con lo que habéis comentado.


-Pues tan interesante como este otro que he pillado yo. Hala, juntitos en el escritorio bajo la ventana con el resto de la bibliografía. Para que luego diga alguna ilustre bocazas que no encuentra material en la Red o en las bibliotecas sobre el conflicto palestino que no sea “proisraelí”. Es evidente que el tema es complejo y tiene muchas sutilezas y ambigüedades, y que los partisanos de ambos bandos no se cortan manipulado la información hasta lo grotesco. No se puede dar un dictamen sobre si el conflicto es “culpa” de unos u otros (aunque algunos de los actores han sido verdaderos aprendices de brujo sin carné), pero sí que hay una larga lista de responsables (aquí, ahora, sin mitologías, sin excusas…) que tienen que ponerse a meter en vereda a sus propios correligionarios, dejar de usar a los muertos y heridos como moneda de cambio y empezar a asumir que o aprenden unos y otros a vivir juntos o se van todos juntos al Infierno (o Gehenna o Jahannam o Lada o Hutama o Jahin o Averno o Reino de Hel o Naraka …, según el currículum).

(Escrito por Mandarin Goose)

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21 mayo 2008
El 68 y la tolerancia en España
Todos estamos ahora atentos a 1968 y nos olvidamos, en este festín de conmemoraciones y falseamientos históricos, de que un siglo antes, en septiembre de 1868, tiene lugar en España otra revolución, importantísima para nosotros.

Me voy a aprovechar de la coincidencia y equívoco para escribirles de algo relacionado: la difícil convivencia en España entre ortodoxos y heterodoxos. No se asusten, que no voy a endilgarles ningún rollo sacado de Américo Castro ni de Juan Goytisolo (autores que me parecen muy válidos malgré les enragés que hoy nos aturden). Permítanme hablarles de Los cementerios civiles de D. José Jiménez Lozano.

Ya en la primera página, citando a Eugenio Noel, deja muy claro el propósito de su extraordinario ensayo histórico: “El cementerio civil [ha sido] el símbolo de la incapacidad para una vida civil, y de la intolerancia religiosa y filosófica, social y política”. Durante muchos años hubo dos tipos de enterramientos: aquellos ortodoxos, los de los católicos, y los que se situaban extramuros de la Iglesia, y de la sociedad española por tanto. Aquí no ha habido, hasta épocas muy recientes, posibilidad de un entierro normal si no se era católico. Los que no lo eran, aun siendo religiosos, protestantes en su mayoría, pero también católicos heterodoxos, o los que no eran creyentes (aunque simplemente fueran agnósticos), esos iban al corralillo, un lugar fuera del cementerio, tapiado, sí, pero, por su situación y por el poco cuidado que le prestaban, evitado por la gran mayoría. Hasta tal punto que muchos prefirieron ocultar sus diferencias con la Iglesia católica antes que ser enterrados allí.

El ensayo es, lo repito, extraordinario, y con ello apunto al cierre de la ética espinosista: “Todo lo excelso es tan difícil como raro”; sentencia que no viene mal recordar de tiempo en tiempo, ahora (y antes) que nos quieren colar por oro cosas que no pasan de ser hojalata recubierta de purpurina. Excelente por la investigación tan exhaustiva de fuentes, por el cuidado con que está escrito, por el modo en que no tuerce el argumento pro domo sua cuando no le conviene lo que encuentra. Y claro, excelso por la propia personalidad del autor, hombre discreto, prudente, inteligentísimo, sapientísimo y heterodoxo (entonces y ahora). Escribir un libro sobre los cementerios civiles en 1978 en los ambientes que él frecuentaba (una Valladolid provinciana, reaccionaria y en la que algunos se permitían ir con la pistola y con el derecho de disparar a quienes tenían ideas políticas contrarias), era una prueba de audacia que ahora difícilmente podemos imaginar. Tampoco es de extrañar, pues la aventura del coraje cívico e intelectual la llevaba ejerciendo desde los años sesenta, cuando publicaba artículos en la revista Destino que no concordaban con la línea oficial.

El libro, lo repito, es excelente, pero alcanza cotas altísimas cuando Jiménez Lozano habla de la aventura espiritual de aquellos católicos heterodoxos del siglo XIX. Gumersindo de Azcárate, don Fernando de Castro, don Francisco Giner de los Ríos o don Julián Sanz del Río. Se extiende poco en estos dos últimos pero a Azcárate y a Castro les dedica páginas sentidas y llenas de perspicacia. Gumersindo de Azcárate fue un cristiano laico, en palabras del autor (y perdonen que no incluya la argumentación que da en las notas), a quien enterraron de manera pacífica en el cementerio civil; entre los seis mil asistentes se contaban don Antonio Maura y don Eduardo Dato. Lo que señalan las cuatro figuras ejemplares que Jiménez lozano nos pone delante es que se podía ser católico sin tener que aceptar plenamente el dogma. Esto significó que hubieron de inaugurar nuevas ceremonias de un nuevo tipo de cristianismo que califica como: “libre y secular, místico y total.” Esto supone que tras la Revolución de Septiembre de 1868 entre en España la tolerancia religiosa y por tanto, el “inconformismo religioso a cara descubierta”. No olvidemos que hasta entonces (y la identificación se prolongaría durante muchas décadas) prevalecía la absurda identificación entre españoles y católicos.

A pesar de hablar de españoles del siglo XIX, Jiménez Lozano está hablando de sí mismo y de quienes como él sentían que la senda de la iglesia española no era la correcta y mucho menos la única. Abandona por unas páginas las dudas y maneras de vivir de estos españoles católicos a su manera y fija su atención en los católicos europeos: Loisy, Tyrrell, Hébert, Turmel, Houtin, el cardenal Newman o Alfaric. Percibe con total claridad la distancia que hay de unos a otros pero también es capaz de reconocer que hay en ellos una misma comunidad de aventura espiritual, aunque en el caso de los españoles terminen por preferir un entierro laico, sin dejar de ser católicos. Los descubrimientos científicos y el comportamiento de algunos de los representantes eclesiásticos los llevaron a alejarse de la Iglesia oficial, y esto, como no podía ser de otro modo, les significó la exclusión. Frente a aquellos que pregonaban un único modo de ser católico y español, ellos mostraron una amplitud de miras y un coraje cívico desconocido, que les permitió resistir las acusaciones de antiespañolismo.

Al fin, de lo que se trata es de las diferentes maneras que hay de vivir una misma aventura espiritual dentro de la sociedad. Hay quienes se decantan por la ortodoxia, la tradición y la senda trillada de lo que es aceptado socialmente, y hay quienes hacen de ello una verdadera aventura y abandonan toda certeza fundada en los hábitos y la costumbre, y se lanzan al abismo acompañado de su sola conciencia.

Se trata también de más, de reivindicar esos que fueron españolas a redropelo, esos que vislumbraron que ser español no significaba seguir la ortodoxia social si iba en contra de sus propias creencias. Se trata también de la aventura intelectual de un hombre que fue capaz de escribir un libro incómodo entonces, y que hoy está fuera de lugar no tanto por el contenido sino por la serenidad y prudencia con que fue escrito y ha sido reeditado. Hay quienes hacen de la historia un martillo contra sus enemigos, hay quienes buscan justificar sus fantasmas, obsesiones y desvaríos ideológicos ahormando la historia dentro de su cerril ideología (beneficiándose de la incultura general gracias al tonillo histérico y altivo que han utilizado siempre aquellos que han querido pasar sus ideas por la Verdad), y hay quienes buscan en la historia ejemplos que les sirvan de ejemplo o que les den respuesta a problemas íntimos. De estos hay hoy en día pocos. Lo fue don José Jiménez Lozano en los años sesenta, lo volvió a ser a finales de los setenta y lo sigue siendo ahora en el 2008, cuando se apresura para no ser contemporáneo sin dejarse llevar por la marea de la estupidez demagógica.

(Escrito por Garven)

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20 mayo 2008
Educación vial


No tengo muy claro que el concepto educación case muy bien con el de conducir. Es casi como equiparar la urbanidad con el código de circulación. Y creo que son cosas distintas. Te han de educar para que no tires un papel al suelo, pero no para que respetes una norma de tráfico, eso te lo han de exigir por que hay vidas en juego. Entiendo que si alguien que va conduciendo saca la cabeza por la ventanilla y te insulta podamos pensar que necesita educación, pero cuando se salta una línea continua lo que le conviene es una sanción.


Siempre he creído que la educación vial básica que necesita aprender una criatura pueden proporcionársela sus padres sin grandes problemas. Rojo-pararse, verde-cruzar y poca cosa más. No creo que se trate de que se aprendan la mitad del código de circulación. No los presionemos. A lo mejor cuando sean mayores de edad no quieren sacarse el carnet ni comprarse un auto. Pero no soy nada intransigente. Si la gente se pone estupenda, adelante, venga esa educación vial, incluso como asignatura. Pero ojo, la educación vial impartida en escuelas o en imitaciones burdas de una mini ciudad me parece tan descabellado como si los naturalistas se dedicaran a estudiar la vida de los animales en los zoológicos en lugar de en su hábitat.

Si queremos que los niños aprendan a comportarse en la jungla de asfalto, situémoslos en la realidad de la calle. Las clases deberían impartirse a pie de obra. ¿Dónde mejor van a poder contemplar las criaturas cómo no se respeta un stop?, ¿o lo fácil que es saltarse un semáforo en rojo?, ¿o sobrevolar un paso de peatones? Y es que las ventajas del directo son evidentes. Incluso podrían surgir preguntas como: ¿y por qué no educan a ésos en lugar de a nosotros que todavía no tenemos carné? A su vez, los educadores (que suelen ser policías municipales) podrán defenderse de la impunidad reinante usando ese lindo tópico “no podemos poner a un guardia en cada semáforo/stop/paso de peatones” (tópico que siempre creí que se había inventado para tranquilizar a los infractores), con lo cual, los chavales (que menudos son) serían capaces de repreguntar: “¿tantos infractores hay que habría que poner un guardia en cada semáforo para que se comportaran?”.

Considero que cuando la impunidad se contempla en directo y en todo su esplendor es cuando mayor posibilidad existe de educar de golpe y en los dos sentidos. Unos críos se darán cuenta de lo peligroso que resulta no cumplir las normas y decidirán acatarlas y otros aprenderán a infringirlas dada su facilidad y sus nulas consecuencias. ¿A nadie le parece raro no haber visto jamás a grupos de niños en stops, semáforos, giros prohibidos, observando cómo la policía multa a quienes se saltan las normas? ¿No debería ser ésa también una parte importante de su “educación vial”? No, no, mejor impartir las clases en recintos cerrados no vayamos a tener que contestar a demasiadas preguntas comprometidas o a presenciar imprudencias cotidianas difíciles de justificar.

Si alguien siente curiosidad por comprobar los efectos de la educación vial en los futuros conductores, no dejen de visitar Badalona (ciudad española pionera en implantar ese tipo de formación), porque aunque doy fe de que los cursos se han impartido y se siguen impartiendo, la impresión que se llevarán es la que de que un frío y silente absentismo se hizo siempre con el poder en las aulas.

Las imágenes que aporto no son el resultado de días enteros de grabaciones en lugares concretos de Barcelona o Badalona que sobresalgan especialmente por su peligrosidad. Calculo que habré invertido una hora en tomarlas y las tropelías se producen por doquier con la espontaneidad y la desenvoltura de aquellos que se saben impunes.




Badalona. “Una calle con dos carriles en una dirección y dos en la otra. Una señal indica que sólo el bus amarillo (que vemos girar) puede hacerlo a la izquierda. El coche azul está cometiendo una imprudencia, como hacen cada día en ese lugar unos tres mil autos tirando a lo bajo. (Llegan a formarse colas para girar con el consiguiente cabreo de los que quieren seguir recto.) Si se fijan, el auto azul tiene que detenerse para dejar pasar a peatones que cruzan por su paso cebra. Los autos que giran imprudentemente tienen que decidir en décimas de segundo qué hacen: si respetan el paso de peatones los que vienen por su derecha colisionarán contra ellos. Y para que no colisionen contra ellos la única solución es saltarse el paso de peatones. Generalmente, no se detienen en el paso de peatones. Lo he experimentado.”



“Las motos, con dos cojones. La carrocería la pone el piloto”.



"¡Por los pelos!"



“Observen cómo pasan por mi lado hasta cuatro autos con intenciones aviesas o quizá simplemente con prisa, que no hay por qué pensar mal. ¿El secreto para no ser abatido? Criaturas que me estáis leyendo, es fácil: esperar a que ya no pase nadie y cruzar.”



“Ronda Sant Pere/P.Gràcia. En 1986 un autobús atropelló mortalmente ahí mismo a cinco personas. Fallo de frenos, alegaron. Un semáforo que pueden llegar a cruzar hasta cien personas por fase… que luego entran al Corte Inglés."



“Consecuencias. Motorista a tierra.”










(Escrito y filmado por Goslum)

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19 mayo 2008
Las lindes de don Real
Entre las empresas que un buen materialista o realista debe emprender, quizá la más engorrosa sea la de hacer sitio en su mundo a aquello que su ismo pretende negar. Como quiera que se defina lo irreal, no puede concedérsele otro espacio que un arrabal de la realidad misma. Del mismo modo, la única forma de lidiar con la idea del alma, su formulación, ha de ser reducirla a algún tipo de materia (por ejemplo, ésa que Gustavo Bueno bautizó, procurando decir lo menos posible, como M2).

No conviene, sin embargo, exagerar la molestia. Si podemos imaginar al soñador o al poeta arrojando en brazos de don Real cualquier quimera escurridiza (ahí te las compongas, chato), estaríamos quizá más cerca de la verdad si imaginamos a don Real como el generoso Hades, dispuesto siempre a aceptar nuevos súbditos, o como el Ojo sin Párpado de la SGAE, presto a grabar (y gravar) cualquier ocurrencia, así venga del pueblo anónimo o del más grunge de los perroflautas. Por extraña que parezca la aportación, todo es bueno para el molino —está por aparecer un grano que la máquina no sepa moler y aprovechar.

(M. C. Escher, Metamorfosis)

Que la correspondencia entre lo que hay y la idea que nos hacemos de ello es defectuosa y frustrante es tema inaugural de cualquier curso de filosofía. Hay que contar con ello, cogerlo por los cuernos, cortar por lo sano —y pasar en seguida a otra cosa. Cualquier certeza vale: que esta correspondencia es, a pesar de sus defectos, lo único que tenemos, y por tanto irrenunciable; que no cabe pensar en ella como un defecto insalvable, sino como un déficit progresivamente cubierto, a medida que la Ciencia y la filosofía van corrigiendo las tosquedades del lenguaje común y tratando con la debida ironía y precaución sus propias producciones; que si los pretendidos defectos no impiden que las máquinas funcionen, los silogismos cuadren y la comunicación fluya, sería estúpido darles demasiada importancia.

Tiene, por tanto, mérito que Agustín García Calvo lleve tantos años insistiendo en que esta herida fundamental no puede menos que cerrar en falso. Sin embargo, es así. Ahora mismo, alguien (cualquiera) siente o contempla, dormido o despierto, lúcido o ebrio, algo que escapa a las categorías que conoce, y siente, quizá inseparables, la amenaza que eso supone para su equilibrio y el placer de entregarse a tal vértigo. No ha pasado un instante y ya esa patata caliente está en manos de don Real, convertida en una formulación que utiliza las ideas disponibles y por tanto las reitera y confirma.

El movimiento, sin embargo, se produce en ambos sentidos. También ahora mismo, alguien está combinando palabras (e ideas) comunes, y una vez de cada muchas, acierta a producir un enunciado que en vez de confirmar los supuestos que lo hacen posible, los pone en duda o desmiente. Mi ejemplo favorito (que debo, como tantas cosas, a Ana Leal) procede de un poema del maestro:

Distancia, de ti a mí distancia:
entre tú y yo, nada.

¿Qué intimidad podría haber mayor que ésta?: que nada se interponga entre nosotros. Sin embargo, tanto el contexto como la formulación en sí admiten y aconsejan una interpretación inconciliable, opuesta: negar que haya nada entre nosotros es excluir todo vínculo o relación, colocarnos en órdenes tales que, cual flecha de Zenón, ni en siete ni en mil pasos podríamos desplazarnos por el eje de semejanza o contigüidad y llegar del uno al otro.

Aunque García Calvo explica en sus libros que la poesía es una confluencia del ritmo laxo del lenguaje y el ritmo medido de la música, en letra pequeña nos recuerda que la virtud principal de este dejarse ir a tiempo reside en favorecer ocurrencias como ésta, que por caminos imprevistos salen de lo real con dirección desconocida. Del Hades, receptor universal, escapan chispas de continuo, grumos inertes que cobran vida.

La imagen de este doble movimiento (lo desconocido dejándose atrapar; lo conocido revelándose prodigio) tiene la fuerza de una cosmogonía mítica: no importa cuándo mires (quizá ni siquiera adónde), don Real mantiene intacta su soberanía a grandes rasgos, pero sus redes se alimentan de lo desconocido (su administración de Muerte precisa algo vivo que la soporte) y, por familiares y bien trabadas que sean, no pueden conjurar del todo el riesgo de deshacerse en cualquier momento, volverse inmanejables sin previo aviso.

Si no hay aventura filosófica ajena a esta danza, tampoco hay ninguna que guarde la debida fidelidad a la misma. Es mezquino negarle a García Calvo el agradecimiento que le debemos por mantener despierta, cual tábano socrático, esta conciencia entre lógica y lisérgica de la que es tan necesario evadirse para ser uno mismo y funcionar como Dios manda, con la debida confianza en nuestros intereses, inversiones y perspectivas.

Don Real procesa como puede estas aportaciones. Esta misma entrada, si en un 50% intenta hacer sentir la maravilla de lo desconocido, en otro tanto-por-cierto contribuye a la industria de las glosas y explicaciones que reducen lo imprevisto a variación banal de lo dado. Escupan, si pueden, las molestias —y acéptenme, a cambio, este gracias.

(Escrito por Al59)

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18 mayo 2008
Invierno en Mont-Roig del Camp
Mástil de la roja bandera
se alza la ermita
de la Señora de la Roca,
custodiada por molinos
que en la altura la escoltan
a la espera del ataque

Como un estandarte, el viento
mueve a la dama, pero resiste
con temple, con dureza y no espera
que el soplo la deje fuera

Escupe el agua a la costa
quien socava los límites
de los algarrobos y olivares,
de los campistas a destiempo

El sol baña los barrancos,
los caminos y las rieras,
en un pulso con el viento
que vence y pierden
cuando el centinela no atiende
en el bastión de la existencia

Desiertos los dedales,
erosionados por las calumnias,
la grava suelta el pelo
del salitre del Estanque Helado,
arena de la Porquerola,
barro en la punta de Llastres,
hermoso cortado de Rifà,
frutales en espera bajo el manto,
que el viento fecunda junto
a los delgados pinares

Los centauros galopan las grietas,
desafiando al mistral gélido
mientras los centinelas de la Señora,
presentan sus armas a la Madre.

(Escrito por Cateto de Pacifistán)

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17 mayo 2008
GASTRONOMÍA ARGENTINA (I)

En este nickjournal se publicaron recetas mejores que las que aparecen en los buenos libros de cocina. Pero casi todas de la cocina española. Quiero que conozcáis algo de la cocina típica argentina aunque, lo reconozco, hay quienes sostienen que no existe nada que pueda recibir el nombre de “gastronomía argentina”. Por supuesto que no es así. A las pruebas me remito y que os invito a probar, aunque más no sea con la imaginación por ahora.

Aclaremos de entrada que mi relación con la gastronomía es más bien manducatoria. Mi ayuda a las mujeres de la casa se limita generalmente a romper los huevos, abrir las latas, destapar el vino y otras tareas así de complejas. Soy, eso sí, el catador oficial de la casa: me hacen probar salsas y preparados para que yo decida si están a punto o si le falta algún condimento. Sin embargo en las ocasiones en que he debido ponerme el delantal los comensales siempre quedaron muy satisfechos.

Una de mis especialidades es un plato de la gastronomía argentina más típica: la empanada gallega. Me la enseñó mi madre, Hjerka Pandol y a ella, a su vez, mi abuela Matija Luçiç. Primero la masa: Usaremos seis tazas de harina 0000, tamaño tazas de te. No sé si en España se diferencia entre la harina de trigo cinco ceros de la cuatro ceros. La cuatro ceros es menos refinada pero más apta para este plato típico. En la cocina no siempre lo más refinado es lo mejor.
Grasa de cerdo, 250 gr. Creo que los españoles le llaman manteca a eso.
Dos huevos.
Sal, por supuesto, la necesaria.
Agua fría, media taza (tamaño te, nuevamente).

Se tamizan la harina y la sal. Se pone todo en un bol grande y se hace un hoyo en el centro, donde se agregan los dos huevos, batidos previamente. Se le incorpora la harina y se agrega la grasa de cerdo (líquida), trabajando bien la masa. Luego el agua, poco a poco, hasta llegar al punto justo: la masa debe quedar homogénea y lisa. Y aquí una advertencia: nunca se pueden dar las medidas exactas de harina y agua. Depende del tipo de harina. El cocinero debe comprobar en qué punto la masa ya no se pega a las manos o al bol. No caer en el pecado opuesto de poner demasiada harina porque luego será difícil estirarla. Se deja descansar la masa en la heladera.

Pasemos al relleno. En realidad, recomendaría que se hiciese antes que la masa. Y aún el día anterior, para que concentre su sabor. Necesitamos lo siguiente:
Tres cebollas grandes, cortadas en pluma. Con un poco de imaginación podréis daros cuenta qué es eso de cortarlas en pluma. Optativamente además dos ajos picados muy finamente.
Un ají rojo y uno verde cortados en tiras finas. Aquí les llamamos pimientos comunes. No los de Calahorra. Los pimientos comunes en Argentina son grandes, alargados, no redondeados. Digo todo esto para que el plato sea lo más típicamente argentino posible.
Doscientos gramos de atún. Tiene que ser de lata porque el atún fresco no tiene gusto a atún.
Una lata de sardinas sin desmenuzar.
Dos o tres huevos duros, 100 gr. de aceitunas descarozadas y perejil, todo picado fino.
Sal a gusto. Una cucharada sopera de azúcar.
Aceite de girasol, una taza de te. Me refiero a la medida de la taza, no vayáis a ponerle te a la empanada gallega porque sería un desastre. Debe ser necesariamente aceite de girasol, aún el contaminado que venden en algunos lugares de España. Pero nunca, nunca, aceite de oliva porque dejaría de ser el plato típico de Argentina que quiero que conozcáis. Aunque si queréis darle un toque hispánico a este plato argentino, ¡qué voy a hacerle!, ponedle nomás el de oliva. Pero con ese aceite os ocurre a los españoles algo similar a lo que les pasa a los chinos con la salsa de soja, que hace que todos los platos tengan el mismo gusto.

Ahora que ya tenemos los ingredientes preparemos el relleno: Rehogar en aceite de girasol caliente las cebollas cortadas en pluma fina y el ajo optativo durante unos diez minutos y sin llegar a dorar, revolviendo constantemente. Salpimentar y agregar media cucharada sopera de azúcar. Retirar y reservar. Hacer lo mismo con los pimientos. Enmantecar el molde. Se estira la masa en forma perfectamente circular, con el palo de amasar o una botella si no lo tenemos. A mí no me sale perfecto el círculo, por lo que en este punto acude mi suegra a auxiliarme. El relleno se pone solamente en una de las mitades del círculo de masa. La otra mitad (¡sin cortarla!) se deja para luego doblarla por encima. Lógicamente el borde debe quedar libre de relleno para hacer después el repulgue. Primero colocamos una base de cebolla bien escurrida y por encima una capa de pimientos. Arriba el atún desmenuzado, luego el huevo duro picado con aceitunas y perejil, una capa de filetitos de sardina y se cubre todo nuevamente con dos capas alternadas de cebolla y de pimientos. Si no tenéis paciencia podéis mezclar esos distintos componentes del relleno. Tal como decía mi padre: “en el estómago todo se confunde”.

Mojando con agua o huevo el borde libre de la masa se la dobla por encima del relleno y se cierra con el repulgue previsto. Se puede pintar por encima el repulgue de la empanada con huevo disuelto en agua y el “cuerpo” con leche disuelta con unas gotas de agua. O al revés. Observar los diferentes colores del dorado según sea con leche o huevo. La empanada queda con la forma de un semicírculo gordo. También se puede pintar la tapa de la empanada con algo del aceite de cocción de los pimientos. Si ha sobrado algo de masa se puede decorar la tapa con formas de hojas y flores o un enrejado.

Se hornea a 180º durante media hora. Tener en cuenta que todo el relleno ya está cocido. Puede intentarse dorar la cubierta en la parte más alta del horno con el grill eléctrico y luego bajar la empanada cuidando siempre que no se tueste en demasía la base, levantándola cada tanto con una cuchara para observarla. Se puede comer tibia o a temperatura ambiente. No fría ni caliente.

¿Qué os pareció? Prometo que cuando vengáis a Rosario os haré conocer la empanada gallega, uno de los más típicos platos argentinos, con un valor agregado: ¡hecha por estas manecitas que ahora están tecleando febrilmente! En otra ocasión os haré conocer otro típico plato argentino: la pizza napolitana. No podéis imaginaros lo que es eso, especialmente cuando yo la preparo.

(Escrito por Hércor)

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16 mayo 2008
In vino, falsitas
El título del post, remedo del célebre adagio In vino, veritas, no hace referencia, aclarémoslo ab initio, a la presunta mendacidad de los bebedores o a la supuesta abundancia de falsos elogios en la primera fase de la cogorza, que como ustedes sabrán es la correspondiente al estado de exaltación de la amistad. No. Quiero hablar hoy de algunas mentiras, falsedades o, directamente, trolas gordísimas, tan frecuentes, conocidas y casi aceptadas en el mundo del vino que han pasado a convertirse en meros sobre-entendidos, en pequeñas, ínfimas maldades que comentar con los amigos. Sin citar nombres ni marcas, relataré tres historietas o casos con los que me he dado de cara en los últimos días, aunque los conociera de antiguo. Los tres, eso sí lo puedo decir, corresponden a situaciones de Castilla-La Mancha, aunque no sean, desde luego, únicas ni raras en otras regiones vinícolas españolas.


EL CASO DEL RESERVA VIOLETA


Desde hace algunos años, soy miembro del comité de cata de cierta Denominación de Origen. Legalmente, aquel vino que se rechaza por la mayoría de los catadores no puede embotellarse con la etiqueta de la denominación de origen. La realidad es muy distinta: todos los vinos embotellados que se catan vienen ya provistos de su contraetiqueta, por la que los bodegueros han pagado a la D.O. su tasa pertinente. Primera mentira.
¿Qué pasa con los descalificados?, pregunté ingenuamente la primera vez que observé la etiqueta ya pegada. En realidad, nada. Pero hemos de tener comité de cata, porque lo exige la ley. Tan anchos. Se quedaron tan anchos. Pero el viernes pasado, la cata adquirió notas casi dramáticas: rechazamos el ochenta por ciento de los Reservas. No lo eran: su color vivo, fresco, su ausencia de aromas terciarios más allá de un ligerísimo recuerdo de la madera… Los cinco catadores estuvimos de acuerdo… hasta que apareció un vinito, por lo demás muy bien hecho, que sólo yo rechacé. Un colega, enólogo de la prestigiosa cooperativa X cuyo presidente también formaba parte del panel, me preguntó:
-¿No te ha gustado?
-
Sí, está bien, contesté. Pero no es un reserva. Como no lo eran los de antes…
Al acabar la cata, taponé todas las botellas catadas para llevarlas al laboratorio y analizar sus flavonoles; al hacerlo, les quité el papel de aluminio que las recubría para ocultarnos marcas y bodegas. Y entonces lo descubrí: el “Reserva” color violeta que sólo yo había descalificado, estaba hecho en la cooperativa X. Al parecer, todos lo sabían menos yo.


EL CASO DE LA BODEGA INEXISTENTE

En los últimos años, mucho dinero (muchísimo, en realidad) del ladrillo y de la industria aneja ha ido a parar al campo. A los nuevos ricos, como los buenos parvenus que suelen ser, les luce lo de tener tierras. Y si es con viñas, mejor. Y con bodega, ni te cuento. Ayer, en cierta feria de la alimentación que se está celebrando en mi pueblo, estuvimos un buen rato en el stand de una ya famosa (aunque nueva) marca de vinos y aceites. Me sorprendió la diferencia entre el contenido varietal escrito en la etiqueta y lo que mi nariz y mi boca me decían, pero me callé prudentemente. Pero, sobre todo, no fui capaz de detectar el más mínimo rastro de cepas jóvenes en un vino procedente de plantaciones con menos de siete años. Estás perdiendo facultades, tío… será cosa del tabaco, me dije a mí mismo algo inquieto. Luego, en la comida, un amigo que conoce el percal (tanto que lleva la contabilidad agraria de la mencionada empresa), me lo aclaró todo. Nada existe: ni la viña, ni los olivares, ni la bodega, ni la almazara de primor ni la casa dedicada al enoturismo. Nada. Puro marketing. El vino se lo compran ya ensamblado a la Bodega X, que lo embotella y etiqueta, y el aceite a la cooperativa Y. Los teléfonos de contacto nunca contestan o te introducen en una jungla de musiquillas y pulse 3. Eso sí: catas en Madrid dirigidas por el famoso P. y la señora M., páginas compradas en la prensa nacional y presencia (pagada, claro) en determinados blogs de vino y gastronomía. Y a ganar diez euros por botella. Limpios de polvo y paja y sin tener que mirar al cielo. Con un par.


EL CASO DEL NOBLE BODEGUERO

Innovador. Famoso. Formado en enología en las mejores Universidades. Amigo íntimo de gurús como Smart, Dixon y el propio Parker. En fin: un lujo de viticultor moderno, internacional, avanzado. Los vinos, claro, con su nombre. Sin necesidad de más. El perfecto anfitrión en su finca: cortés, generoso en los aperitivos que acompañan a la cata, siempre ocurrente y lleno de anécdotas. Un gentleman vestido de pana verde y zapatos ingleses de campo. Poca gente sabe, sin embargo, que hace años, sus innovadoras ideas le llevaron a la ruina: la viña tarda en producir un fruto vinificable de calidad y los bancos te comen por los pies. ¿Solución? Venderlo todo a un potente grupo industrial que embotella (¡y mete en tetrabrick!) vinos de toda laya y condición, negociando que el nombre del susodicho grupo ni aparezca en la botella. Sólo su nombre, que es el que tiene caché. Al grupo le viene bien, porque su fama enológica es manifiestamente mejorable y a él, claro, también: parece que todo sigue en sus manos. Y ahí está, recomprando poquito a poco lo que fueron sus viñas a estos señores tan vulgares. Pero sin perder la sonrisa ni el porte. Y diciendo, siempre, mis viñas casi como si se refiriese a sus hijos.
(Escrito por Protactínio)

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