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31 julio 2007
Pourquoi des philosophes? (I)
Pre-Texto.

En la correspondencia de Goethe, leemos: “Hay tres clases de lectores: la primera, aquellos que gustan de un libro sin juzgarlo; la tercera, aquellos que lo juzgan sin gustarlo; y otra, la segunda entre las dos, aquellos que juzgan mientras
gustan de un buen libro y a la vez gustan de él mientras lo juzgan”.

Para la segunda clase de lectores tenemos una recomendación veraniega que hacerles, busquen, adquieran y lean algo de Jean–Luc Nancy, de Philippe Lacoue–Labarthe, o de ambos. ¿Por qué? Porque formando parte de la generación de pensadores galos, ‘no normalistas’, que por edad han sustituido a Lacan, Althusser, Lévinas, Foucault, Barthes, Deleuze, Lyotard, Bordieu, Ricoeur, Blanchot y Derrida, la desaparecida vieja guardia de teóricos forjada en las escuelas y disciplinas postestru
cturalistas clásicas del siglo XX, se dedican con rigor a la filosofía, no sólo académica, sin los aderezos políticos de sus colegas más mediáticos por todos conocidos y sufridos. Y no es que filosóficamente hayan matado al padre; en su caso el padre, los padres, se han matado a sí mismos, incluso físicamente.

Nos lo recordó E. H. Tecglen (un santo bloguero de poca devoción) en una columna hace ya mucho tiempo:

“A Deleuze, que saltó por la ventana, le pasó algo parecido a lo que a su contemporáneo Derrida: le quisieron hacer doctor honoris causa por una universidad inglesa y los profesores de filosofía se opusieron porque no se le entendía. Tenían algunas cosas comunes: la generación, el idioma de la Normal Superior, que ha iluminado a tantos pensadores franceses y ha perdido a otros, y la colaboración con Guattari, que divulgaba, que ayudaba a la comprensión…Tanta complicación lingüística, tanto juego con Marx y Nietzsche y Freud y Platón ("platonismo invertido"), los veo ahora simplificados por nuestros necrólogos. Oigo que Deleuze "se arrojó al vacío": todos los filósofos lo hacen cuando escriben y cuando piensan, si es que no es la misma cosa. En realidad, se lanzó por la ventana hasta el macadán (el pavimento de Paris), como cualquier chica de canción de Edith Piaff. La suerte del filósofo francés contemporáneo es nefasta: alguno mata a su mujer, otro se suicida mediante el sida, predicando que predicaba que se debía morir de amor; otro más por la ventana…” [‘Un filósofo al vacío’. E. Haro Tecglen. El País].

Rembrant. ‘Filósofo’.



Textos.

Además de la reliquia anterior, el azar azaroso ha reunido, entre los viejos pliegos personales que cada cierto tiempo tienes que mover de sitio por mor del aliño, barajados por una mano invisible, dos opúsculos que, desde perspectivas, y manos, diferentes, tienen algo en común: parte de su temática y parte de su tono literario y su estilo. Ambos provienen de escrituradores conocidos, pero resultarán sorpresivos para los jóvenes blogueros de Nesquik porque el tiempo no pasa en vano, y la datación de los escritos no engaña como el algodón, y las serias posturas cívico-políticas actuales de sus ensayistas no presuponen tan jocosos y sarcásticos juegos literarios juveniles. Los autores son Eduardo Gil Bera y Fernando Fernández Savater.

No vamos a reproducir la totalidad, sino partes significativas, pulidas y abrillantadas por nuestra muñequilla, como no podríamos dejarnos de caer en la tentación.


(Nota bene: Se h
arán dos entregas, dos, que acomoden así las exigencias del editor, los trabajos del autor y las fatigas del lector).



Primero, hoy día de S. Ignacio de Loyola, el texto del Sr. Gil:

“He tenido curiosidad por ver de cuándo data la figura del filósofo tal y como es conocido y celebrado hoy. Un tópico muy extendido dice que procede de la Jonia. La endeblez de ese tópico se hace patente cuando se repara en que ni en aquellos jonios ni en los posteriores atenienses se daba una capital circunstancia: no tenían asignada una partida del presupuesto público. Ese importante avance, el advenimiento de la figura del filósofo tal y como lo conocemos hoy, sucedió por primera vez en el Renacimiento Carolingio. En ese núcleo modélico de la entelequia europea, quedó establecido que el razonador oficial, ignorante y analfabeto, contrata los servicios de taumaturgos poderosos que lo convertirán en el gran emperador poderoso, fundador de Europa, hombre culto y protector de las letras. De entonces datan oficios como el del portavoz oficial o el del ideólogo paniaguado.


Así como procede también de entonces la Universidad, el poderoso ente que abarca la totalidad del saber en todo el mundo. Y así, lo que ocurrió fue que la filosofía se hizo patrimonio del profesor. Desde entonces, en lo tocante a la filosofía, hay una tranquilizadora seguridad: no dejará de haber filósofos puesto que no dejará de haber facultades, cátedras, departamentos y seminarios de filosofía con sus dotaciones correspondientes; el compartimentado previo en nichos y escalones prebendados hará que no falten los eminentes y abnegados titulares para todos esos huecos predispuestos.


En la vieja Atenas el razonador no tenía más ni menos rango que el cantante callejero o el fundador de una peña gastronómica; podía conseguir fama o indiferencia, dinero o befa. En Aquisgrán, “la nueva Atenas”, en cambio, ya encontramos un rasgo definitivamente moderno: el razonador era lacayo oficial y, si no, no era razonador. Esa circunstancia modeló la figura del filósofo mediante el envilecimiento, respecto al que la condición humana siempre ha mostrado constante tendencia e inagotable capacidad. Prescindiendo de las ventajas personales de toda índole que ello proporciona, las consecuencias en la filosofía como prestación y producto social que debía fabricar el filósofo son, hoy como entonces, muy notables.


No es mi intención trazar un cuadro sombrío. No podremos menos que llegar a admitir como perfectamente posible que, no sólo un doctorando en filosofía que negocia su papeleo, sino hasta un jefe de departamento ocupado en las intrigas cuarteleras inherentes a su oficio, puedan albergar alguna traza de vida intelectual o incluso, quién sabe, pensar. En todo caso, en esta feria implacable y grotesca que es la sociedad de los hombres, la aventura de pensar se me figura una variante de la diversión que, en su acepción militar, recordada y celebrada por Montaigne, es la “empresa estratégica secundaria, intentada más o menos lejos de la zona de operaciones o de la esfera de actividad del enemigo, para llamar su atención hacia un objeto diverso del principal u obligarlo a desistir de su intento”.


(Continuará…)

●●

(Pergeñado por Sr. Verle).

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30 julio 2007
Clic
A Sù Shí Zhě le salieron ojeras y el insomnio lo produce una lasca de jamón. Es su último objeto de retrato, una imagen que pensó capturar en una semana pero que seis meses más tarde le arrebata las noches. El jamón le está capturando a él.

Formado con una Kodak en los arrozales del valle del río Yangtzé, al llegar a Occidente Sù Shí Zhě se especializó en retratar platos de comida. A distancia corta, es un reconocido maestro en el arte de atrapar el alma del guiso y revelarlo a los ojos.

Estos meses reside en uno de los estupendos establecimientos de una lujosa cadena hotelera, donde prepara un tríptico con las especialidades del nuevo chef, fichaje estrella de la temporada. Todo fue como la seda en la dinastía Han hasta que se topó con el jamón, un imprescindible en el nuevo cuadro gastronómico.


Sù Shí Zhě siempre ha visto rápido dónde está el detalle, el aura del alimento. Como Shitao. Clic Clic Clic. Habilidoso en trasladar el sabor al papel, despachó todas las arquitecturas del chef en apenas tres días. Desde entonces, la tortura.


Las paredes del estudio comedor han sido pintadas tres veces, de caramelo ebony a crudo neozelandés a blanco colombino. Se han empleado micro aspersores alemanes para regar la lasca con películas de sudor sabroso.

Cada mañana Sù Shí Zhě baja de su suite al estudio. Confiado siempre en que esta vez tiene la figura y el método, el jamón le ha burlado siempre. Clic Clic Clic. Él siempre detiene el tiempo y la sustancia. Se aproxima, encuadra, retoca imperceptiblemente el objetivo. Una ligera muesca esboza una sonrisa en su boca, pero en cuanto dispara, con el Clic aún en el aire, sabe que se le ha fugado. El modelo ríe el último y sale tenso donde debió curvarse, árido donde se pretendió una textura carnosa. Las vetas, tan presumiblemente fotogénicas, desprecian al artista.


Las noches alternan la vigilia con la pesadilla. Hoy ve al cerdito Porky perseguido por Bin Laden. La caricatura escapa y se ríe, pero en vez de su característico tartamudeo profiere un retador “Clic clic clic”. Caga manzanas y se esconde tras un cortinaje de jamones al trasluz.

Sù Shí Zhě despierta ojiabierto. Se viste azorado y baja al estudio. Después de seis meses, tiene la idea. Y las ideas siempre fueron leales, se ejecutaron en impresiones. Sù Shí Zhě ha pensado en un bucle, pero el estudio no servirá. Ahí estaba el error. Hay que salir fuera, al natural. Llaman al cortador de jamones y le solicitan una lasca alargada que girará sobre sí misma y simulará un túnel. Un agujero desde la luminosidad mediterránea al oscuro, casi negro, centro del sabor. La sima ibérica.


Todo está preparado. Sù Shí Zhě arma la postura, estudia el ángulo. Lo tiene. Clic Clic Clic.

La pantalla testifica de inmediato y el fotógrafo nota de nuevo el fatigoso peso del infarto. En la imagen, bella a ojos de cualquier espectador profano, se ha colado un minúsculo haz de luz. Allí, en el fondo del túnel. El objetivo se escapa, la estampa desfigura, inservible.


Sù Shí Zhě cierra la sesión y camina lentamente por el césped bermuda que da a la playa. Grita en su dialecto natal, vacía los pulmones frustrados. Maldito jamón cambiante, maldita carne plural. En el horizonte marino, el viento de poniente mueve un velerillo hacia esa raya que parece el fin de la existencia.

(Escrito por Sickofitall)

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29 julio 2007
Dos décimos de luna

O Fortuna,
velut luna...

La luna, reloj de fiebre,
mengua y acrece las horas.
Es señor de las señoras,
labio roto de la liebre.
Cuando el espejo se quiebre,
hallad en él su semblante:
anciana niña gigante,
marea del equilibrio,
elogio cuanto ludibrio
del vacío rebosante.

Almendra de lo inconstante,
es fuerza de la fortuna:
hace del sepulcro cuna,
depósito del instante,
raya y dispersa el diamante
con suaves yemas de hielo.
Fruta secreta del cielo,
el zumo de su pasión
hace soñar a Endimión
marismas de violonchelo.

(Escrito por Al59)

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28 julio 2007
Homenaje a un pequeño país
Cualquiera de nuestros posibles recorridos personales deviene un camino abierto. La realidad y la ficción, el azar, la necesidad y la potencia de nuestra voluntad construirán nuestra memoria, nuestra historia, memoria que conformamos de deseos y actos, memoria bioquímica que -consciente o inconscientemente- nos construye un mejor traje tomando los retazos de lo que pasó y de lo que fantaseamos.

HAMLET: O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a king of infinite space–were it not that I have bad dreams.

Recuerdo el año 1.965, con diez años recién hechos, como un viaje iniciático a un mundo desconocido, personaje de una de las novelas de Julio Verne, inmerso en una aventura primordial. Mi mundo cambió de una manera irreversible: pasé del marcado ciclo europeo primavera, verano, otoño, invierno, a una primavera infinita y como aprendí rápidamente, una primavera perpetuamente mojada.

Vivir en un altiplano en el trópico, te garantiza como mínimo dos cosas: temperatura primaveral y aguaceros. La lluvia en el trópico –como todo lo referente a la naturaleza- tiene otra escala. Ibas a clase a las 7 de la mañana, con sol radiante, se iban formando los cúmulos, blancos, enormes, como archipiélagos en el cielo azul y por la tarde llovía. Llovía por poner un nombre que reconozcamos, una riada vertical caía del cielo y era inútil armarse de paraguas o impermeables de caucho, la magnificencia del agua era tal que quedabas empapado en menos de un minuto. Los zapatos hacían chop chop, chop chop, chop chop, hasta casa, una pura delicia para un niño.

Mis referencias desaparecieron -la infancia quedaba a 9.000 Km- y como recién emigrante la absoluta novedad y el completo desarraigo me dio una nueva página –ya algo escrita- pero con mucho espacio en blanco. A diferencia de los padres que tienen una memoria más llena de su pasado, me olvidé rápido de España, sólo me quedó la morriña de mi mejor amigo y de mis abuelos, las espaciadas cartas mantuvieron ese frágil hilo durante los siguientes años.

Contradiciendo su nombre patrio, la muy escasa presencia de oro y plata hizo pasar de largo a los primeros conquistadores en busca del Dorado y se quedaron sólo los que vinieron después, a labrar y a buscarse su particular dorado en la caña de azúcar, el café, la leche, las vacas, los mangos… se quedaron, se mezclaron (el sexo primero, el pool genético después) y al final resultó un país tranquilo, criollo pero europeo, sin casi indígenas que se convirtieran en marginados como ha pasado en muchos otros países americanos. La gente era tranquila, te decían: no tengas prisa, no tengas ansia, ya llegaremos, suaaavee mahe.

El recuerdo neblinoso de aquellos años mantiene la fuerza de un sueño vívido, chocante, ¿absurdo?, otra realidad en que las fuerzas primigenias de la naturaleza te abrazan y juegan contigo cruelmente, un viaje alucinado e indiferente. Estuve en el mayor volcán del mundo y no sabía si el otro extremo del cráter era un lago, un agujero imposible en la montaña o una ventana a otro espacio. Los terremotos, nunca te acostumbras a ellos, sentir la tierra moverse a tus pies y el crujir de la madera y la tierra te eriza el espinazo y te dispara la adrenalina, la fuerza de sentirte Hombre sobre la Tierra.

Cierta indiferencia cósmica a los elementos se manifestaba en rutinas como que los autobuses escolares llevasen literalmente colgando de las puertas a racimos de estudiantes de secundaria que iban o volvían a las clases; nadie se extrañaba de subir y tirarse en marcha, tan natural como desayunar panqueques y café, o jugar a fútbol en los campos de La Sabana (aeropuerto nacional) e ir a buscar la pelota a la pista mirando que no bajara ningún avión, o las señoras atravesándola con la compra acortando el camino para ir a su casa.


El pasado colonial se notaba en la escasa arquitectura muy parecida a la extremeña, algunos restos comidos por la selva y la forma habitual de los pueblos y ciudades: la plaza mayor, las oficinas de la administración y la iglesia formaban el centro de unas calles y avenidas cuadriculadas. Una especialidad del país, a diferencia de casi todos los demás de la América Hispana es que en cualquier pueblo o villorrio, en medio de la selva, la costa o el valle central había siempre la escuela pública y la casa del maestro, humilde, sencillo, pero siempre, en todo el país, escuela obligatoria y gratuita hasta los 18 años. Recuerdo un largo viaje por la costa del Pacífico en unos inmensos cultivos de piña y banana que cada 5 o 10 Km de la larguísima carretera de tierra, se abría un cuadrado en la masa arbórea: las casas, la plaza-campo de fútbol, la pulpería, la iglesia, la escuela. En sus escuelas leí a Rubén Darío, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Mistral, Azorín, Cervantes -El Quijote (un capítulo cada semana)-, por lo que vi después, bastante mejor que en la propia España, la madre patria esquiva e indiferente hacia sus antiguos hijos.

Otra singularidad irreal, fue que, no sé si en otro rapto soñador, decidieron abolir el Ejército, cosa que les ahorraba dictaduras y peleas (suuaveee), daba dinero para las escuelas y les ocasionaba un problema para festejar las fiestas nacionales: Día de la Independencia, Día de la Hispanidad, en fin, todas aquellas ocasiones en que ver a otros hombres con uniforme, gorra, metales, música marcial, marcando pasos como alelados y algún tanque justifican patearse un 20% del presupuesto nacional.

Como al parecer a los hombres lo de jugar al fútbol, beber cervezas y eructar o desfilar juntos es algo genético, los alumnos desfilábamos en los días señalados, en lugar del tercio del duque de Ahumada, La Legión, o la Bripac, allí íbamos el Liceo Dobles Segrera, el J.J,Vargas Calvo o el Liceo Rodrigo Facio, con nuestra banda de música, las banderas y el colegio en pleno desfilando con el uniforme escolar del país: pantalón o falda oscura, camisa blanca, corbata. La capital se llenaba de los estudiantes marchando izquier, dos tres cua, izquier, dos tres cua,… las autoridades, los ciudadanos y el discurso del Presidente del Gobierno o de la Asamblea Legislativa, cantar el himno nacional y para casa a comer.

Esta vida ejercida y soñada en un insignificante rincón entonces desconocido de todos, fue luminosa y plácida, fuimos los reyes del universo mundo y orgullosos de nuestra voluntad de ser como éramos. Aún siento en una sombra de mi memoria, oscurecida por el paso del tiempo: mahe, suaavee

El país sin oro ni plata, se llama Costa Rica. Les dejo la letra que cantábamos con orgullo y amor cada mañana antes de empezar las clases, al izar la bandera de mi pequeño país, algo que no he vuelto a sentir ni con la Marcha Real ni con Els Segadors:

Noble patria, tu hermosa bandera
expresión de tu vida nos da;
bajo el límpido azul de tu cielo
blanca y pura descansa la paz.

En la lucha tenaz,
de fecunda labor
que enrojece del hombre la faz,
conquistaron tus hijos
labriegos sencillos
eterno prestigio, estima y honor.

¡Salve, oh tierra gentil!
¡Salve, oh madre de amor!
Cuando alguno pretenda
tu gloria manchar,
verás a tu pueblo valiente y viril,
la tosca herramienta en arma trocar.

Salve oh Patria tu pródigo suelo,
dulce abrigo y sustento nos da;
bajo el límpido azul de tu cielo
¡vivan siempre el trabajo y la paz!


(Escrito por bose-einstein)

Ver y oir
El himno

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[0] Editado por Protactínio a las 9:42:00 | Todos los comentarios 266 comentarios // Año IV
27 julio 2007
El general y la akrasía

Si han leído La fiesta del chivo, seguramente recordarán al general José René Román Fernández, Pupo para los amigos, uno de los personaje centrales de la novela. Jefe de las fuerzas armadas dominicanas y casado con una sobrina del dictador, forma parte de la conspiración para acabar con el régimen de Trujillo : cuando el grupo de emboscados haya asesinado a tiros al tirano, con la condición de que le muestren el cadáver, el general se ha comprometido a movilizar inmediatamente al ejército y hacerse con el control del país, descabezando a la policía secreta, el temible SIM, y deteniendo a los parientes de Trujillo. Para ello, durante meses ha ido colocando discretamente a hombres de confianza en los puestos de mando importantes, de modo que todo esté preparado cuando llegue el día, y cuenta con el visto bueno de los norteamericanos para presidir la junta cívico-militar que se hará con el poder. Sin embargo, cuando le llega la noticia del atentado el general Román no hace lo que tenía planeado, a lo largo de una noche en la que inexplicablemente deja pasar una tras otra las oportunidades que se le presentan de llevar a cabo su plan, arruinando las perspectivas de éxito de la conspiración y condenando a una muerte atroz a los conspiradores, entre los que se encuentra. Como cuenta Vargas Llosa: “Desde ese momento, y en todos los minutos y horas siguientes, tiempo en el que se decidió su suerte, la de su familia, la de los conjurados y, a fin de cuentas, la de la República Dominicana, el general José René Román supo siempre, con total lucidez, lo que debía hacer. ¿Por qué hizo exactamente lo contrario?”. Ésa es la pregunta que, de acuerdo con el relato, no dejará de atormentar al general durante los meses que dura su agonía en las mazmorras del SIM, sometido a las interminables sesiones de tortura que dirige personalmente el vesánico Ramfis, hijo mayor de Trujillo (1).

La descripción de la conducta del general Román que hace el novelista es un perfecto ejemplo de lo que los griegos denominaron akrasía (que unos escriben con tilde y otros sin ella) y que ha recibido después distintas denominaciones: debilidad de la voluntad, incontinencia, o incluso debilidad moral, entre otras. Creo recordar que Gengis Kant aludió alguna vez al asunto, pues se trata de un fenómeno curioso, ciertamente esquivo y un tanto paradójico, del que seguramente la gran mayoría de nosotros tiene constancia directa por su propia experiencia, pero que algunos filósofos desde Platón han negado por imposible o, al menos, han considerado problemático. Para quitarle el aire trágico del personaje de Pupo Román, podemos pensar en toda clase de ejemplos cotidianos acerca de aplazar tareas, el tabaco, el alcohol, las dietas, hacer ejercicio, los juegos de azar, las drogas, el sexo y hasta la televisión. Pensemos en el fumador que, consciente de los riesgos que comporta el tabaquismo, ha tomado la firme resolución de dejar de fumar y, a continuación, acepta el primer cigarrillo que le ofrecen; o en el nick que sabe que debería apagar de una vez el ordenador, porque es tarde y mañana tendrá que levantarse pronto para trabajar, pero sigue con la página del nickjournal abierta, leyendo y escribiendo comentarios hasta las tantas. En tales casos decimos que el agente actúa mal a sabiendas o, como diría un filósofo contemporáneo, que actúa intencionalmente contra su mejor juicio, todas las cosas consideradas (2). El agente conoce las alternativas que tiene a su disposición (fumar o no fumar, apagar el ordenador o seguir con el nickjournal), sabe qué es lo mejor que puede hacer y, sin embargo, hace lo que él mismo -no otro- considera peor. También en la literatura desde antiguo encontramos buenas ilustraciones al respecto y seguramente la fórmula clásica está en Ovidio: “Video meliora proboque, deteriora sequor” (Las metamorfosis, VII, 20), de la que se harán eco San Pablo o Bocaccio entre otros.

Es fácil comprender por qué la debilidad de la voluntad resulta incómoda para ciertos filósofos, particularmente para los racionalistas que equiparan la virtud con el conocimiento del bien. De hecho, Sócrates atribuía al vulgo la opinión según la cual “muchos que conocen lo mejor no quieren ponerlo en práctica, aunque les sería posible, sino que actúan de otro modo” (Protágoras, 532d) (3). Pero esa opinión era sencillamente un error para el ateniense: puestos a elegir entre bienes y males, cómo elegiríamos un bien frente a un mal, o un bien menor frente a un bien mayor, o un mal mayor frente a un mal menor. La única explicación plausible para Sócrates es que cometamos un error de cálculo o de apreciación en las magnitudes de bienes y males; es decir, sólo por un defecto de conocimiento podemos obrar mal. Nos convenza o no el modo en que Platón, por boca de Sócrates, rechaza que sea posible la debilidad de la voluntad, su discusión recoge dos rasgos que han fijado la imagen popular del comportamiento akrático: por un lado, el akratés es arrastrado por placeres o pasiones, que vencen a la razón; por otro, a menudo se ve aquejado por cierta miopía intertemporal, de modo que sobrevalora la gratificación inmediata a expensas de una recompensa futura mayor.

Sin embargo, no tenemos por qué limitar el fenómeno de la debilidad de la voluntad a los estrechos márgenes de esa visión tradicional excesivamente moralizadora del “caer en la tentación”, donde los placeres aparecen del lado malo y enfrentados a la razón, el sentido del deber o simplemente lo correcto. En realidad, nada impide pensar en situaciones en las que consideramos que lo mejor sería disfrutar del placer del momento, del que nos privamos por una obligación absurda; o nos atenemos con gran molestia a una regla de cortesía mientras pensamos que lo mejor sería hacer caso omiso de ella. La definición de Davidson a la que me referí antes permite precisamente esa ampliación del punto de vista sobre la debilidad de la voluntad, pues se limita a señalar la divergencia entre la conducta del agente y el juicio comparativo del propio agente, sin prejuzgar el carácter de las razones a favor de las alternativas de acción en conflicto.

En el caso del general, su conducta akrática no encaja en el molde tradicional, pues ni el placer ni la pasión interfieren con sus planes; más bien se ve atrapado por los hilos invisibles de las apariencias y expectativas de quien está inmerso en el círculo familiar del tirano. Por cierto, que el mismo Vargas Llosa toma al final la debilidad de la voluntad del general por indecisión, lo que pone de manifiesto lo elusivo de la akrasía, tan fácil de confundir con otras formas de irracionalidad. Pero el problema de Román no es que vacile entre diversas opciones sin llegar a decidirse, o que una vez tomada la decisión vuelva a reconsiderarla. No, el general adopta una decisión, se compromete con los otros conspiradores y en ningún momento se echa para atrás o piensa que se equivocó, ni reabre el caso para considerar nuevas razones que lo llevarían a actuar de otro modo. Simplemente es incapaz de poner en práctica su decisión, aún sabiendo que es lo mejor que puede hacer en tales circunstancias. Lo dramático es que no tiene más alternativa, pues sabe con total seguridad que, si no actúa, los trujillistas averiguarán más pronto que tarde que es uno de los conspiradores y que entonces no podrá esperar piedad alguna, ni para él ni para su familia. Pero deja pasar la noche del atentado sin tomar las medidas que tenía planeadas y cuando hace algún tímido intento ya es tarde.

(Escrito por schelling)
Notas
(1) Me limito a los hechos tal y como los cuenta Mario Vargas Llosa en la novela. Una versión diferente del papel del general Román en la conspiración puede leerse aquí.
(2) Donald Davidson, “¿Cómo es posible la debilidad de la voluntad?”, en Ensayos sobre acciones y sucesos, Crítica/UNAM, Barcelona, 1994.
(3) Cito al Sócrates de los diálogos platónicos, pues no he podido consultar las Obras completas del mismo Sócrates, de las que he tenido noticia por Ignacio Ramonet. Como disculpa sólo puedo alegar que he buscado en vano alguna traducción en Amazon.

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[0] Editado por Mel ha desaparecido a las 9:00:00 | Todos los comentarios 532 comentarios // Año IV
26 julio 2007
sin ónimo de ofender
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lacónico & verse

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[0] Editado por Mel ha desaparecido a las 9:01:00 | Todos los comentarios // Año IV
25 julio 2007
Sobre la informática desde la perspectiva de un usuario ignorante...
...curioso y pertinaz.

Axioma: una interfaz es siempre un alejamiento de la realidad.

Consecuencia: cuanto más sencilla de usar sea una interfaz más difícil será la comprensión de lo que realmente está sucediendo.



*

Axioma: una pantalla azul es un problema que hay que solucionar.

Consecuencia: una pantalla azul invita a la investigación informática.

Consecuencia: una pantalla azul repetida exige un conocimiento informático
superior al que requiere el funcionamiento ininterrumpido de la máquina.



*

Teorema: si se utiliza un sistema operativo -como las distribuciones Linux- o una combinación hardware-software -como ofrece Macintosh- que jamás dan problemas es inevitable olvidar que se está utilizando un sistema operativo susceptible de modificaciones en el interior de una caja que puede ser abierta y manipulada.

Corolario: mediante el uso de sistemas operativos y arquitecturas estables la máquina deviene infalible y, por tanto, superior.

*

Axioma: 'cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia' (tercera Ley de Clarke).

Consecuencia: el mal funcionamiento de una tecnología suficientemente avanzada exigirá en algún momento el recurso a 'sacerdotes'(magos) y no a 'mecánicos'.



*

Personalmente, prefiero perderle el respeto a mis máquinas.



(Escrito por Mercutio)

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[0] Editado por Protactínio a las 8:44:00 | Todos los comentarios 916 comentarios // Año IV
24 julio 2007
El "buen salvaje"

Muchos mitos (1) son todavía objeto de creencia en nuestra sociedad supuestamente descreída y moderna. El de la ‘inocencia’ de los niños, por ejemplo, sigue en pie, a pesar de que la realidad nos lleve la contraria todos los días. También disfruta de muy buena salud el mito que considera a las mujeres el ‘sexo débil’, cuando al menos entre los quince años y los treintaypocos son el más fuerte con mucha diferencia (uno de los pilares donde sustentan su dominio es el matrimonio, institución feminista donde las haya, pero dejemos este tema para otro día). Sin embargo el mito que ahora me ocupa es el del ‘buen salvaje’, que sigue muy vivo sobre todo en determinados espacios ideológicos. Vayamos con una de sus más interesantes encarnaciones, los tupinamba.

La tribu de los tupinamba es un pueblo que procede de la costa nordeste de Brasil. Desde Europa se los conoce desde hace siglos, incluso el pensador Michel de Montaigne ya se refería a esta tribu en sus Ensayos, después de conocer a dos de sus miembros en Ruán. Como recuerda René Girard en La violencia y lo sagrado, los tupinamba poseen en la literatura y el pensamiento del Occidente moderno unos títulos de nobleza especiales, sobre todo porque fueron miembros de su tribu “quienes posaron para el más célebre retrato, antes del siglo XVIII, del buen salvaje cuya fortuna en la ya larga historia del humanismo occidental conocemos”.

Sin embargo los tupinamba son un pueblo un poco más complejo que esa imagen buenista que nos llegó en su momento. Hoy sabemos que practicaban el canibalismo en dos formas: una en el propio campo de batalla, y otra más ritualizada en el despliegue de sus ritos sacrificiales. También sabemos que se trataba de un pueblo que, como muchos otros, practicaba la guerra sistemática con sus vecinos.

El más interesante de estos detalles tan poco buenistas es el canibalismo ritual, más que nada por la lógica sacrificial que lo dirigía. Ya he dicho que a unos enemigos se los comían sin ceremonias en el mismo campo de batalla, pero a alguno de los supervivientes se lo traían al poblado, integrándolo totalmente en la vida comunitaria; pasaba a ser uno más entre los tupinamba, se lo casaba con una mujer de la tribu, podía tener descendencia, etc. Parece en un principio un efectivo método de integración. Además, al nuevo tupinamba se lo colmaba de regalos, buen trato y todo tipo de favores, sobre todo sexuales. Pero todo cambiaba en un momento concreto, que podría llegar meses después de su integración o a veces incluso años. El caso es que a partir de un determinado instante al nuevo tupinamba se le dispensaba un trato opuesto al recibido hasta ese momento: se le humillaba, agredía, se acababan los favores sexuales, etc. En esta progresión antagónica incluso se estimulaba su huida del poblado, aunque siempre asegurando su rápida captura. También se le prohibía comer, con lo que debía robar los alimentos si no quería morir. El fin era que la futura víctima cometiera el mayor número de transgresiones posibles con el fin de demonizarlo y justificar así el crimen ya decidido. Sobre él se polarizaban todas las tensiones de la tribu. Hasta que un día era sacrificado ritualmente y engullido por los estómagos de todo el poblado, extasiados en la conmoción de la reunificación colectiva.

¿Por qué este extraño y retorcido procedimiento victimario? La tesis defendida por Girard interpreta, en el conjunto de su hipótesis mimético-sacrificial, que la sociedad tupinamba entiende que para mantener la unidad grupal necesita de víctimas demonizadas contra las que afirmarse comunitariamente. Este mecanismo de oposición para fijar la identidad es universal (lo es menos la manera en que este mecanismo se lleva a cabo), pero lo curioso es el método adoptado por los tupinamba para que la catarsis sacrificial sea lo más efectiva posible. Por una parte, la víctima debe ser exterior al grupo si lo que se pretende es que el sacrificio acabe con el infernal ciclo de venganzas que amenaza con destruir cíclicamente a la propia comunidad; si el asesinado no pertenece a clan alguno nadie del grupo va a mover un dedo para defenderle. De esta manera, el sacrificio significaría una catarsis colectiva que al tiempo que expulsaría las tensiones internas acumuladas desde el último ciclo sacrificial también evitaría futuras represalias. La víctima procede del afuera, de la exterioridad no diferenciada, opuesta a lo propio sí estructurado en un marco de diferencias, con lo que nada se perdería con su liquidación.

Pero un problema que tiene la víctima exterior es que no moviliza el contenido de las significaciones endógenas. Promueve la unanimidad estrechando los lazos, pero no permite remover nada, generar un proceso renovado, ya que como carece de significación propia no altera el contenido de la identidad. Pero eso sí sucede con la elección de un miembro del grupo como víctima, porque permite un despliegue más dinámico de la dialéctica identidad/diferencia. La forma de superar la contradicción por parte de los tupinamba es la relatada: se escoge el enemigo al que se injerta en el tejido colectivo y que, tras recibir las significaciones propias, es ajusticiado ritualmente. La diferencia no se limita a confrontar, sino que proporciona nuevos elementos al contenido de la identidad. Su parte de interioridad permite poner en juego el sentido del sujeto grupal, renovarlo y potenciarlo; mientras que su exterioridad evita venganzas internas (nota: si la mujer de la víctima se resiste al proceso también es asesinada). Curioso método para procurarse víctimas y, sobre todo, para ‘modelarlas’, con el fin claro, aunque no se haga explícito, de experimentar un sacrificio más vigoroso.

(1) Nota para al59: entiendo ‘mito’ aquí como mentira.



(Escrito por Horrach)

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23 julio 2007
Veraniegas (II) Entre líneas

Paseando por la playa he encontrado, flotando cerca de la orilla, una botella cerrada con un corcho. Dentro había un papel. Por un lado se puede leer: "mensaje dentro del mensaje". Por otro, lo que copiaré a continuación. Parece obra de un perturbado. El texto dice así:

"Mentiras, infamias, ... ¿es nuestra torpe razón así: simplemente estúpida? Soy casi rufianesco. Inmóvil, bebo obscenas estrofas sin término. Oscuros y tenebrosos, umbríos momentos buscan asolarme. Debo optar: bascular arrumbado, jibarizado, o usarme, necio actor sin obra. Morir bastará. Rápida, inesperadamente, la locura aparecerá, desaparecerá, expirará. Podría arruinarme junto a ... Yo ... Estoy solo. Cuando urdí cada hechizo obtuve amor. La obligaré. Lentamente estrujaremos juntos olvidados silencios. La amenaza será ruin, increíblemente sucia. Así sonará, dura, esta muerte inútil. Sólo habrá inmediata justicia, asombrosa, sutil. Espero suicidarme trágicamente. Odio esos simulacros utilizados nada artísticamente, babosos remedos. Obvio: matarla asustará. ¿El suicidio?: producirá espanto. Rápido olvidarán que una estupenda efeméride nace. Tuvimos rostro. El tiempo enterrará nuestros gritos amargos. Venganza última, el sinsentido trazará rastros anegados sin nombre. Inicuos centros kármicos jadearán oníricos. Un rostro nonato alegrará los efusivos repertorios asquerosamente salomónicos. Celoso, archivaré besos esquivos, zafiros antes soñados"

Se lo transcribo por si debemos tomárnoslo en serio o, por el contrario, considerarlo la chanza veraniega de un pedante, seguramente en la adolescencia, empeñado en demostrar cuántas palabras en desuso o a destiempo es capaz de utilizar. No sé. Juzguen.


(Escrito por Tsevanrabtan)

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22 julio 2007
Veraniegas (I) Entre rejas
Tres cosas me tienen preso
De amores el corazón:
La bella Inés, el jamón
Y berenjenas con queso.


Guárdeme la sensatez de gastar los adjetivos. Incluso, fíjense, de inventarlos o malearlos: en esta ocasión, dejo la metalurgia de los calificativos para otros. Un texto a, ante, bajo,…, so, sobre y tras Las Rejas ha de ser, creo yo, como la cocina de Manolo de la Osa. Exactamente preciso. Barrocamente simple. Contrastadamente matizado. Con textura. Y color. Los bocados que ayer, gracias a la amistad y generosidad del Marqués, tuvimos ocasión de compartir constituyen un oxímoron comestible. Fundamento mi afirmación. El oxímoron es, ya saben ustedes, la combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido. Ergo el caldo de gallina con caviar y anguila ahumada es un oxímoron. Y el pulpo frito con alubias pintas, trufas y zumo de picual, otro.

Pero vayamos por partes. El primer párrafo de la cena lo constituyeron las marinerías: almejas de carril en jugo de tomate raff y albahaca, la ostra con cítricos perfumada al curry y aceite de azafrán y las gambas rojas de Palamós cocidas a baja temperatura con microflores. Allí estaba la mar. La mar cruda. Y una técnica de cocción que dio a las gambas rojas –excelentes en su presencia y color, con un infiltrado violeta que las hacía, si cabe, más específicamente deseables– la textura precisa de unos labios mojados. Un Blanco Monreaga (Sauvignon Blanc) vinificado a la francesa puso el contrapunto ahumado y la necesaria, dura sequedad manchega.

Abrimos, entonces, un paréntesis pangeico, panespérmico, casi entrópico, relleno con el parfait de foie de pato trufado con gelée de setas y garrapiñados, el queso frito con tapenade y crema suave de membrillo, el conejo en escabeche de mango al vinagre de Airén y el rissoto de piñones con crema de queso manchego y trufas. De nuevo, una Mancha que sólo existe en la mente de los locos y que, sin embargo, basta y sobra para describir la realidad de este inmenso calar trufado de rojas arcillas triásicas. Dejándonos llevar, bebimos el (casi) Shiraz de Manolo de la Osa. Empleo el adverbio de forma no peyorativa, en un afán de indicar que, además del varietal mayoritario que se dice, ayunta otros cuatro minoritarios que dotan al vino de una gran expresión nasal; sin embargo, este tinto merece un año más de botella que refrene unos taninos algo excesivos en la boca y ahorme la astringencia que, a día de hoy, hace de él un vino adolescente.

Tres ingenios más completaron el tranco de entrantes o, como el propio cocinero los denomina, Aperitivos manchegos (nuevo oxímoron memorable): los ya citados caldo de gallina con caviar y anguila ahumada con soja y el pulpo frito con alubias pintas, trufas y zumo de picual más un rabo de cerdo ibérico con capuchina de stevia, cerezas y crema fina de patata. El rabo de cerdo estaba tratado hasta la gelatinización y dicha textura, más propia de unas manitas, se limitaba externamente por la sofrita capuchina de stevia, dulce funda, capucha o condón que guarda, acariciando, la delicia, el ser del plato. Para superar la tánica experiencia anterior, solicitamos un Dueto de Bodegas Fontana, redondo coupage de cabernet sauvignon y merlot, mitad y mitad. Él limpió la gelatina de nuestra boca y disolvió, fundiendo amablemente, pulpo y gallina.

En éstas estábamos cuando el Marqués pidió un pequeño receso, una moratoria al placer, un intermedio, un algo. Semejante reata de emociones bucofaríngeas sólo puede ser buena si se le da cuartel, reposo, maduración, tempero. La cena, que merecía ser una película de Rohmer, se podía convertir en una road movie si no mesurábamos la pitanza. Paramos, pues, a fumar unos pitillos. Aunque Las Rejas es uno de los so-called “espacios libres de humos”, Victoriano, el maître, nos permitió la osadía para grande contento de la pareja que ocupaba la otra mesa reservada del restaurante, igualmente víctimas irredentas del nuevo pecado nefando.


Y llegó así el penúltimo párrafo. A decir verdad, el menos sorprendente y trabado, el único obvio de la noche: lomo de merluza con parmentier de calabaza y aceite de cítricos y cordero confitado en leche de oveja con vainilla, salvia y crema de parmesano. Ambos, sin embargo, demasiado secos para concluir la ceremonia de las humedades. La única gracia del cordero confitado en leche de oveja es, precisamente, el ser un plato estrictamente prohibido por la Torah (Shemot 23:19). Un plato, por lo tanto, rompedor, heterodoxo, ilegítimo. Pero no. Mes de Julio en la Mancha, ahora sí. Para compensar, y de forma casi casual, acompañamos estos platos con el vinón de la noche: un Cánfora pie franco, reserva especial de 2001, de Bodegas Campos Reales. La viticultura en la Mancha conquense reserva sorpresas como la existencia de auténtico cencibel plantado sin portainjertos americano, del resistente a la filoxera. De ahí la expresión “pie franco”. Viñas muy viejas, sin injertar. Con la carga genética que, en su día, debió tener el tempranillo manchego y que hoy, a base de reformas, re-estructuraciones y mezcolanzas en las que los viveristas riojanos han hecho su negocio, está prácticamente perdida. Las viñas son de la misma zona (Mota del Cuervo, Belmonte, Castillo de Garcimuñoz...) donde pudo recuperarse, hace pocos años, la moscatel de grano menudo que tan aromáticamente complejos vinos produce hoy.

Los postres, claro. Sin ruido. Eficaces. Con memoria. Melón helado con gelée de manzanilla y pimienta rosa y crema de queso con pera helada, pan de especies y miel de arrope. Me los comí, naturalmente, aunque, como es sabido, servidor es más partidario del llamado postre líquido que, en mi caso, se limita a un gin&tonic de Larios, servido sin limón. Pues, ¡oh, máquina de los dioses!, Las Rejas carece de dicha ginebra. En el palacio de lo manchego, en el restaurante más y mejor dotado de los vinos de la región, en el sancta-sanctorum de la cocina con raíces, referencias y evidencias manchegas, falta nuestra ginebra. Porque, señores, la ginebra Larios se destila y elabora en Ciudad Real: no tienen ustedes más que buscar el registro de sanidad, en la etiqueta de la botella, y leer CLM-CR (Castilla-La Mancha, Ciudad Real). Me tuve que conformar con una vulgar Seagram’s canadiense. Seca, eso sí. Pero no manchega.

(Bueno: nadie es perfecto.)

((Escrito por Protactínio))

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21 julio 2007
Presta a tu vecino la manguera cuando hay fuego
En Septiembre de 1939 Franklin Delano Roosvelt manifiesta a la nación “Espero que los EEUU se mantenga lejos de esta guerra…el Gobierno hará todos los esfuerzos para que esto sea así…No se oscurecerá la paz sobre los EEUU”.


Las declaraciones del 32º Presidente de los EEUU no eran extrañas en esos momentos porque, según el Diplomático Averell Harriman, se vivía una ola de aislacionismo derivado del propio resultado de la I Guerra Mundial. El pueblo seguía una ola de aislacionismo. El propio embajador del Reino Unido en EEUU informó a Churchill que 9 de cada 10 norteamericanos no quería saber nada de la guerra en Europa. Incluso surgieron movimientos en este sentido como uno denominado “América Primero”, que abogaba por ignorar a los británicos. Es más, el partido nazi norteamericano y algunos líderes populares como Charles Lindbergh, pidieron que los EEUU ayudara a los alemanes como potencia emergente en Europa tras la caída de Francia y la soledad de los británicos.

Precisamente la desintegración militar francesa hizo ver al Presidente Roosvelt que la neutralidad no podía ser tal y que si tal vez los EEUU querían mantenerse lejos de la guerra, la guerra finalmente llegaría a los EEUU. 1940 era año electoral y los Republicanos celebraban su 22ª Convención para la elección de su candidato. Resulta elegido Wendell Willkie, un furibundo (por sus discursos) contrario a intervenir en la guerra: “Nunca enviaré a un norteamericano a luchar a una guerra europea” llegó a prometer en campaña.

El 5 de noviembre de 1940 Roosvelt ganó las elecciones. A partir de ese momento de forma indirecta comienza su política de intervención, que se puede calificar incluso de contraria a la supuesta neutralidad norteamericana. Establece un nuevo sistema de reclutamiento bajo la excusa de proteger el territorio de EEUU, protege convoyes en el Atlántico, substituye al destacamento inglés en Islandia y comienza la ayuda financiera a los británicos.


El Congreso rechina ante cualquier apoyo, pero el Presidente saca adelante todas sus iniciativas. “Somos el gran arsenal de la democracia” llega a manifestar. De entre todas las iniciativas, la más célebre es la denominada“Ley de Préstamo y Arriendo”(1941) que permitió dotar de material bélico a Gran Bretaña para mantener su lucha contra el totalitarismo nazi.


Sin embargo según los empresarios la guerra no era un buen negocio e incluso Galbraith (que formaba parte del equipo económico de Roosvelt) dijo que para los grandes magnates “Roosvelt era el diablo”. Creían que la economía de guerra frenaría el consumo de todos los productos (caucho, acero etc…) que los ciudadanos podían necesitar. De hecho, en 1941 hubo 4 veces más huelgas que en 1940 y el ejército tuvo que intervenir para reiniciar la producción en algunas industrias (también de esa época son los primeros acuerdos de la denominada “concertación social”).Pero Roosvelt seguía con su política de cuña para convencer a los americanos que el aislacionismo no llevaba a nada y que debían intervenir en esa guerra aparentemente lejana. Para ello utilizó mensajes simples, pero directos y entendibles. Su favorito, el siguiente "Presta a tu vecino una manguera cuando hay fuego".

(Escrito por Cateto de Pacifistán)

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20 julio 2007
Carta a un padre muerto (Cómo matar un niño judío).
Para que la Cúpula de Santa Sofía recupere su oro y, libre al fin, impere.

Querido padre, muerto:

Tus ojos huecos no me pueden mirar ni tu boca atiborrada de tierra me puede decir, ni menos tus oídos, taladrados por los gusanos hace ya tiempo, me pueden escuchar. Te quedan sólo huesos entremezclados con astillas del ataúd. Son lo que queda de ti y sólo en ellos puedo enroscar mis reproches.

A la familia de Brahmi se la llevó la Gestapo, bien lo sabes. Como a todos los que no tuvieron la suerte de un rato de libertad fingida en el paseo seguro al Cementerio Marino. De aquel convento repleto de perseguidos quedamos entonces muy pocos, como de los ahorcados de Poujol sur Orb. Tres veces la fortuna nos salvó de la deportación. En una, por la caridad de la traductora austriaca, que tuvo alma y no nos delató.

Seguía a Brahmi muchos días, por la puerta de detrás del convento, hasta la calleja que daba al patio del cuartel de servicio de la Kommandantur. Un soldado alemán, de tapadillo, nos daba una onza de chocolate a cada uno. Era tierno, chapetudo, sonreía siempre y todo enfundado en su uniforme aleteaba las manos ridículamente para espantarnos, ya cada uno con la onza en la mano. Le podía costar su vida la ternura. El chocolate estaba siempre medio derretido cuando volvíamos, de apretar la onza en el puño para esconderla, corriendo de vuelta a casa, al convento. Era la fantástica aventura de muchos días, de chupetearnos en el chocolate derretido entre los dedos lo prohibido. Sin que yo supiera entonces por qué era tan fascinante, lo era. Brahmi sí sabía ya por qué. Era tres años mayor que yo. La excitación de Brahmi y el pánico de mamá cuando supo que iba por el chocolate con él, fueron los dos únicos signos expresos que tengo ensartados en el recuerdo de que chapoteaba de cuando en cuando en lo que estaba vedado. No sabía qué era lo vedado ni qué arriesgaba. Suponía que era por la guerra, que era lo normal; siempre había vivido así hasta entonces. Tú, vosotros, no.

El paseo al Cementerio Marino era seguro porque se iba por el canal mayor, justo por delante de la Kommandantur, lleno de gente que transitaba del estanque al puerto, o al propio Cementerio, y de vuelta. Paseábamos como personas normales, como todos esos demás que tampoco lo eran, pero que tenían que serlo a la vista de todos y, antes que nada, para demostrarlo, sin miedo aparente, con paso quedo por delante de la propia Kommandantur. Me queda de entonces la certeza de que las grandes ignominias se cuajan en silencios espesos y tumultuosos, llenos de buenas palabras, suaves. Una sola desencajada habría supuesto la rebelión.

Siempre te tuve agradecimiento porque ayudaste a Fonchard y porque, así, salvaste a Brahmi. De los demás niños judíos no era consciente, no me importaban. Siquiera reparaba en que él lo fuera. Tú lo llevaste a la consulta, como si fuera tu hijo, y por la trampilla de su despacho se lo hurtaste a la muerte premeditada, y a su madre también. La Resistencia los sacaba de Francia. Su familia no se salvó. Aquel día, de vuelta de los pasos quedos, la Gestapo había llegado al convento y se había llevado a las monjas, a los refugiados españoles, a los prófugos alemanes y a los judíos holandeses, su familia.

Con Brahmi fui mil veces al Cementerio, a revolotear entre las tumbas, ver el mar del lado abierto, los barcos zarpar. Del otro lado del canal, a la punta de los pescadores, para ver el estanque y los pesqueros entrar ya casi de noche. Brahmi fue mi vida de niña pequeña pervertida inconsciente, virginal me imaginaba en aquellos años hasta mucho después.

Y de adolescente, el recuerdo de los churretes de chocolate en mi mano eran el semen de Brahmi sobre ella, el deseo de que me fascinasen de nuevo, saltando entre tumbas de muertos mirando al mar, brincando entre lo turbio y lo prohibido sin ser consciente de ello, estragada de placer, el pene de Brahmi penetrándome, como los barcos que entran a puerto a descargar.

Bastó todo este tiempo saber que Brahmi se salvó. Engendré, también lo sabes, varios niños y uno, su trasunto, también tributo casual a los judíos asesinados, fue David. Ya no lo haría, no se llamaría así.

Empotrada hasta la desesperación por mi propia memoria, leo que hoy saben que Fonchard era culpable, que su trampilla cebaba la muerte seca y científica. Tú ayudaste a Fonchard a matar a Brahmi y, si desde ese día ya no existe, ¿cómo puedo ahora admitir mi vida de tantos años de puta madre fregona en mi patria que no lo era y que me fue forzado aceptar, humillada y ninguneada, paridora sin placer? Pensando siempre en que la fascinación de Brahmi podría volver a ser, ser estafada otra vez.

Padre, el recuerdo del Cementerio Marino tiene el mar borrado y sólo hay muertos, el estanque es una charca sucia y el chocolate derretido en la mano es el engrudo hiriente de un chulo sin alma, revientahembras siempre victorioso. Maldito seas, maldito Fonchard, malditos niños judíos, sin nombre y asesinados, que me fascinasteis, me engañasteis. La única verdad era la ternura lasciva del soldado alemán dándome chocolate. Debería haberlo amado a él, y hoy no tendría que arrepentirme de nada.



(Escrito por Dragut)

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19 julio 2007
sin fermines
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lacónico & verse

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[0] Editado por Mel ha desaparecido a las 9:06:00 | Todos los comentarios // Año IV
18 julio 2007
Nodos y enlaces en un mundo pequeño
Dicen que el planteamiento adecuado de un problema es prácticamente su solución. Pero hay ocasiones en las que un planteamiento es tan inteligente y elegante que no sólo aporta soluciones para el problema considerado, sino que también puede proporcionar herramientas para comprender otros problemas mucho más complejos en contextos realmente sorprendentes.

Consideremos por ejemplo el famoso problema de los puentes de Königsberg (Kaliningrado) y la elegantísima solución que aportó el genial matemático Leonhard Euler. La ciudad de Königsberg está dividida por las ramificaciones del río Pregel en cuatro partes, unidas entre sí por siete puentes. El problema a resolver era el siguiente: ¿Existe algún itinerario que, partiendo de algún punto de la ciudad, cruce todos los puentes sin pasar dos veces por el mismo puente? Euler entendió que las distancias eran irrelevantes en este problema y que sólo había que considerar cómo las cuatro zonas estaban conectadas entre sí por los puentes. Con esta idea, trazó un esquema simplificador de la ciudad: representó cada una de sus cuatro partes con un nodo, y los unió entre sí con enlaces reproduciendo el modo en que los puentes conectaban las distintas partes de la ciudad. De este modo, el problema resultaba equivalente a verificar si en la figura resultante, un grafo o una red, era posible encontrar un camino que, partiendo de uno de los nodos, recorriese todos los enlaces pasando una sola vez por cada uno de éstos. La simple figura dejaba ya a un solo paso de la solución al problema: no existe tal itinerario (una pista para dar el último paso: sólo puede haber un número muy limitado de nodos con un número impar de enlaces, ver la solución completa en (*)).

Pasemos a un contexto totalmente distinto. A finales de los años sesenta, un psicólogo norteamericano, Stanley Milgram, realizó un interesante experimento: envió a varias personas una carta que más o menos contenía el siguiente mensaje: “Si conoces a X envíale esta carta. Si no, reenvía una copia de esta carta a tres personas que conozcas”, donde X era una persona determinada (un norteamericano elegido al azar en cada experimento). Lo sorprendente es que siempre llegaban varias cartas a X, y lo más interesante es que resultó que el número medio de intermediarios que necesitaba una carta para llegar a X era aproximadamente 5.5. De estos resultados surge inevitablemente una idea muy sugerente, o quizás la confirmación de una sospecha que todos tenemos: aparentemente, los individuos que vivimos en grandes poblaciones estamos mucho más conectados entre nosotros de lo que cabría esperar.

A raíz de este resultado, proliferaron los modelos de sociedad que, usando redes donde cada nodo representa a una persona y donde los enlaces representan las relaciones entre éstas, pretendían explicar este fenómeno. En dichos modelos, el número medio de nodos que hay que atravesar para llegar de un nodo a otro (el camino medio), equivaldría al número medio de intermediarios que haría falta para hacer llegar un mensaje de una persona a otra elegida al azar. Pues bien, aunque hay varios modelos que reproducen la propiedad de cercanía detectada en el experimento de Milgram, como los que estudió el matemático Paul Ërdos, el modelo de los científicos Duncan Watts y Steven Strogatz es particularmente interesante. Su modelo captura dos características bastante habituales de las relaciones humanas: La primera es que las personas con las que estamos relacionados muy frecuentemente están relacionadas entre sí. La segunda es que, en ocasiones, el azar hace que establezcamos relaciones con personas totalmente ajenas a nuestro entorno. Pues bien, estos científicos diseñaron una sencilla red con ambas características y mostraron que son precisamente esos enlaces aleatorios, esos vínculos que surgen por azar, los responsables de que el camino medio entre dos nodos sea tan corto, es decir, son los responsables de esa proximidad entre individuos sin relación aparente que revelaba el experimento de Milgram. Por este motivo, dieron a su modelo el nombre de “red small world”. Así pues, gracias en parte a la genialidad simplificadora de Euler (aderezada con algunas gotas de talento contemporáneo), hoy entendemos algo mejor por qué nuestro vasto y complejo mundo es en el fondo tan pequeño.

(*) Solución: Para que exista ese itinerario hipotético, cada vez que pasamos por un nodo, si queremos salir de éste sin volver a pasar por el enlace por el que llegamos, necesitamos que de dicho nodo salga otro enlace. Por ello, para evitar pasar dos veces por el mismo enlace, un nodo con un número impar de enlaces debe ser el de salida o (y) el de llegada, con lo cual no puede haber más de dos nodos de este tipo en el grafo considerado. Sin embargo, en el grafo de la ciudad que Königsberg los cuatro nodos tienen un número impar de enlaces, haciendo ese itinerario hipotético imposible.

(Escrito por Jacobiano)

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17 julio 2007
El Mediterráneo: lugar de encuentro de culturas I
A finales de octubre de 1541 se celebra un consejo en el campamento imperial. Andrea Doria, el Duque de Alba y Hernán Cortés aconsejan al Emperador que abandone. Las tormentas han provocado la pérdida de gran parte de las provisiones y del tren de artillería de asedio, el sitio de Argel ha fracasado. Y con él, la política española en el Norte de África. Lo pagaríamos caro.

Durante los próximos trescientos años la costa de Berbería se convertirá en el dominio de los Reinos Piratas de Tripolitania, Argel y Túnez. En un principio, los beylerbeys berberiscos fueron instrumentos del Imperio Otomano en la lucha para dominar el Mediterráneo, combatiendo en operaciones militares con fines políticos como Almirantes de la Flota Turca. La batalla de Lepanto les aisló definitivamente del Imperio Otomano y desde 1587, se convirtieron en simples piratas.
En realidad, no eran simples piratas. No desdeñaban atacar el tráfico mercante del Mediterráneo pero su verdadero negocio era el tráfico de esclavos. Durante tres siglos atacaron las poblaciones costeras del Mediterráneo Cristiano para capturar esclavos. Se especializaron en secuestrar mujeres y niños. Todos con destino a los harenes, los niños, como eunucos. Se calcula que entre los siglos XVI y XVII los piratas berberiscos capturaron en Europa cerca de un millón y medio de esclavos. El negocio producía otro lucrativo subproducto: el rescate. Algunas de las personas capturadas resultaban ser personas notables o adineradas, que podían pagar un rescate. Y la existencia de órdenes religiosas como los mercedarios o los trinitarios redondeaba el asunto. Recaudan limosnas para rescatar a los prisioneros pobres. En Berbería, el esclavo es como el cerdo, todo se aprovecha.

Las víctimas de los piratas berberiscos son, en su mayoría, españolas e italianas. A pesar de la creación de un sistema de torres de vigilancia y milicias ciudadanas, la costa se despuebla ante la brutalidad de los ataques. Se sospecha que los moriscos residentes ayudan y guían a los piratas en tierra.Mientras tanto, las costas francesas están exentas de los ataques ya que desde 1536 el Rey Cristianísimo colabora activamente tanto con los turcos como con los piratas berberiscos. El propio Francisco I colma de regalos a Barbarroja con motivo del Ramadán. La colaboración franco-berberisca no cesa hasta que 1659 la derrota de España se sella con la Paz de los Pirineos. Aún así, la Marina Francesa se limita a bombardear algunos puertos de modo testimonial.

Inglaterra, que a estas alturas de la Historia ni sueña con “gobernar las olas”, se limita a aprovechar la situación contemplando satisfecha como los piratas berberiscos obligan a España a estirar aún más sus recursos navales. Las primeras expediciones de la Royal Navy contra los piratas berberiscos datan de mediados del siglo XVII y son poco más que exhibiciones de fuerza.

La llegada de renegados de toda Europa proporciona a los Beys la tecnología naval necesaria para expandirse por el Atlántico. Simón De Danser, un holandés dirige la sustitución de las galeras por galeones, En esta época, la mitad de los capitanes piratas eran de origen europeo. De este modo, los berberiscos alcanzan las Islas Británicas y llegan hasta Islandia.

Los países europeos, Francia y Gran Bretaña incluidas, decidieron por fin actuar de acuerdo al sentido común. Para evitar que en Argel vuelva a haber más de treinta mil cautivos, las potencias navales se rindieron, firmaron tratados y pagaron tributo a los Beys de la Costa Berberisca. Los tratados no impedían la piratería sólo garantizaban la vida de los cautivos hasta que se hubiera pagado el rescate. Esa fue la situación durante los siguientes ciento cincuenta años. Miguel de Cervantes hubiera muerto de nuevo.

(Escrito por Almirante Benbow)

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16 julio 2007
Indifenarius
El latín en la misa está suficientemente explicado en el diario e-enciclopédico. Sorprende las críticas. No sólo las recogidas en el artículo sino también las leídas en la prensa y e-prensa. Algunos ya ven llegar la bruja del norte pero es sólo el levantamiento de un veto. El Vaticano no ha anunciado aún que vaya a haber inmersión ligüística durante la primaria, ni que vaya a ser la lengua de uso normal en los seminarios ni que las emisiones de TelePace vayan a ser ahora en latín.

El latín es una lengua viva también en la tela totius terrae. Y si la vicipaedia se scribe en latín, por qué no también la missa. Ite.




Física recreativa

Be water, my friend.

My dear friend, you are equivocated (petit hommage a Les Luthiers). No es el agua sino un campo gravitatorio suficientemente intenso. Obsérvalo en todo su esplendor efímero. O durante una efímera eternidad.



Soy de ciencias mixtas


La confusión entre lo público y lo privado es legendaria. Ahora más cuando todo gobierno ibérico aspira a uno de los anhelos de la empresa privada: tener imagen corporativa. En mi pequeño universo llevo observando con detalle la empresa Junta de Andalucía SA (OE). Una imagen corporativa. Un logo único formado por un patético paraguas. Estética modelo Kodak, Coca Cola o Carrefour; pero mala.

Soy tradicional, qué más da, en la cosa pública prefiero los escudos propiamente formados, la heráldica, antes que modernos trazos que no van a ninguna parte: no todos los días nace Dalí. El blasón tradicional marca el carácter impuesto: si bien se elige entre Carrefour y Aux Champs, la Junta de Andalucía SA es omnipotente, omnipresente e insolayable. El trazo moderno relativiza la institución oficial ---de eso se trata---, la pone al nivel de parque infantil ---de eso se trata--- y al albur de la decisión de un consejo de administración ---sobre todo se trata de esto: hacer algo, aunque no tenga sentido---. Dejo otro paradigma: la patética imagen moderna del Congreso de los Diputados.

¿A cuénto de qué viene esto? Ya dije que vi nacer la empresa Junta de Andalucía SA. Ahora está naciendo la empresa Gobierno de España SA. Lo habrán oído en anuncios: los mensajes de tráfico son ya del Gobierno de España. La asistencia a mujeres maltratadas es ahora del Gobierno de España. He oído también que hay un concurso de ideas (¡¡de ideas!!) para dotar de una imagen común a la Administración Central del Estado. Imagen común, corporativa, moderna, plural o como quieran llamarlo. Con lo singularmente bello, armónico, plural e integrador que es el Escudo Nacional que sólo tiembla ante un nuevo/viejo estropicio. En resumen, todo lo que no se puede decir del Himno Nacional.

Quien más tiene que perder es el Gobierno. Si en el imaginario se enfrenta mensajes del Gobierno de España a los del un cualquiera de los diecisiete gobiernos de barataria, pronto o tarde quedarán al mismo nivel. Como en la Conferencia de Presidentes. Pronto o tarde, la perspectiva de que la pirámide se haga tronco no es inverosímil. Y si nihil novum sub sole, esto ya cogió una insolación.



Los modernos cacharritos de introversión personal son un peligro. Hace poco un rayo atravesó un iPod y su dueño salió chamuscado pero coleando. En Sevilla tenemos un problema Houston. Los quebraderos del tranvia centro. El tranvía circula casi íntegramente por zona peatonal. Caerá como el martirio de la gota de agua en medio de una avenida a ratos poblada y hoy silenciosa. Se abrirá camino emitiendo señales acústicas moderadas. La preocupación crece. Los sordos por naturaleza y accidente; pero viven avisados. Los sordos efímeros, sordos de vocación, unidos al mp3, iPod, teléfono or whatever. Sordos inconscientes. Oí decir que se prohibiría o se desaconsejaría pasear con música ensimismante por la avenida. Da igual; será un hecho: pasear con una iPod o hablar por el móvil en una zona peatonal será deporte de riesgo. Y vamos por la tercera modernización.

Correspondencias / poytq


Oigo gritar con fruicción: la Generalidad también es Estado. Toma, y tanto. Ahora gritemos todos, al unísono: el Estado también es Generalidad. Y quien tenga anfibologías en el bolsillo, que las saque.
Correspondencias / poytq


Dawkins, el varón que toma por fingidos los orgasmos. Dawkins en pleno acto y ella, vaporosa, que grita: 'O yes', 'my god', 'o my god'. Dawkins concentrado: the God delusion, again.

Correspondencias / poytq


durus pornus


(Escrito por qtyop)

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[0] Editado por Tsevanrabtan a las 8:30:00 | Todos los comentarios 555 comentarios // Año IV